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El fiscal Pedro Horrach puso en su sitio a Florentino en un interrogatorio

Florentino saluda a Juan Carlos I en Puerto Portals desde el ‘Pitina’ en julio de 2004 y en compañía de su esposa, tras haber marcado el número del monarca que respondió de inmediato desde el ‘Fortuna’. / Lorenzo
Salvo mejor opinión, soy el autor de la frase rendida ante un dirigente del Real Madrid en su yate:
-Eres el único presidente que reconocemos.
El destinatario no era Florentino Pérez a bordo del Pitina, sino Ramón Mendoza en la goleta América, a quien daba gusto rendirle pleitesía a bordo y que odiaba al As como su sucesor al ABC. Sin embargo, tuve la oportunidad de efectuar una de las entrevistas inaugurales al actual presidente blanco, en compañía de un Antonio Ruiz que también me supera en madridismo.
Las instrucciones eran claras, ni una pregunta sobre fútbol, así que mi primera cuestión criticó el rendimiento todavía irregular de Zidane. El presidente blanco no se escabulló, y de hecho solo le interesaba hablar de la plantilla, enjuiciar las tácticas y el entorno. Puedo presumir de haber conocido treinta años atrás al Florentino desquiciado del pasado martes. En el off, y sin mediar provocación, nos soltó:
-¿Qué se creía José María García, que yo iba a ser como los otros y permitir que me dictara las normas?
En efecto, las mismas palabras que esta semana, idéntica furia. Finalizada la entrevista, Florentino se fundió con peñistas del Madrid en Mallorca, y solo les hablaba de las posiciones erróneas o ajustadas de los jugadores sobre el césped. Por fuerza deben asombrarme quienes hoy descubren su control absoluto de fichajes, vestuario y banquillo.
Tengo el teléfono privado de Florentino, salvo que lo haya cambiado (empieza por 64). Es el mismo aparato que en julio de 2004 marcó en la proa del Pitina atracado en Puerto Portals, un gesto que fue seguido en la proximidades con Juan Carlos I palpándose las vestiduras en el Fortuna hasta encontrar su móvil, descolgar y localizar a su interlocutor, saludándose ambos delante de la cámara infalible de Lorenzo. Una exhibición de poder, a falta de determinar cuál de los dos personajes aventajaba al otro en importancia. Las interacciones con Mallorca se multiplicaron, el presidente blanco siempre ha mordido más de lo que podía masticar, y desde sus principios se presentaba como el propietario antes que el máximo ejecutivo de ACS. La invasión de competencias de los accionistas supremos era tan flagrante que los siempre discretos hermanos March no pudieron reprimirse, y constataron la realidad:
-Pero si es nuestro empleado.
Florentino desplegó la máxima exhibición de poder de la historia de Mallorca que todavía rentabiliza, al adjudicarse Son Espases por encima del predeterminado Villar Mir, por supuesto que con el arbitraje de Jaume Matas. He estado reunido durante horas con los dirigentes de OHL, alguno de ellos acabaría imputado, mientras blasfemaban contra los métodos de ACS y me garantizaban que le plantarían una querella penal, la primera que rompería el pacto tácito entre constructoras. Lo publiqué, pero no se atrevieron. Como consuelo, el mayor escándalo urbanístico de la historia de la isla sirvió para que el Florentino desatado se topara con un valiente funcionario mallorquín, nada dispuesto a aguantar sus desplantes.
El fiscal Pedro Horrach se desplazó a Madrid aquel 29 de septiembre de 2014. Le acompañaba Antonio Cerdá, jefe a la sazón de la Policía Judicial. En la misma sede de la fiscalía Anticorrupción, debían interrogar como imputado a Juan Miguel Villar Mir de OHL, y como testigo al Florentino que se quedó con Son Espases. El tono del mandatario blanco coincidió con su exhibición del pasado martes:
-No sé qué hago yo aquí, a qué viene este interrogatorio, el otro día estaba yo con el fiscal general del Estado.
Horrach no le permitió los desplantes que hoy conoce toda España, y en algún momento estuvo a punto de levantarse de la mesa. Cuenta la leyenda que le detuvo la templada mano mallorquina de Cerdá sobre su hombro.
Florentino se aburría en Mallorca, donde regaló a Samuel Etoo a Laporta en el restaurante Tristán y donde mataba el ocio paseando a sus perros salchicha por las inmediaciones de las sucesivas versiones actualizadas del yate Pitina, así denominado en honor de su mujer. El presidente blanco me había asegurado que no tenía residencia fija en Mallorca por culpa de los precios elevados, imaginen. A continuación compró la mejor casa de Andratx, con helipuerto y una panorámica de 360 grados, pero no pudo volver a la isla tras la muerte de su esposa Mari Ángeles Sandoval. La villa acabó al volante de Michael Schumacher.
En la última escena, el presidente blanco cambió de apellido mallorquín y comía con su accionista Miguel Fluxá en un carísimo restaurante madrileño. Matas pasa por allí, el hotelero se dirige afectuoso al político. Florentino se mantiene impertérrito, sin mover un músculo.
-¿No le saludas?, inquiere Fluxá.
La respuesta de Florentino es impublicable, todavía.
Reflexión dominical futurista: «Un futurólogo es un epidemiólogo que habla del futuro».
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