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Fauces Bistrot, el restaurante de Palma que regala bocadillos de queso a los más necesitados: «Solo con ver su sonrisa en la cara ya gano mucho»

Detrás de la iniciativa está Kely Willemen, una chef brasileña que apuesta por el producto local y rechaza el negocio de los excedentes

Kely Willemen y su sobrino Matheus posan a las puertas de Fauces Bistrot con las barras de pan listas para preparar los bocadillos solidarios.

Kely Willemen y su sobrino Matheus posan a las puertas de Fauces Bistrot con las barras de pan listas para preparar los bocadillos solidarios. / Nair Cuéllar

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Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

Un simple mensaje en la red social Instagram ha bastado para encender una luz de esperanza en el centro de Palma. «Si pasas por Fauces y no tienes ni trabajo ni dinero te regalamos un bocadillo de queso. Sabemos que las cosas van mal para muchos y queremos ayudarte un poco». Detrás de este texto directo, sin filtros ni pretensiones comerciales, se esconde la filosofía de Fauces Bistrot, un restaurante familiar de desayunos y menús diarios regentado por Kely Willemen. En una época donde la hostelería a menudo se mide en algoritmos y costes de explotación, este rincón palmesano ha decidido medir el éxito en sonrisas y dignidad.

La iniciativa no nace de una campaña de marketing, sino de la pura observación de la realidad a pie de calle. El verano avanza y, con él, las dificultades de muchas familias que no logran llegar a fin de mes debido a la escalada de los precios y los alquileres. Kely explica la situación de forma muy natural: «Hay mucha gente que pasa por aquí y viene a pedir comida. Siempre solemos tener queso y pan, nos suelen sobrar entre 20 y 30 barritas, y yo no quiero dinero, solo ayudar». En lugar de sumarse al circuito de las aplicaciones de excedentes para rascar unos pocos euros, Fauces, situado en la calle Joan Alcover 58, prefiere el trato directo: «Yo prefiero ayudar, no es regalar. Porque yo no estoy regalando; al revés, yo estoy ganando mucho. Solo con ver su sonrisa en la cara ya me lleno», manifiesta a este diario.

Cocina de mercado, raíz local y cero postureo

Fauces Bistrot se define por una cocina mediterránea, saludable y firmemente ligada al producto de proximidad. Aquí el desperdicio alimentario se combate con lógica y generosidad, adaptándose al cliente de toda la vida. «Evitamos tirar la comida, trabajamos mucho el producto local, lo máximo que podemos», señala la propietaria del negocio. Las familias del barrio conocen bien su funcionamiento; de hecho -reconoce- muchas acuden al cierre con sus propios recipientes para aprovechar los platos del día que no se han vendido.

El compromiso de este local con Palma va más allá de los fogones tradicionales, ya que busca rescatar sabores que la prisa urbana está arrinconando. «Intentamos traer cultura de pueblo. Como el granizado de almendra que se está perdiendo mucho en Palma». Además, el establecimiento defiende un ambiente sano, alejado del ocio de excesos: «Evitamos la cultura de la borrachera. Evitamos la publicidad de estos productos y, si es posible, ofrecemos siempre zumos, refrescos... para evitar el consumo de alcohol».

Si pasas por Fauces y no tienes ni trabajo ni dinero te regalamos un bocadillo de queso. Sabemos que las cosas van mal para muchos y queremos ayudarte un poco

Mensaje en su Instagram

De las ferias populares a las noches con música

A sus 50 años, Kely Willemen tiene como lema 'no parar'. De origen brasileño, llegó a Mallorca hace más de dos décadas y ha recorrido todo el escalafón de la hostelería, desde fregar platos hasta capitanear cocinas. Esa energía desbordante la lleva a estar presente en prácticamente todos los eventos populares de la isla: desde la Feria de la Sardina y TaPalma, hasta la Feria de las Islas Baleares, donde fusiona la esencia del llonguet palmesano con pinceladas atlánticas.

Ahora, con las noches de verano a la vuelta de la esquina, Fauces Bistrot amplía sus horizontes y sus horarios de jueves a sábado. La propuesta se reinventa mediante alianzas con otros profesionales del sector para ofrecer noches culturales diferentes. «Tenemos música en directo que hacemos con otras personas de hostelería que ahora no me están cobrando tanto. Que si con un friegaplatos de un hotel en el que trabajé, que si uno que canta; otra que es camarera, otro que toca... Y así nos ayudamos entre nosotros», relata con entusiasmo sobre este tejido de apoyo mutuo.

Una invitación a la comunidad

Fauces Bistrot demuestra que un restaurante puede ser algo más que un negocio; puede ser un punto de encuentro y un refugio. Mientras el día a día continúa entre cafés, menús caseros y preparativos para los eventos del fin de semana, el cartel invisible de la solidaridad sigue colgado en su puerta. Para los que tienen un mal momento, hay un bocadillo de queso esperando; para los que buscan comer bien, sano y a un precio justo, hay una mesa dispuesta a sorprenderles "con el mejor sabor local".

Kely posa en la barra de su restaurante, su centro de mando.

Kely posa en la barra de su restaurante, su centro de mando. / Nair Cuéllar

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