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Vendedores de la ONCE en Palma valoran la oportunidad laboral: “Este trabajo me llena mucho más que estar en casa”

La relación con los clientes y el contacto directo con ellos es lo que más motiva a los vendedores de la ONCE, quienes lo consideran más que un simple trabajo

Catalina Escandell, vendedora de la ONCE: “Me costó mucho integrarme, pero he terminado encontrándome muy satisfecha”

B. Ramon

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Palma

La ONCE representa para muchas personas mucho más que un puesto de trabajo. En Palma, varios vendedores explican cómo esta Fundación les ha permitido recuperar estabilidad, independencia y una nueva forma de relacionarse con la sociedad tras atravesar situaciones personales complicadas.

Es el caso de Catalina Escandell, que antes trabajaba como monitora de autocar, pero tuvo que dejar su profesión por problemas de salud. Su llegada a la ONCE se produjo gracias a una amiga de su hija, aunque reconoce que al principio “me costó mucho integrarme, pero he terminado encontrándome muy satisfecha”.

Actualmente, Escandell destaca especialmente el trato cercano con las personas que pasan cada día por su punto de venta. “Aparte de repartir ilusión, me motiva mucho el contacto con los clientes; de hecho, algunos ya son amigos míos”, asegura. Para ella, el trabajo no solo supone estabilidad laboral, sino también una forma de sentirse “acompañada y útil”.

Una experiencia similar le ocurrió a Franco Tomasino, vendedor de la ONCE y consejero territorial en Palma. Llegó desde Argentina con problemas de visión y, según cuenta, "desconocía completamente la labor de la organización antes de instalarse en España".

Durante sus primeros años en la isla, fue encadenando distintos trabajos hasta que decidió informarse sobre la ONCE. Después de contactar con una trabajadora social, consiguió incorporarse como vendedor. Desde entonces, considera que su vida ha cambiado por completo. De hecho, asegura que “lo que hoy en día tengo aquí me costaría mucho conseguirlo en Argentina”. Además de su trabajo diario, Franco participa de manera voluntaria como consejero territorial porque siente la necesidad de devolver parte de la ayuda recibida. A él le motiva “hacer feliz a la gente y luchar por la fundación, que vale mucho”.

Por su parte, Medinaceli Fernández también resalta la importancia que ha tenido la ONCE en su vida personal. Ella comenta que hace tres años “comencé a perder visión y encontré en esta oportunidad laboral una forma de recuperar confianza y sentirse realizada”. La vendedora asegura “estar agradecida por tener un trabajo fijo y poder levantarse cada día sintiéndose bien”.

Para ella, "el contacto constante con las personas" es uno de los aspectos más positivos de su rutina. De hecho, explica que “me gusta tratar con la gente y este trabajo me llena mucho más que estar en casa sin hacer nada”.

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