Julio Velasco, coordinador de trasplantes en Son Espases: «No olvidaré nunca el sufrimiento de las familias en la pandemia de la covid, fue muy duro»
(1956, Barcelona) Se jubila a finales de julio, cuando cumpla 70 años, después de haber alargado su carrera al máximo
Fue jefe de la UCI durante ocho años y es uno de los médicos más queridos del hospital de referencia de Balears. Le han rendido un homenaje, aunque él rehúye del protagonismo y siempre insiste en que todo es trabajo en equipo
Su trayectoria resume décadas de compromiso con la sanidad pública: «Nunca me fui a la privada, aunque me lo ofrecieron muchas veces»

Manu Mielniezuk

Le han rendido un homenaje después de 40 años de trayectoria. ¿Es consciente de la cantidad de vidas que ha salvado?
Soy consciente del trabajo que he hecho y de que llevo muchos años en una actividad que es una realidad médica, pero también tremendamente humana. Empecé en 1989, justo cuando se estructuró la Organización Nacional de Trasplantes, en un momento en el que la donación no estaba tan consolidada. Pero no me gusta enfocarlo como si yo hubiera salvado miles de vidas yo solo. Yo he sido, si quiere, un hilo conductor, pero esto siempre ha sido un trabajo en equipo.
Cada vez que repasa su trayectoria habla del trabajo en equipo.
Porque es fundamental. En una donación multiorgánica puede haber más de cien profesionales implicados. No solo gente del hospital. En Balears, por nuestra condición insular, muchas veces tienen que venir equipos de la península para extraer un pulmón o un corazón. Hay muchísimos profesionales detrás, dentro y fuera del hospital. La donación y el trasplante son, probablemente, el mayor ejemplo de trabajo en equipo que puede haber en un hospital.
Ha hablado con cientos de familias en el peor momento de su vida. ¿Cómo lo hace sin romperse?
Es muy duro. Creo que es lo más difícil para cualquier coordinador de trasplantes: la entrevista familiar. Enfrentarte a una familia destrozada, a unos padres, a una pareja, a unos hijos que no esperaban en absoluto verse en esa situación, es de una dureza enorme. He visto a coordinadores de mi equipo salir llorando de una entrevista familiar. Y cuando se trata de pacientes pediátricos, el impacto es todavía mayor.

El doctor Julio Velasco posa en el Auditorium de Palma, donde se ha celebrado el XL Congreso de Trasplantes. / Manu Mielniezuk
¿Qué le sigue emocionando de este trabajo después de tantos años?
Hablar con las familias, sin duda. Y acompañar a un donante a quirófano. Todavía hoy, después de tantos años, cuando acompaño a un donante a quirófano se me pone la piel de gallina. Siento un respeto enorme hacia esa persona fallecida y hacia su familia. Es difícil expresarlo con palabras.
¿Qué va a echar de más de menos cuando se jubile?
A mi equipo. Siempre me ha gustado trabajar así. He estado rodeado de coordinadores conmigo, de un servicio de Medicina Intensiva muy implicado en la donación, de muchísimos especialistas del hospital. Esa sensación de compartir una actividad con tanta gente y tan importante es lo que más echaré de menos.
Ha sido jefe de la UCI muchos años. ¿Cuál ha sido el momento más duro que ha vivido?
La pandemia del covid, sin duda. Fue durísima. Yo era jefe de servicio y venía cada día al hospital para estar al lado de mis compañeros, animarlos, acompañarlos. Fueron meses de una dureza extraordinaria. Y aun así no dejamos de tener actividad de donación y trasplantes.
¿Fue la etapa más dura de su carrera?
Una de las más duras, sí. Pero también lo fue la época del sida en los años 80. Veíamos ingresar a muchísimos pacientes muy graves, con una evolución entonces muy incierta. Aquello también fue una lucha tremenda y un gran trabajo en equipo, sobre todo con Medicina Interna, que fue una referencia para todos nosotros.
