Cómo hablar de salud mental en las aulas de FP de Mallorca: "Sabíamos que era importante, pero no le dábamos importancia"
El programa ‘Flip-Up’, impulsado por el Consell de Mallorca y 3 Salut Mental, entra en los centros educativos de formación profesional para enseñar a los jóvenes a gestionar emociones, hablar sin miedo y construir relaciones más sanas dentro y fuera de clase

Aitana Cortéz, Eric Febrer y Ángel Mascaró, alumnos de Totheducatiu, junto a Aina Neill, de marrón, técnica que impartió los talleres en el centro. / DM
Redacción
Hablar de salud mental ya no es algo inusual entre los jóvenes. Está en las redes sociales, en las conversaciones cotidianas, en canciones, series o podcasts. Las palabras ansiedad, autoestima o depresión forman parte del vocabulario de una generación que ha crecido mucho más familiarizada con el malestar emocional que las anteriores. Sin embargo, esa aparente normalización no siempre se traduce en conversaciones reales. Se habla de salud mental, sí, pero no necesariamente de la propia. Todavía cuesta verbalizar inseguridades, explicar qué preocupa o reconocer que algo duele.
Ese silencio aparece muchas veces en las aulas. También en los grupos de amigos. Los jóvenes saben que la salud mental es importante, pero no siempre encuentran espacios donde poder hablar sin miedo al juicio, a la burla o a sentirse señalados. Precisamente para abrir ese espacio nació 'Flip-Up, dale una vuelta a tus emociones', un programa impulsado por el Consell de Mallorca junto a la entidad 3 Salut Mental y dirigido a alumnado de Formación Profesional Básica de entre 14 y 17 años.
La iniciativa, desarrollada este curso en 29 centros educativos de Mallorca, propone seis talleres gratuitos centrados en educación emocional, autoestima, comunicación y gestión de conflictos. El objetivo no es convertir las aulas en consultas psicológicas, sino ofrecer herramientas para que los jóvenes aprendan a entender qué sienten, cómo expresarlo y cómo relacionarse mejor consigo mismos y con los demás.
"Nos fuimos abriendo más"
Eric Febrer tiene 17 años y estudia FP de Acceso y Conservación de Instalaciones Deportivas en el centro Totheducatiu. Antes de participar en Flip-Up, reconoce que apenas hablaba de salud mental con sus amigos. "Con mi familia sí, cuando estamos bien o mal solemos hablar más las cosas", explica. Con sus compañeros, en cambio, había temas que simplemente no salían.
Al principio pensó que sería "otro taller más". Pero la dinámica cambió rápido. "Fuimos cogiendo confianza y nos fuimos abriendo más. Al final hablábamos delante de compañeros de cosas que antes no nos atrevíamos a decir", cuenta. Uno de los aspectos que más le marcó fue aprender a gestionar los conflictos y las emociones: "Había veces que cuando nos enfadábamos decíamos cosas que no teníamos que decir. Hemos aprendido a pensar más antes de hablar para no hacernos daño a nosotros ni a los demás". Febrer cree incluso que haber recibido este tipo de formación antes le habría evitado muchos problemas. "Si hubiera hecho estos talleres de más pequeño me hubiese evitado situaciones complicadas", admite.
Ángel Mascaró, de 16 años y compañero y amigo de Febrer en el mismo ciclo formativo, coincide en que antes del programa tampoco hablaba de salud mental con sus amistades. "Sabíamos que era importante, pero no le dábamos la importancia que merecía", resume. En su caso, el principal cambio fue aprender a gestionar mejor las emociones y la forma de relacionarse con los demás: "Ahora sé que si me enfado con alguien tengo que explicárselo tranquilo".

