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Derechos humanos

Omar Lamin: «El pueblo saharaui no puede permanecer 50 años más así, hipotecando generaciones»

Omar Lamin, diputado saharaui del PSIB-PSOE, y Catalina Rosselló, titular de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, detallan la situación actual en el que persiste el reclamo por la autodeterminación en medio de la frustración, la convicción y la resistencia

Desfile por los 50 años de la RASD

Desfile por los 50 años de la RASD / O. L. y C. R.

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Juan Ignacio Orúe

Juan Ignacio Orúe

El cielo es una cúpula de estrellas en la noche de Tinduf (Argelia) donde los saharauis sobreviven en campamentos de refugiados por la ocupación marroquí tras la muerte de Franco. Allí, el 8 y 9 de abril pasado, un gran desfile civil y militar desplegado en la provincia de Auserd fue parte de la conmemoración del 50 aniversario de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que incluyó la celebración de bailes y conciertos.

Pero una mezcla de frustración e impotencia, conjugados con un sentimiento de solidaridad y resistencia, conviven y atraviesan la historia de este pueblo obligado a habitar en el exilio: una larga noche de medio siglo sobre kilómetros de desierto.

«Lucharemos hasta el final por nuestra libertad, nuestra historia y por nuestra dignidad que no se vende ni se compra, sino que se construye, se lucha y se reivindica. Reclamamos volver a un Sahara libre con la convicción de que todo pueblo merece una nación», dice Omar Lamin, diputado de origen saharaui del PSIB-PSOE. «Hemos sido muy pacientes porque tenemos la convicción de estar en lo correcto. Ahora bien: el pueblo saharaui no puede permanecer 50 años más así, hipotecando generaciones. Nadie debería estar condenado a vivir y morir en un desierto. La solución del conflicto tampoco puede ser bajo el paraguas de Marruecos», añade.

Lamin se refiere al proceso de referéndum estancado desde 1991 cuando el Consejo de la ONU declaró el alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario, representante legítimo del pueblo saharaui, que había empezado en 1975. La implantación de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental (MINURSO) prolonga la intervención sin definir un camino concreto hacia la autodeterminación. Así, garantiza y perpetúa un proceso de descolonización fallido, complejo y tenso con un muro de 2.500 kilómetros construido por Marruecos para dominar el territorio y explotar sus recursos naturales.

De este modo, parte de la población se refugia en Argelia y otra parte en los territorios ocupados por el régimen marroquí, donde son perseguidos y condenados a empleos precarios con la prohibición de hablar en hassanía, su lengua materna, un dialecto del árabe.

Vivir en el desierto

El diputado del PSIB-PSOE participó en la conmemoración del 50 aniversario, que encabezó el presidente Brahim Gali. Nacido en la provincia El Aaiún, Lamin pasó su infancia en los campamentos de refugiados. Recuerda aquellos años con alegría y gratitud. «A lo mejor no me podía duchar cada día, iba descalzo, a lo mejor tenía que ir varios días con la misma ropa y comer tres días seguidos lo mismo. Tenía algo muy importante: el cariño de mi gente».

El presidente de la RASD, Brahim Gali, y Catalina Roselló.

El presidente de la RASD, Brahim Gali, y Catalina Roselló. / O. L. y C. R.

Pese al paso del tiempo, la vida en los campamentos aún se mantiene hospitalaria y generosa con una población de 173.600 personas, según el último censo de 2017, sin sumar la diáspora y los territorios ocupados. Lamin cuenta que los niños viven en la calle, se despiertan alrededor de las siete de la mañana y a las nueve de la noche se duermen tras jugar a lo largo del día. Resalta que todos están escolarizados y que pueden continuar su formación en Latinoamérica, España o Argelia, incluso muchos saharauis estudiaron la universidad en Cuba.

Explica que la presencia amorosa de los abuelos es fundamental para cultivar valores solidarios en los niños y destaca el rol de la mujer, capaz de desarrollar y construir la estructura administrativa y política. Mientras los hombres luchaban en la guerra, ellas montaban escuelas y garantizaban al menos dos comidas diarias. Las mujeres saharauis son las que economizan y reparten el alimento en medio de una adversidad mayor por la escasez de la ayuda humanitaria, vital para la supervivencia en el desierto.

«Para los jóvenes, la situación es cada vez más dura. La expectativa de desarrollar un proyecto de vida se hace difícil porque allí prácticamente no crece nada, nacen seres humanos condenados a la frustración y a la desesperación, pero aun así cada saharaui sigue luchando. Tienen días difíciles y cada vez emigran más. Es muy preocupante», advierte Lamin. Y, como ejemplo, ofrece un caso cercano. «Mi hermano cocina y gana 50 euros al mes con cuatro hijos cuando el precio de la lata de atún vale 3 euros en pequeñas tiendas. Es decir: la dureza, quebranta. He visto personas muy frustradas, pero después dan el paso porque hay una convicción».

