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«Nos llaman la plaga»: por qué algunos cicloturistas empiezan a estar saturados de Mallorca

La primavera en Mallorca significa temporada alta para el cicloturismo. Este deporte está en pleno auge, hasta el punto de que los propios ciclistas empiezan a quejarse de las aglomeraciones

Ciclistas y residentes el miércoles por la mañana en Bunyola.

Redacción digital

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Ralf Petzold

La primavera en Mallorca es sinónimo de temporada alta para los cicloturistas. Este deporte vive un auge tan intenso que incluso los propios ciclistas empiezan a quejarse de la masificación. Sin embargo, no quieren hablar abiertamente de los problemas para no perjudicarse a sí mismos ni dañar la imagen de su colectivo.

La Serra de Tramuntana recuerda cada vez más en primavera a una estación de esquí popular en pleno invierno. En el valle y en la cima se acumulan las multitudes. En las laderas, el avance es lento cuesta arriba y vertiginoso cuesta abajo. Durante mucho tiempo Mallorca fue considerada un paraíso para los amantes del ciclismo, pero esa imagen empieza a resquebrajarse. Ya no se quejan solo conductores de coches y autobuses, sino también los propios ciclistas. Se oye, por ejemplo, que demasiados principiantes se arrastran montaña arriba en grandes grupos y provocan atascos.

Es un asunto delicado. Mallorca Zeitung, periódico del mismo grupo editor que Diario de Mallorca, contactó con ciclistas que, aunque expresan sin tapujos su malestar, no quieren aparecer con nombres y apellidos. Probablemente pesa demasiado el temor a desprestigiar su propio entorno. Sobre todo porque cada ciclista forma parte de esa masa que en primavera rueda por la isla.

Los puntos críticos están saturados

«La plaga nos llaman», dice Marcel Wüst. El exprofesional, que hoy ofrece rutas en bicicleta por Mallorca, rechaza la imagen de saturación. «Quien se indigna por la cantidad de ciclistas seguramente también se sorprende de que en Nochevieja la plaza de Times Square, en Nueva York, esté llena», afirma este vecino de Colonia.

La comparación resulta acertada, sobre todo si se observan los puntos más sensibles de la Tramuntana. La gasolinera situada en el camino hacia el monasterio de Lluc, en el Coll de sa Bataia, se ve desbordada a diario por ciclistas. Se detienen, hacen una pausa, se toman un café y comen pastel en la acera. Los puntos de encuentro del sector, como el Cycling Planet del exprofesional David Muntaner o Sa Ruta Verda, en Caimari, presentan una imagen similar.

Beneficiados por la masificación

Los propietarios de estos establecimientos, como es natural, no tienen problemas con la afluencia. «Los ciclistas están contentos», opina Muntaner. «El problema juega a mi favor», dice Javier Ruiz Mateos, responsable de Sa Ruta Verda. Rechaza cualquier crítica al turismo ciclista. «No pienso decir ni una mala palabra de los turistas». Carriles bici en la Tramuntana estarían bien, reconoce, pero antes podría reducirse el número de coches. «Y si, además, todos los ciclistas respetaran las normas, no habría ningún problema».

En las redes sociales, sin embargo, se multiplican las quejas y los vídeos. Ciclistas que circulan por el mercado de Can Picafort entre los peatones. Ciclistas que, en bajadas por carreteras de curvas, adelantan a autobuses en tramos sinuosos dejando apenas unos centímetros de distancia. Ciclistas que llenan plazas de pueblos y callejuelas y entorpecen el tráfico. Ciclistas que, por algún motivo, cuelgan cáscaras de plátano en vallas metálicas o afean las señales de los puertos de montaña con sus pegatinas. Ciclistas que tiran sin miramientos a la carretera los envases vacíos de geles energéticos en lugar de depositarlos en la siguiente papelera. Ciclistas que se alivian juntos en el arcén.

El auge tras la pandemia

Ya había quejas antes del coronavirus. En más de una ocasión se ha descrito la isla como un velódromo. Pero desde la pandemia el ciclismo vive un auténtico boom. No solo en Mallorca, sino en todo el mundo. Cada vez más principiantes se suben al sillín de una bicicleta de carretera. «En la Mallorca 312 veo a gente que lleva uno o dos años pedaleando, pero se comporta como si hubiera inventado el ciclismo de carretera», afirma Wüst. El palo selfi forma ya parte del equipamiento básico, junto al bidón. Todo el mundo quiere una foto de su ruta por la montaña para presumir ante sus amigos.

«Si Mallorca fue alguna vez un secreto bien guardado, esos tiempos han quedado muy atrás», dice una influencer ciclista que en TikTok aparece con el nombre de “henricyclinginparadise”. La cantidad de maletas para bicicletas que los turistas arrastran por el aeropuerto de Palma es increíble, asegura. Y las rutas ciclistas clásicas están irremediablemente saturadas. «¿Habrá que buscarse ahora otra isla?», se pregunta la joven.

Alternativas lejos de las rutas clásicas

Marcel Wüst sostiene que en Mallorca todavía hay recorridos en los que se puede pedalear con tranquilidad. No siempre tiene que ser la Serra de Tramuntana. «Especialmente en el sureste, normalmente no me cruzo con un alma», afirma el exprofesional. Compara el debate con las discusiones en torno a la llamada cala de Instagram, Caló des Moro. «Si quiero ir allí en pleno verano, tengo que contar con que habrá atasco».

En cuanto al ciclismo, señala que la carretera de curvas del Torrent de sa Calobra también puede recorrerse perfectamente en otoño o en invierno. «No solo es espectacular en primavera». Además, recomienda madrugar. Una ruta al amanecer, a las seis de la mañana, por el Cap de Formentor es una maravilla. Durante su etapa en activo, recuerda, solía salir a entrenar por París a las cinco de la mañana para poder rodar por calles vacías.

El 14 veces ganador de etapa no cree que la reputación de Mallorca como isla ciclista se resienta. «Bastan tres o cuatro ovejas negras para dañar la imagen de este deporte. Pero, al final, todos los cicloturistas vuelven una y otra vez». La infraestructura de la isla, sostiene, es sencillamente ideal. «Mallorca nunca dejará de ser un destino ciclista. La isla es claramente la número uno», concluye Wüst.

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