Tras seis charlas, podía verse a simple vista la complicidad que se generó entre Cortés y Niell. / DM
Mascaró también destaca que las dinámicas les hicieron replantearse ciertas relaciones personales: "Nos ha hecho preguntarnos si queremos estar en ciertos círculos de amistades o no". Y añade otra idea que considera fundamental: aprender a mirar más allá de la primera impresión. "Hemos aprendido que antes de juzgar a alguien hay que pensar qué puede haber detrás".
En los talleres impartidos en Totheducatiu también ha participado Aitana Cortés, de 17 años y estudiante de FP de Cocina y Restauración. Una de las dinámicas que más recuerda consistía en analizar frases aparentemente normales para descubrir qué podían esconder detrás: "A simple vista parecían frases que no estaban mal, pero cuando ella te explicaba lo que había detrás te dabas cuenta de cómo podían afectar".
Una relación de confianza
Buena parte de ese vínculo tiene que ver con la figura de Aina Niell, una de las técnicas encargadas de impartir los talleres en Totheducatiu. Ella misma explica que el hecho de que sea siempre la misma persona quien acompaña al grupo durante las seis sesiones es clave para generar confianza. "Si cada día hubiera una persona diferente no sería lo mismo", señala.
Niell reconoce que una parte importante de su trabajo consiste en acercarse a los jóvenes desde la horizontalidad y la cercanía: "Intento hablarles con un lenguaje próximo y explicar también vivencias personales para que entiendan que todos hemos sido jóvenes y todos hemos pasado por situaciones difíciles". Ese intercambio de experiencias, asegura, facilita que el alumnado se abra. "Les explico cosas con las que se puedan sentir identificados y así ven que pueden hablar de ello".
La técnica adapta también el ritmo y la profundidad de los talleres en función de cada grupo. "El primer día observo mucho cómo es el alumnado y después voy viendo por dónde tirar", señala, aunque no todos reaccionan igual. Hay grupos más introvertidos y otros donde el miedo al juicio pesa más. Aun así, dice, el cambio suele llegar: "A veces pienso que un grupo no se ha sentido cómodo y al final del último taller me están pidiendo que vuelva".
Niell percibe que las sesiones ayudan a que los jóvenes salgan "más abiertos", con más capacidad para explicarse y también con más vínculo hacia el profesorado. Además, recuerda que muchos alumnos de FP Básica arrastran trayectorias personales complicadas. "Hay estudiantes que están aquí porque han tenido malestar emocional o situaciones difíciles en casa. Cuando estás mal emocionalmente es complicado seguir unos estudios", señala.
Un espacio donde poder hablar
El coordinador de 'Flip-Up', Óscar Ramírez, explica que toda la estructura está diseñada para que las emociones aparezcan de manera natural. "Los talleres están planteados para ir tirando del hilo y que las cosas vayan saliendo", señala. El programa propone un recorrido emocional que trabaja aspectos como el autoconocimiento, la autorregulación, la resiliencia o la comunicación asertiva. Pero, según insiste Ramírez, la clave está en generar un espacio seguro.
"No intentamos cambiar a los jóvenes. Lo que queremos es crear un espacio donde puedan decidir cómo reaccionar ante las situaciones", explica. Las actividades son sencillas, pero buscan obligar al alumnado a detenerse y pensar. "Les hacemos conectar con lo que tienen en la cabeza y en el corazón". Ramírez destaca también la importancia de intervenir directamente dentro de los centros educativos: "Vamos donde los jóvenes pasan gran parte de su tiempo, que es el aula".
La apuesta por la FP Básica no es casual: "Es uno de los ámbitos más vulnerables dentro del sistema educativo. Hay alumnado que viene de experiencias de fracaso escolar o que no ha tenido herramientas emocionales suficientes". Hasta ahora, el programa ha llegado a unos 3.600 alumnos y la valoración media de los talleres alcanza el 4,3 sobre 5.

Toni Fuster, conseller de Presidencia, y Óscar Ramírez, coordiador del proyecto, con los alumnos y la técnica. / DM
El conseller de Presidencia del Consell de Mallorca, Antoni Fuster, explica que el programa surgió después de detectar que la salud mental juvenil era un ámbito poco trabajado desde las instituciones. "Al principio impulsamos charlas dirigidas a personas que trabajaban con jóvenes, pero vimos que teníamos que dar un paso más e ir directamente a ellos", afirma.
Así nació Flip-Up, planteado inicialmente como una prueba piloto durante este curso. La respuesta, asegura, ha sido suficientemente positiva como para garantizar su continuidad. "Ha ido tan bien que renovaremos el programa el año que viene", señala. Fuster considera, además, que este tipo de iniciativas deberían consolidarse dentro de la formación educativa: "La administración tendría que estudiar incorporar programas así dentro de la FP".
Mientras tanto, en las aulas donde ya se ha desarrollado el proyecto, los cambios empiezan a notarse en pequeños gestos cotidianos: jóvenes que se atreven a preguntar en clase, compañeros que hablan más entre ellos o alumnos que descubren que expresar lo que sienten no tiene por qué convertirse en motivo de burla.
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