Resistencia y moral alta

También participó del 50 aniversario la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Balears, que preside Catalina Rosselló desde mayo de 1987. La asociación tiene un objetivo político, abocado en conseguir apoyos para que los saharauis regresen a su tierra a través del referéndum y, humanitario, enfocado en proyectos de ocio y salud para niños, y en organizar viajes a los campamentos, además de charlas y conferencias sobre la difusión de la causa saharaui. «Nuestra asociación nació a raíz de un viaje que hicimos en abril de 1987 un grupo de mallorquines, menorquines e ibicencos. Allí convivimos. Aún estaba en guerra el Frente Polisario con Marruecos. Volvimos y formamos la asociación. El primer proyecto fue ‘Vacaciones en Paz’. Al principio vinieron 15 niños, el segundo año vinieron 30 a un albergue de juventud y después incorporamos a las familias. Hubo veranos que vinieron 200 niños», recuerda Rosselló. «Es un pueblo que nos enamoró a todos. En nuestros primeros viajes, compartíamos la cultura porque eran españoles, cantaban las mismas canciones que cantábamos nosotros en el colegio. Nos pidieron que sacáramos a los niños en verano, porque la temperatura supera los 50 grados, y difundir la causa. Nos contaron sus experiencias tremendas manteniendo siempre la esperanza de volver, que persiste con mucha fortaleza y una moral alta, como nos expresó el presidente Gali», destaca.

Lamin fue uno de los niños que visitó Mallorca en el verano de 1997 con este programa humanitario del que participó varias veces. Recuerda que Leila, su madre biológica, le dijo la primera vez: «Sube a ese camión». Sus padres de acogida, Simó Montaner y Catalina Marimon, son de Santa Margalida, donde él aún vive junto a su hijo, nacido en Mallorca, y su pareja. «Me gustaría que con Naïm pudiéramos volver a un Sahara libre porque eso significa que se ha hecho justicia con un pueblo justo y pacífico. No nos dieron elección, nos mandaron al exilio y a nuestros padres y abuelos a la guerra, a morir, a ser torturados», resalta Lamin. Sobre el vínculo que entabla su hijo con el Sahara, destaca que le llaman la atención los camellos, la inmensidad del desierto, las estrellas, la ropa colorida de las mujeres. «Cuando era más pequeño se asustaba, porque las personas en el desierto van muy tapadas», dice riendo.

El pequeño Naïm, en el Sahara, con sus abuelas, Catalina y Leila.

El pequeño Naïm, en el Sahara, con sus abuelas, Catalina y Leila. / O. L. y C. R.

Con Rosselló coinciden en que la escasez de la ayuda humanitaria se profundizó con Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos, que dinamitó el consenso alcanzado tras la Segunda Guerra Mundial con fuertes recortes en organismos de las Naciones Unidas. «El presidente Gali ha hecho un llamamiento a colaborar. Los jóvenes de 18 años no tienen futuro. Muchos salen en pateras. El movimiento solidario y nuestra asociación siempre trabaja según las necesidades de la Media Luna Roja Saharaui y el Frente Polisario. Nunca por nuestra cuenta vamos a un colegio o a un hospital. Lo digo porque hay personas que con su buenismo van y quieren hacer un proyecto. No funciona así. Cuando enviamos dinero lo hacemos a través de ellos», explica Rosselló. En concreto, la Media Luna Roja Saharaui es la principal organización humanitaria no gubernamental. Distribuye alimentos y medicamentos, y da respuesta ante crisis humanitarias, entre otras tareas.

Apatridia y regularización

El proceso de descolonización inacabado también afecta a los saharauis en el marco de la masiva regularización extraordinaria en España. En este sentido, se encuentran en un limbo legal porque el Gobierno excluyó a los solicitantes de apatridia, vía demandada por los saharauis al no ser reconocidos como ciudadanos de ningún país.

El trámite puede tardar más de dos años, periodo en el que los solicitantes no pueden desarrollar su vida con normalidad, sumidos en la incertidumbre constante. La situación desemboca en un bloqueo administrativo. Solo cuando consiguen el estatus de apátridas, obtienen el derecho de residir y trabajar. Lo cierto es que los apátridas estaban incluidos en el Real Decreto de abril pasado, pero el Consejo de Estado pidió retirar esa mención al recordar que el ordenamiento jurídico español contiene una regulación específica para esta solicitud.

Rosselló explica que «España sigue siendo potencia administradora y quiera o no quiera, según el derecho internacional, tiene un deber jurídico, político y moral con los saharauis. Lo que se pretende es que los solicitantes de la apatridia también puedan solicitar la regularización masiva sin perder el trámite de apatridia o que se les consiga rápidamente la apatridia porque están irregulares».

Por su parte, Lamin sostiene que el «proceso de regularización de los saharauis no procede porque tienen un estatus propio igual que los palestinos. Intentamos que los saharauis accedan a su condición de apátridas, pero con garantías. Esto es agilizando procedimientos y llegando a una normalización para esos expedientes. Reivindicando que la respuesta a los saharauis pasa sin ninguna duda por reconocerles el estatus de apátridas».

Además, enfatiza: «Me gustaría que, a los saharauis, como a cualquier persona migrante que tuviera que estar con la necesidad de migrar a España o cualquier otro país, se les pueda atender con la máxima agilidad o celeridad y que se respeten sus derechos».

En la misma línea, destaca que se siente «superafortunado» de haber nacido por azar en medio del desierto. «Eso me dio una mochila y una fortuna de valorar las cosas por lo que son. Tener pocas cosas o tener casi nada te ayuda a darle valor a lo importante, y lo importante es tener un papel, saber quién eres, y a los saharauis lo primero que hay que reconocerles es saber quiénes somos. A nosotros, durante 50 años, el régimen marroquí nos quiso borrar nuestra identidad. No lo han logrado. Si por algo destaca la causa saharaui es, precisamente, por esa justicia, porque los saharauis somos gente que lucharemos hasta el final por nuestra libertad».

Omar Lamin en la isla con el expresidente Antich, Carme Barceló, Mateu Gallardo y una nila saharaui.

Omar Lamin en la isla con el expresidente Antich, Carme Barceló, Mateu Gallardo y una nila saharaui. / O. L. y C. R.

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