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Boulevard

El presidente del Consell se topa con el alquiler turístico ilegal en su barrio

Cuelgan avisos a ocupantes y propietarios de casas supuestamente irregulares en el vecindario de Llorenç Galmés

Los avisos de los activistas, a los ocupantes y propietarios de casas supuestamente ilegales en Santanyí, informan en la vivienda de que se ha notificado la denuncia formalmente al Consell de Mallorca de Llorenç Galmés.

Los avisos de los activistas, a los ocupantes y propietarios de casas supuestamente ilegales en Santanyí, informan en la vivienda de que se ha notificado la denuncia formalmente al Consell de Mallorca de Llorenç Galmés. / .

Matías Vallés

Matías Vallés

Los emprendedores del alquiler turístico ilegal, una redundancia porque debería ser el único existente, no respetan nada. Se necesita desfachatez para arrendar sin licencia una vivienda en el mismo barrio donde habita el presidente del Consell de Mallorca, la institución que causa pavor o algo menos por su implacable persecución de los infractores. El lobo se acuesta con el cordero, háganme el esfuerzo de la asignación de las respectivas identidades.

Llorenç Galmés se topa con el alquiler turístico ilegal en su propio entorno domiciliario, con el agravante de que no solo preside el Consell, sino que fue alcalde de Santanyí de dilatada trayectoria. Se alegará que en Mallorca nadie sabe a qué se dedica el vecino, ni quién es. Salvo que en la puerta de la casa de al lado coloquen un «Warning/Avís» de regulares dimensiones, advirtiendo sobre la actividad siempre presuntamente ilegal que se lleva a cabo en dicha vivienda, según consta en la imagen que hoy nos ilustra con fidelidad notarial. El cartel justificaría cuando menos la curiosidad pasajera de un adyacente.

Siempre nos llamará la atención que los escasos activistas que van quedando en Mallorca, tras la dimisión de entidades como el Gob, sean más eficientes que las autoridades perceptoras de suculentos sueldos por erradicar la plaga. Los avisos están dirigidos a los «Ocupantes» y «Propietario» de la casa alquilada presuntamente de modo irregular. A los huéspedes se les indica que se trata de «Una propiedad ilegal: no tiene licencia ETV, compruébelo en el ‘Verificador alquiler turístico’», y se les añade que «se ha notificado formalmente al Consell de Mallorca y a la Agencia Tributaria». Solo les falta especificar la proximidad de Galmés.

En cuanto al propietario de las viviendas denunciadas, se le comunica que «interrumpa la actividad, Ley 8/2012, sanción de hasta 40 mil euros». También se le recuerda que existe una «Solicitud de inspección inmediata in situ para verificar la actividad ilegal». Se llega así al lema final, «Detengan la actividad ilegal». Por siempre presunta, la pretensión parece tan dirigida a Galmés como a los presuntos infractores.

Desde luego, no existe ningún riesgo de que el alquiler turístico se contamine de la «prioridad nacional», porque todos los beneficiarios de miles de euros mallorquines sin declararlos presuntamente son extranjeros. Los avisos adheridos a las persianas constituyen una forma civilizada de activismo. Intranquiliza a los ocupantes de pago sin medidas violentas, frente a los radicales que prefieren inyectar silicona en las cerraduras, la policía romana destroza los cajetines de llaves a martillazos. Como ven, en Santanyí se confía en la propia iniciativa ante la incompetencia institucional, lo dejaremos ahí.

Las personas preocupadas por el futuro de Mallorca se asombran de que las autoridades solo les pidan el link del anuncio presuntamente ilegal. Todo debe resolverse a distancia, sin implicarse. De ahí que los avisos en las puertas de las viviendas no causen la mínima incomodidad a los propietarios extranjeros. Saben que aquí nadie va a inmiscuirse en sus sucios negocios, a diferencia de lo que ocurriría en sus países de procedencia. Y para acabar, cada vez que pido a mis interlocutores especializados un ranking de los municipios mallorquines al frente de los desmanes urbanísticos, no viene encabezado por los sospechosos habituales. Ni Palma, ni Calvià, ni Andratx, los dedos apuntan con reincidencia a Santanyí. Presuntamente.

Sería infamante para el Govern afirmar que contiene un solo átomo de excelencia. Escribir en una misma frase las palabras «Govern» y «excelencia» provoca una peligrosa vibración del ordenador. Por tanto, Antoni Vera creará un Bachillerato para educar a jóvenes superdotados que nunca formarían parte de este Ejecutivo. Ni de ninguno futuro, si me permiten la apuesta. Esta ignorancia no solo les impedirá reconocer a las futuras alumnas, sino que omite la ley de que la excelencia combina bien, por lo que se desarrolla mejor en ambientes no tan exquisitos. Además de que cualquier entrenador de fútbol les detallará cuántos maradonas de 16 años acabaron jugando en ligas regionales, lo cual frustra la iniciativa elitista.

Los desplazamientos de algunos los pagamos todos, hasta un 75 por ciento. En el pasado y codiciado fin de semana, cada familia de tres personas que decidió navegar entre Mallorca y Menorca le costó exactamente 750 euros por ida y vuelta a quienes no se han movido de casa. Merece una reflexión, pero no tenemos tiempo. Por algo se quejaba amargamente José Luis Ábalos de que «los mallorquines viajan demasiado», detrayendo fondos de su también presuntas fechorías.

Reflexión dominical supermercantil: «Vaig posar a la venda,/ en el lineal del supermercat,/ llàgrimes d’oferta/ i galetes amb pasta de pena». Claper de pedres fogueres, Lluís Maicas.

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