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La UIB en la Mallorca dinástica

Vista general del campus de la UIB.

Vista general del campus de la UIB. / UIB

Matías Vallés

Matías Vallés

La Universitat de les Illes Balears es el retrato de la Mallorca del futuro. Lo demuestra su primer ‘Barómetro’ familiar y casero, con dos de cada tres alumnos viviendo junto a sus padres y cuatro de cada cinco comiendo a diario en sus domicilios. La suprema institución académica, a punto de ser zarandeada por las universidades privadas, garantiza una sociedad continuista. De funcionarios, para sellar el arraigo.

El único president del Govern formado hasta la fecha en la UIB se llama Francesc Antich. Hasta donde han podido, y han podido mucho, los vástagos de las grandes sagas hoteleras se han educado fuera de Balears. La paradoja radica en que la fábrica de funcionarios graduados del campus garantiza la solidificación de una Mallorca dinástica.

En su actual monopolio de la industria más contaminante del planeta, Balears lidera la producción que no mantenimiento de riqueza. Por apellidos, la lista Forbes confirma que las fortunas más sobresalientes siguen siendo Fluxá, March, Escarrer, Barceló, Matutes y así sucesivamente. Comparten la característica de tratarse ya de la segunda, tercera o cuarta generación familiar billonaria, en el sentido americano que es el único posible. Algunos acumulan un siglo de vigencia o de antigüedad.

Uno de los misterios más inexplicables de Mallorca es la ausencia de nuevos ricos, al nivel de los magnates tradicionales. De hecho hay dos, pero son extranjeros. Cuando más de la mitad de alumnos de la UIB se decantan por una carrera de funcionarios, optan por tener la jubilación resuelta a los veinte años. Esta voluntad respetabilísima desprecia la innovación y supone la esclerotización creciente de una sociedad.

La Universitat puede diagnosticar que forma funcionarios caseros y familiares porque se ajusta a la demanda de su clientela. Sin embargo, existe la sospecha recíproca de que se esté orientando a los alumnos hacia la senda que conduce a la burocracia. Bill Gates, Zuckerberg o Steve Jobs debieron sus fortunas a la universidad, a que abandonaron sus estudios a tiempo. Mallorca tendría que centrar su futuro en quienes han dejado la UIB.

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