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Opinión

Mallorca no abuchea ni a Marlaska

Toma de posesión de José Antonio Puebla, nuevo jefe superior de la Policía Nacional

Toma de posesión de José Antonio Puebla, nuevo jefe superior de la Policía Nacional / GUILLEM BOSCH / DMA

Una de las maravillas del retablo español plantea cómo el juez más apreciado por la derecha consiguió ser abucheado en los actos de la Guardia Civil. A falta de oportunidades para abroncar al escurridizo Pedro Sánchez, los funcionarios armados o desalmados lanzan los gritos de ordenanza contra Fernando Grande-Marlaska.

Quizás sin saberlo, los vociferantes denuncian con fiereza al bastión antietarra de la Audiencia Nacional que hoy cogobierna con Bildu. O aúllan la contradicción del magistrado que dejó de ser miembro del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del PP, para convertirse en ministro de Interior con Sánchez. En las últimas generales, Marlaska fue diputado socialista por Cádiz, donde tanto lo quieren. Hasta tal punto ha degenerado el PSOE, para quienes deseen analizar a priori los resultados del domingo en Andalucía.

En fin, Marlaska (87 por ciento) es el segundo miembro más conocido del Gobierno solo por detrás de Yolanda Díaz, y por tanto el peor valorado. Fue colista en el último barómetro del CIS, con un 4.06 que es en realidad un 3.06 dada la trampa de anotar un 1.0 como nota mínima.

Al margen de que he sido víctima de su soberbia mientras aguardábamos a intervenir en el programa de Ana Pastor, queda claro que Marlaska se merece todo lo que le pasa. Y sin embargo, Mallorca no abuchea ni al ministro carbonizado del Interior, nunca se sabe a quién tendrás que pedir un favor. Esta idiosincrasia insular ha quedado patente en la equidistancia de Rafael Nadal, con el corazón y sobre todo la cartera partíos entre su Florentino y su Riquelme.

La tolerancia policial con su ministro en Palma no supone una buena noticia para los mallorquines, atrapados como de costumbre entre lo malo y lo peor. No existe mejor definición de la peripecia de Aina Calvo, la secretaria de Estado más apreciada por Sánchez y que podría verse de ministra en la fase agónica de su líder.

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