¿Qué se le quedó grabado de la covid que no deberíamos olvidar?
El sufrimiento de las familias. Al principio no podían ni entrar. Tenían un familiar ingresado, muchas veces con ventilación mecánica, y solo podían recibir información por teléfono. Esa desolación no la olvidaré nunca. Y también aprendimos, una vez más, el valor del trabajo en equipo. En un hospital grande y de referencia como Son Espases eso es fundamental.
Balears ha arrancado el año con más donantes. ¿Estamos en un buen momento o puede ser algo puntual?
Yo creo que llevamos un número de donantes interesante y que este año puede ir bien. El año pasado hubo una bajada porque descendieron mucho los donantes en muerte encefálica, que hasta entonces aquí se habían mantenido altos durante años. Al mismo tiempo están aumentando los donantes tras parada cardíaca, lo que llamamos donación en asistolia controlada, igual que ocurre en el resto de España. Nosotros quizá hemos ido con un poco más de retraso que otras comunidades en ese cambio, pero estamos avanzando.
¿En qué punto está Balears respecto a otras comunidades en cuanto a donaciones de órganos?
Hemos estado muchos años por encima de la media nacional y en 2005 fuimos la comunidad con más donantes de España. El año pasado estuvimos más bajos. Pero las cifras hay que interpretarlas con cuidado, porque nosotros somos una comunidad pequeña e insular y uno o dos donantes arriba o abajo modifican mucho la tasa por millón de población. Para mí, más importante que el número puntual es la cultura de la donación, la concienciación de los profesionales y de la sociedad.
¿Cuál es el siguiente gran paso que debería dar Balears?
En donaciones, seguir creciendo en asistolia controlada. Exigen más tiempo, más medios y una logística más complicada. Y después hay que impulsar más la donación renal de vivo. En trasplantes, el gran salto futuro sería avanzar hacia el cardiaco y quizá el pulmonar. Son programas muy complejos y no creo que yo llegue a verlo como profesional en activo, pero como persona espero verlo, disfrutarlo y felicitar a los responsables.
¿Tiene sentido que solo Son Espases haga trasplantes?
No es una cuestión sencilla, la experiencia es fundamental. Si concentras actividad en un centro, la curva de experiencia es mayor y eso es importante. No digo que sea imposible que haya más actividad en otros hospitales, especialmente en una comunidad donde las distancias son cortas. Pero abrir muchos centros de trasplante no siempre es la mejor solución. Otra cosa es que todos los hospitales sean detectores de donantes, que eso sí lo son o deberían serlo.
¿Hemos llegado al techo o todavía hay margen para aumentar las donaciones?
Hay mucho margen, y una de las vías más claras está en las clínicas privadas. En Balears hay muchas camas de críticos en la privada, tantas como en la pública, aproximadamente, y ahí hay posibilidades de crecer, sobre todo en asistolia. En Balears siempre ha habido buena relación entre la coordinación de trasplantes y las clínicas privadas, pero todavía hay margen de mejora importante.
¿Hay riesgo de que el modelo español, que es líder mundial, se desgaste?
Llevamos más de 30 años siendo líderes. Es un modelo muy bien pensado, basado en la figura del coordinador dentro de cada hospital. Eso le da una enorme solidez. Claro que hay cosas que mejorar: condiciones, apoyos, reconocimiento, recursos... Pero es un modelo de una fiabilidad extraordinaria.
¿Qué le diría a alguien que duda si donar o no?
Que por su familiar se ha luchado hasta el final. Y que, cuando ya no hay nada que hacer, ese familiar puede salvar o mejorar de forma radical la vida de otras muchas personas. Un trasplante renal saca a un paciente de la diálisis, le devuelve una vida prácticamente normal. Un hígado, un pulmón o un corazón directamente regalan vida. Es el mayor acto de generosidad que existe.
Las urgencias de Son Espases están muy tensionadas. La UCI, ¿cómo está? ¿Faltan camas?
