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Cómo pica el mosquito Le Senne

Gabriel Le Senne

Gabriel Le Senne / .

Matías Vallés

Matías Vallés

Antes del bienaventurado desembarco animalista, «mosquita muerta» era el calificativo sin distinción de sexo que abreviaba a los mandatarios irrelevantes, dignos de un solo párrafo de biografía. Mallorca los disfrutó como obispos, rectores universitarios o episódicos presidentes del Govern.

Tras su sorprendente entrada en el Parlament por la presidencia de la cámara, sin haberse ganado siquiera el escaño, todo apuntaba a que Gabriel Le Senne quedaría englobado en el reino de la política invertebrada. Un día me soltó que «desde que las mujeres trabajan, tienen menos hijos», con tono reprobatorio. Vox canónico, pero en tono amortiguado.

Quizás por su aparente atonía, la mayoría de su grupo quiso decapitar a Le Senne, y los rebeldes corrieron peor suerte que los disidentes de Putin. A continuación, logró ultrajar de un solo manotazo a dos diputadas socialistas vivas y a varias mujeres asesinadas por el franquismo. Su furia felina le puede costar una condena, pero vaya cómo pica el mosquito Le Senne.

El presidente del Parlament nombrado por Prohens ha decidido dar más espectáculo que Trump, y ahora revela una acusación interna por acoso. Dados los precedentes, el denunciante tiene mucho valor.

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