Tensión contenida entre Galmés y Bestard en el primer pleno del Consell tras el escándalo por el uso privado de coches oficiales
El presidente aplicó el contacto cero con el dirigente de Vox en una jornada que evidenció la ruptura entre ambos
La oposición sigue exigiendo al equipo de gobierno insular celeridad y decisiones firmes sobre el caso Bestard

Llorenç Galmés, sentado junto a Pedro Bestard al inicio del pleno. / Guillem Bosch

Pedro Bestard fue ayer el elefante en la sala de plenos del Consell de Mallorca. El vicepresidente segundo y dirigente de Vox carga desde hace días con el peso de la polémica por haber hecho uso personal de vehículos oficiales de su departamento. Llegó con aires de normalidad al Palau, pero su presencia rápidamente se convirtió en la comidilla de los asistentes, políticos de los distintos grupos incluidos. Bestard era el protagonista silencioso del pleno, y el presidente Llorenç Galmés lo sabía. Por eso evitó en todo momento el contacto visual con su vicepresidente; tampoco se cruzaron ni una palabra en toda la sesión. La tensión entre ambos era evidente, pero, de momento, se mantiene contenida a la espera del resultado de los informes internos que determinarán las consecuencias a las que se enfrentará el político de Vox.
Bestard fue ayer un desconocido para Galmés. El presidente del Consell sabía que su vicepresidente iba a arrastrarle al foco de la polémica y, sobre todo con las cámaras delante, trató de evitar en todo momento el contacto con él. A lo largo de la sesión, ambos fueron entrando y saliendo de la sala de plenos sin que pudiera detectarse ningún acercamiento entre ambos. El político de Vox también fue protagonista de uno de los momentos más incómodos de la mañana: se quedó solo en la mesa presidencial y durante unos minutos presidió y moderó la sesión ante la ausencia del presidente, la vicepresidenta primera y los consellers de Hacienda y Presidencia, todos miembros del Partido Popular.
Precisamente los populares están muy descontentos por el caso Bestard y por el comportamiento posterior del político de Vox. Las explicaciones que ofreció ante los medios y en la Comisión de Transparencia no fueron suficientes y evidenciaron la escasa capacidad argumentativa del vicepresidente frente al escándalo. En el Consell esperan con premura los resultados de los diversos informes internos que definirán cómo proceder ante el escándalo; sin embargo, lo que cada vez parece estar más claro es que, si los resultados son negativos, a Galmés no le temblará el pulso con su vicepresidente.

Pedro Bestard, solo en la mesa presidencial, dirigió y moderó el pleno durante unos minutos. / DM
Una de las imágenes más significativas de la jornada se produjo al término de la sesión. Suele ser habitual que los miembros de los partidos conversen en los pasillos del Palau al acabar los plenos, sobre todo entre compañeros de grupo, aunque eso ayer no sucedió entre Bestard y sus colegas de Vox. El vicepresidente abandonó el pleno solo, bajó las escaleras hacia el vestíbulo de entrada y dejó atrás el edificio institucional prácticamente sin despedirse de nadie.
La presión entra en el Palau
La oposición aprovechó el pleno para elevar la presión sobre Galmés y exigir una respuesta inmediata ante el caso Bestard. La portavoz socialista, Catalina Cladera, denunció el "espectáculo" vivido durante la sesión y aseguró que la incomodidad del presidente era ya imposible de esconder. Desde el PSIB interpretaron la distancia mantenida entre ambos dirigentes durante toda la mañana como una evidencia de la gravedad política del escándalo y reprocharon al presidente que siga sin tomar decisiones pese a las informaciones publicadas sobre el uso de recursos públicos por parte de su vicepresidente. Los socialistas insistieron además en que no es necesario esperar a nuevos informes internos para actuar y acusaron a Galmés de anteponer la estabilidad de su gobierno a la "decencia institucional".
En la misma línea se expresó Més per Mallorca, que endureció todavía más el tono contra el pacto entre PP y Vox. La portavoz ecosoberanista, Catalina Inés Perelló, acusó a los populares de "callar, proteger y justificar" las actuaciones de Bestard y aseguró que el caso evidencia la "sumisión política" de Galmés frente a Vox. Durante su intervención ironizó sobre el discurso habitual de los ultras respecto al uso de recursos públicos y bautizó la polémica como "el Falcon de Marratxí", en referencia al uso de los vehículos oficiales y las críticas que los de Abascal vierten constantemente sobre Pedro Sánchez.
También Coalició per Mallorca reclamó celeridad al presidente del Consell y exigió que los informes comprometidos estén listos en un plazo máximo de dos semanas. Su portavoz, Antoni Salas, advirtió de que, si las conclusiones no llegan en ese tiempo, Galmés deberá cesar a Bestard porque retrasar la toma de decisiones "va contra los mallorquines" y supone "una falta de respeto" hacia la ciudadanía.
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