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Clara Martínez-Toledano, economista: "El modelo turístico balear exacerba la crisis de la vivienda al desviarse el capital hacia el ladrillo"

(Madrid, 1990) Es una de las voces más autorizadas para hablar de desigualdad a nivel internacional. Doctora por la Escuela de Economía de París y colaboradora habitual de Thomas Piketty, la experta ha visitado Palma para ofrecer dos conferencias en la Fundació Gabriel Alomar y el Cercle d’Economia de Mallorca

La economista Clara Martínez-Toledano posa para esta entrevista.

La economista Clara Martínez-Toledano posa para esta entrevista. / Guillem Bosch

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Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

Thomas Piketty, economista con el que tranaja, demostró que el capital crece más rápido que la economía real. Tras años coordinando los datos del 'World Inequality Lab', ¿la brecha entre los superricos y el resto de la población se sigue ensanchando al mismo ritmo o se ha acelerado?

Desde la pandemia del Covid-19, la brecha entre los milmillonarios y el resto de la población se ha ensanchado notablemente. Esto se debe, en gran medida, al incremento del valor de los activos financieros, de las acciones y del valor de las empresas, principalmente las del sector tecnológico y de inteligencia artificial.

Ha documentado la evolución de la desigualdad por territorios. ¿Cuál es la mayor anomalía geográfica que ha encontrado donde las teorías tradicionales fallan?

Una de las anomalías más interesantes es la diferencia entre el nivel de riqueza media de las Islas Canarias y las Islas Baleares. Ambas son regiones muy desiguales en cuanto a la distribución de su riqueza interna, pero mientras Baleares está a la cabeza en riqueza media en España, solo por detrás de Madrid, Canarias se sitúa en la parte más baja del ranking. Es anómalo porque comparten un modelo productivo muy parecido, centrado en el turismo.

¿A qué se debe?

La explicación radica en que el total de ganancias que genera el sector turístico es más alto en Baleares, quizás por un turismo de diferente condición social, lo que genera rentas distintas y una mayor capacidad de ahorro y acumulación de patrimonio que en Canarias. Sin embargo, la forma en que se distribuyen esas ganancias entre los diferentes grupos de población es idéntica.

El peso de la herencia y del código postal es hoy mucho más decisivo que hace 30 años

Los conflictos geopolíticos actuales se están colando en el bolsillo del ciudadano, disparando hipotecas, carburantes y la cesta de la compra. ¿Esta pérdida de poder adquisitivo es un bache temporal o seguiremos atrapados en esta senda inflacionista?

Hemos acumulado un conjunto de shocks encadenados. No parece que la situación se vaya a estabilizar a corto plazo; seguimos viendo el auge de movimientos autoritarios y una gran inestabilidad política global. Si esto se mantiene, mi predicción es que la pérdida de poder adquisitivo se va a prolongar en el tiempo. A esto se le suma la crisis de accesibilidad a bienes de primera necesidad como la vivienda, en particular para los jóvenes. No se va a resolver de inmediato si no se toman medidas muy radicales a corto plazo.

¿Son Balears y su modelo económico insular el reflejo de hacia dónde se dirige el resto de Europa si no se frena la crisis habitacional?

Baleares es un ejemplo extremo de una problemática que ya sufren la mayoría de las grandes ciudades europeas. En el caso balear, el fenómeno se exacerba por el sector turístico. Hay una enorme demanda de vivienda como inversión o alquiler vacacional que permite a los propietarios obtener grandes retornos. Esto desvía gran parte del capital hacia el sector inmobiliario, tensionando los precios al alza y convirtiendo la vivienda en un activo financiero hiperatractivo.

Para las clases medias y los jóvenes, la vivienda ya no es un mecanismo de ahorro, sino una barrera de exclusión. ¿Es el mercado inmobiliario el principal motor de desigualdad de la riqueza en el siglo XXI?

Yo no diría eso. La desigualdad es un fenómeno multidimensional. Es indudable que la vivienda es el factor determinante si nos enfocamos en la brecha generacional. Sin embargo, si miramos la brecha general entre ricos y pobres, independientemente de la edad, el motor principal son los activos financieros. Hablamos de fondos de inversión o el acceso a mercados privados de capital a los que las clases más desfavorecidas no pueden acceder, y cuyos retornos generan una riqueza masiva en la parte alta de la distribución.

¿Qué pesa más hoy para acumular riqueza, el esfuerzo salarial y el talento, o la herencia y el código postal?

No puedo dar un porcentaje exacto, pero lo que la evidencia nos muestra es que el peso de la herencia y del código postal han cobrado una importancia muchísimo mayor hoy de la que tenía hace 20 o 30 años. Las ganancias de capital derivadas de los activos financieros y de la vivienda han enriquecido mucho a quienes ya tenían patrimonio. El código postal, además, sigue determinando tu nivel de renta futura, la educación de tus padres y tus oportunidades. El esfuerzo cuenta, pero el punto de partida es cada vez más decisivo.

El aumento de la desigualdad económica está debilitando nuestras democracias

El debate sobre los impuestos a las grandes fortunas siempre choca con la amenaza de la fuga de capitales. Con los datos en la mano, ¿esta fuga es un riesgo real o un mito?

Los estudios empíricos disponibles nos muestran que la respuesta de comportamiento de los ultrarricos ante este tipo de impuestos no es muy fuerte; la fuga de capitales no es masiva. Eso no quita que, si un país lo aplica de forma aislada, pueda existir cierto movimiento. Por eso la clave está en propuestas como la de Gabriel Zucman, un impuesto global coordinado.

¿Hasta qué punto la polarización actual y el auge de los populismos son una consecuencia directa de esta desigualdad financiera?

Existe un vínculo directo. Los sectores más vulnerables de la población no se sienten representados por los partidos tradicionales. Están desmotivados y, o bien dejan de votar, o bien se nutren del discurso antiinmigración y de extrema derecha que vemos tanto en España como en los países de nuestro entorno. Esta desigualdad económica está debilitando profundamente nuestras democracias.

Si tuviera el poder de diseñar una única política pública global para redistribuir la riqueza de forma eficiente, ¿cuál sería?

Impondría un impuesto global a los milmillonarios. Al ser global, neutralizarías por completo la fuga de capitales porque la tasa sería la misma en cualquier rincón del mundo. Ese dinero se recaudaría exclusivamente de la punta de la pirámide y se destinaría de forma directa a mejorar las condiciones de la base de la distribución, invirtiendo en servicios públicos, sanidad, educación y en combatir el cambio climático.

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