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Premio Diario de Mallorca de Solidaridad

Felicidad Martínez, directora de la Congregación de Hermanas Oblatas en Palma: "Nuestra única finalidad es ofrecer dignidad y alternativas a las mujeres"

Capitanea la orden religiosa que ha ganado el Premio Solidaridad de Diario de Mallorca gracias a la labor de más de un siglo en la isla sobre todo a través de Casal Petit, donde se ofrece «refugio» a un colectivo en exclusión para «garantizar su autonomía»

Felicidad Martínez posa para esta entrevista en su principal centro de actuación.

Felicidad Martínez posa para esta entrevista en su principal centro de actuación. / Bernardo Arzayus

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Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

¿Qué significa para usted y para toda la congregación recibir este Premio Solidaridad de Diario de Mallorca, especialmente coincidiendo con el centenario de su llegada a la isla?

Para nosotras significa visibilizar y reconocer socialmente toda una trayectoria; un camino de un siglo realizado al lado de las mujeres, acompañándolas. El premio es una manera de que la sociedad sea consciente de que estas situaciones de exclusión existen a nivel social. Pero también sirve para mostrar que hay entidades que estamos ahí, a su lado, intentando abrirles posibilidades para que puedan decidir libremente sobre sus vidas.

¿Cómo ha evolucionado su forma de trabajar desde aquellos inicios en 1924 hasta el día de hoy?

Ha evolucionado muchísimo. En 1924 las mujeres llegaban buscando un lugar de acogida porque la sociedad las etiquetaba de forma muy estricta, incluso moralmente. Se hablaba de un cambio radical de vida bajo términos como arrepentimiento. Luego pasó a ser un centro tipo hogar para menores o jóvenes de familias vulnerables y el gran giro metodológico se dio en los años ochenta, cuando decidimos salir a la calle e ir directamente a las zonas de prostitución, como el antiguo barrio chino de Palma. Luego pasamos del trabajo a pie de calle a abrir en 2001 el Casal Petit, incorporando a profesionales. Hoy el desafío es la deslocalización en pisos, clubes e internet.

¿Por qué decidió la congregación poner el foco precisamente en este perfil de mujeres?

Fue obra de nuestra fundadora, Antonia de Oviedo. Ella era una educadora vinculada a la corte en el siglo XIX. Conoció a un obispo que, confesando en un hospital, detectó que muchas mujeres debían volver a la prostitución por no tener un lugar adonde ir. Ella se conmovió y abrió una primera casa de acogida en Ciempozuelos, en Madrid. Al principio se quedó sola porque quienes la ayudaban huyeron y ese contacto directo la transformó y la impulsó a fundar las Oblatas del Santísimo Redentor. Desde entonces, con nuestros más y nuestros menos, nuestra única finalidad ha sido atender a estas mujeres tradicionalmente rechazadas.

Casal Petit es el corazón de su actividad en Palma. ¿Qué proyectos e iniciativas llevan a cabo actualmente?

Llevamos entre diez y doce proyectos simultáneos bajo un modelo de atención integral. Cubrimos áreas sociales, psicológicas, socioeducativas, culturales y de orientación laboral. En inserción laboral los resultados son espectaculares, en los últimos años hemos logrado que más de treinta mujeres logren un empleo. Lo bueno es que una misma usuaria puede participar en seis proyectos a la vez, haciendo clases de castellano, catalán, informática, atención psicológica y derivación a pisos de acogida, por ejemplo. La clave no es una atención puntual, sino un proceso de vinculación y acompañamiento personalizado que puede durar entre seis meses y tres años. Atendemos a unas 500 mujeres al año con expediente.

El galardón es una manera de que socialmente se reconozca esta tarea y de que se visibilice que existen estas situaciones a nivel social

¿A qué dificultades se han enfrentado a lo largo de los años?

Al principio, la mayor barrera era el propio entorno. El barrio era un verdadero gueto. Cuando Palma se apagaba, allí no entraba nadie salvo los clientes. Las mujeres se sorprendían al vernos y nos preguntaban si no teníamos miedo. Fuimos la única institución que se acercaba a esa realidad en Mallorca durante años. A nivel institucional, costó abrir camino para el reconocimiento y apoyo económico, pero fuimos adaptando constantemente la metodología de intervención basándonos en nuestra propia experiencia directa.

Aunque en Mallorca tienen un núcleo de actuación muy importante, ¿dónde más extienden su red de apoyo y cómo se coordinan?

Las Oblatas estamos presentes en otras catorce ciudades de España. Funcionamos bajo la Provincia Europa, que engloba también dos proyectos en Italia y uno en Portugal, adaptándonos siempre a la realidad concreta de la prostitución en cada país. A nivel nacional, formamos parte de la red de trata junto a muchas otras entidades del sector, atendiendo de manera global a unas nueve o diez mil mujeres cada año.

Hoy en día, la prostitución está abandonando la calle para trasladarse a pisos privados y entornos digitales. ¿Cómo están afrontando las Oblatas este nuevo desafío?

La prostitución en la calle es ya un reducto residual de entre cuarenta y sesenta mujeres en Palma, un perfil que no desaparecerá por falta de alfabetización digital o adicciones, pero el grueso se ha trasladado a internet y a pisos privados por toda Mallorca. Gracias a los estudios que realizamos, hemos impulsado la Mesa para el Abordaje de la Prostitución en el Consell de Mallorca y gracias a ello ahora estamos abriendo nuestra intervención hacia la Part Forana, explorando los entornos digitales y detectando casos de trata en municipios como Alcúdia, Inca o Manacor.

¿Cómo les gustaría que fuera el futuro de las Oblatas dentro de otros cien años?

El futuro es incierto, pero si sigue existiendo esta situación de vulnerabilidad en las mujeres, lo que deseo es que el espíritu de las Oblatas tenga continuidad, ya sea a través de la congregación o de la estructura laica que la suceda. Oblata significa ofrenda, entrega de la vida. Te ofreces para acompañar. Mientras haya exclusión, se necesitarán personas que quieran estar al lado del vulnerable, porque verlas crecer y cambiar sus vidas es algo profundamente enriquecedor.

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