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De tener un tumor a los 26 años a entrenar a pacientes con cáncer en Mallorca: «Quiero devolver todo lo que me han dado»

El joven mallorquín Lluís Salom superó un cáncer de testículo cuando era veinteañero y ahora ofrece entrenamientos personalizados a pacientes oncológicos en el centro BeActive de Son Dureta, donde ayuda a quienes batallan contra la quimioterapia a mantenerse en forma

Lluís Salom (izq) junto a Emil Atting (dcha), a quien le diagnosticaron un  cáncer a los 15 años.

Lluís Salom (izq) junto a Emil Atting (dcha), a quien le diagnosticaron un cáncer a los 15 años. / Pere Morell

Pere Morell

Pere Morell

Palma

Hay quien podría odiar este mundo, pero tiene otras cosas que hacer. El cáncer, como el viento, es amiga de nadie y golpeó en la vida de Lluís Salom (Palma, 1996) en el peor momento posible. A finales de 2022, su padre fue atrapado por las llamas tras un accidente en el taller donde trabajaba. Gracias a una rápida intervención médica y a una dura rehabilitación su padre burló a la muerte, y cuando todo parecía haberse calmado, a Lluís, de tan solo 26 años, le diagnosticaron un tumor en el testículo.

Pero la vida le da sus peores batallas a sus mejores guerreros. Salom, una persona muy fuerte tanto por dentro como por fuera, superó el cáncer y se graduó en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Ahora, ofrece entrenamientos personalizados a pacientes oncológicos en el centro BeActive de Son Dureta, donde ayuda a quienes batallan contra la quimioterapia a mantenerse en forma.

Lluís Salom entrena a pacientes con cáncer en el centro BeActive de Son Dureta

Lluís Salom entrena a pacientes con cáncer en el centro BeActive de Son Dureta / Pere Morell

«Que un paciente con cáncer se mueva es vital. Antes se pensaba que era un mito, pero ahora se impulsa desde los hospitales y el entrenamiento es como una pastilla más dentro del tratamiento, que ayuda a la recuperación», afirma Lluís Salom.

Como si de un guion de Javier Fesser se tratara. Antes de recibir el diagnóstico de cáncer, Salom escogió investigar cómo el deporte y la nutrición ayudan a las personas con un diagnóstico oncológico para su trabajo de fin de grado, sin saber que al final del curso sería él mismo quien lo viviría en su propio cuerpo.

«Busqué entre 2.000 y 3.000 artículos sobre entrenamiento en el cáncer. Me aplicaba mis propios entrenamientos y dietas; fui mi propio conejillo de indias. En el hospital decían que, a nivel físico, estaba impecable», explica Salom.

El palmesano asegura que el ejercicio físico ayuda a absorber mejor la quimioterapia y que en el hospital necesitas también a nutricionistas y a psicólogos porque la «hostia mental llega siempre, tarde o temprano».

Salom realiza el calentamiento de Julián Romero, enfermo de cáncer de pulmón.

Salom realiza el calentamiento de Julián Romero, enfermo de cáncer de pulmón. / Pere Morell

Salom, que también se encarga de la preparación física de tenistas de alto rendimiento en sa Teulera, siempre se ha mostrado eternamente agradecido con los médicos y enfermeros que le salvaron la vida, tanto a su padre como a él: «Quiero devolver todo lo que me han dado».

Actualmente, Lluís Salom entrena a cinco pacientes con cáncer: a tres los visita en su casa y dos acuden al gimnasio.

Julián Romero es uno de ellos. El palmesano ya ha alargado la longitud del hilo de la vida mucho más de lo que el destino le deparaba tras ser diagnosticado de adenocarcinoma, un tipo de cáncer de pulmón.

«Hace un año tenía un constipado que no se curaba y me hacía carraspear mucho. Fui a una revisión y me encontraron el cáncer», explica Romero, que asegura que en un primer momento se le cayó el mundo encima: «La expectativa era que no llegaría a Navidades, tenía todo en contra».

El cáncer provoca una pérdida de peso muscular, un peor funcionamiento del sistema inmune y aumenta el estrés oxidativo.

A Julián Romero, Lluís tiene que hacerle el calentamiento debido a su debilidad muscular. Las células cancerígenas consumen glutamina, que se encuentra principalmente en el músculo, y por ello se pierde masa muscular a gran velocidad, lo que provoca la pérdida de peso tan drástica que se da en muchos casos.

-«Hice dieta hace años y perdí ocho kilos; con este cáncer he perdido 15», dice Romero.

Un cáncer es la mejor dieta posible para adelgazar», bromea Lluís Salom.

Haber sufrido en sus carnes el largo y duro camino para superar el cáncer ayuda a Salom a empatizar con los enfermos con más confianza. El entrenador sabe medir muy bien el nivel de sus bromas y entiende cuándo debe tratarlos con más suavidad.

«Me encontraba flojo y esto me ha ayudado a recuperar masa muscular. El entrenamiento me relaja el alma y tengo más fuerzas. Antes de empezar me costaba subir las escaleras, ahora soy capaz y puedo ver que no estoy tan fotut como pensaba», afirma Romero con alegría.

El palmesano explica que, por suerte, «nunca le ha fallado la cabeza» y que recibir buenas noticias «le hace crecerse». «Soy positivo, mantengo una vida como si estuviera sano: me gusta pasear, merendar con los amigos... Lo único diferente es la afonía, que me obliga a pedir turno de palabra», aclara Romero.

Un cáncer con 15 años

Mientras Romero entrena, llega Emil Atting Trathaug. Nunca es buen momento para tener cáncer, pero la vida ha sido muy cruel al diagnosticarle un sarcoma en la mano a un chaval de 15 años que aún cursa la ESO.

Por suerte, a la mayoría de los chavales adolescentes solo les gustan tres cosas, y el calvianer mantiene en su cabeza una de ellas.

«Mi único objetivo es llegar sano a la pretemporada de mi equipo de fútbol, el Penya Arrabal», asegura Atting con total seriedad. Salom lo anima al decirle a Julián Romero, casi sin querer, que estará al 100 % en verano: «En unos meses recibirá el alta y volará».

Atting tiene de base lo necesario para poder salir adelante a su edad: un grupo de amigos que lo han apoyado desde el primer momento: «Puede que alguien sin tantos amigos lo tolere menos. He tenido suerte porque los míos son geniales. Han estado siempre conmigo y han venido a visitarme a casa».

El chaval se ríe de las bromas de Salom, que lo ‘maltrata’ en el entrenamiento como lo haría con cualquier otra persona.

El IES Bendinat le permite una educación diferenciada al calvianer, quien también se ejercita en Son Espases en la clase de Educación Física. El ejercicio le libera la mente, aunque, si tiene las defensas muy bajas por la quimioterapia, debe parar.

El principal problema de Emil Atting es el aburrimiento: «Siempre intento hacer cosas, pero como no puedo ir a clase… Al principio me daba vergüenza ir por la calle solo con la mascarilla».

El calvianer nunca dejó de ejercitarse y por eso perdió poca masa muscular: «Tienes que afrontar el cáncer con la mentalidad de que puedes llevar una vida normal».

Lluís Salom bromea y Julián Romero y Emil Atting ríen. Están vivos y solo eso es motivo más que suficiente para sonreír.

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