De entrada quiero apoyar a los compañeros de urgencias, porque hacen un trabajo increíble, con una presión brutal. Y sí, faltan camas de UCI. No ha cambiado prácticamente el número desde el final de Son Dureta. Tenemos 34, pero los hospitales de nuestro nivel tienen muchas más. Habría que crecer para trabajar con más tranquilidad y para que los médicos que están de guardia no tengan ese estrés añadido de pensar qué va a pasar si entran varios pacientes graves a la vez.
¿Se está trabajando al límite del hospital?
Las condiciones son duras, sí. Y ahora especialmente. También influye el conflicto con el Estatuto Marco y las huelgas, que están trastocando mucho las listas de espera. Al final quienes sufren son los pacientes. Las consultas prioritarias y la cirugía oncológica se mantienen, claro, pero muchas otras consultas y procedimientos se suspenden, y eso duele muchísimo a los médicos.
¿Por qué cree que se están repitiendo con tanta frecuencia estos episodios de colapso en urgencias?
Porque se atiende a todo el mundo y cada vez llega más gente. Y porque muchos de esos pacientes probablemente podrían haber sido atendidos antes o en otro nivel asistencial. No culpo a Atención Primaria, ni mucho menos, porque también soporta una presión brutal. Pero quizá el sistema necesita más dispositivos intermedios, más centros con capacidad de atender 24 horas determinados problemas, hacer una radiografía, una analítica sencilla, resolver casos que no tendrían que acabar necesariamente en el hospital de referencia.
Baleares tiene facultad de Medicina desde hace ya una década. ¿Se está notando?
Sí, sí se nota. Yo este año he ayudado en la asignatura optativa de coordinación de trasplantes y he visto a alumnos muy interesados. Tener facultad ligada a los hospitales ayuda mucho a mantener un nivel científico alto. Los médicos transmiten lo que saben y la gente joven también da impulso a los veteranos.
Pero formar médicos aquí no garantiza que se queden.
No, pero ayuda. Luego hay que conseguir que se puedan quedar... o que quieran quedarse.
¿La sanidad pública está perdiendo atractivo para los médicos jóvenes?
Creo que no, o no debería. La gran ventaja de la pública es que trabajas siempre en equipo. En una UCI pública discutes a diario a los pacientes con varios compañeros. En la privada muchas veces puedes encontrarte más solo. Y donde de verdad aprendes, más allá de la facultad, es en los años de residencia y después, integrado en un servicio. Yo nunca me fui a la privada, aunque me lo ofrecieron muchas veces, porque sentía que iba a perder mi gran proyecto, que era la donación.
¿Tienen razón los médicos en huelga por el Estatuto Marco?
Evidentemente. Tiene que haber un estatuto propio porque la responsabilidad del médico es distinta. No digo que otras profesiones no sean importantísimas, todas lo son. Pero la responsabilidad personal de un médico a las cuatro o las cinco de la mañana, valorando a un paciente gravísimo, condiciona directamente la vida de las personas. Y eso tiene que recogerse de forma específica.
Hay quien dice que el colectivo médico puede ejercer una presión mayor que otros y que eso roza el chantaje. ¿Entiende esa percepción?
Yo no lo vivo así. Yo lo que veo es que al médico se le está cuestionando mucho y se está olvidando el nivel de responsabilidad que asume. No me siento con capacidad de chantaje. Me siento con una enorme responsabilidad. Los médicos de urgencias, por ejemplo, toman decisiones con una presión brutal y con un margen de error que afecta a vidas humanas. Eso merece un reconocimiento y un marco propio.
¿Le preocupa el futuro de la sanidad pública?
No. Sabremos salir adelante. Tenemos una sanidad pública fantástica, con profesionales muy buenos, gente que trabaja cada día sacando adelante cirugías importantes y pacientes muy graves. Lo que pasa es que esta situación genera cansancio y desgaste. Y duele que no se respete a los profesionales como se merecen. Pero la sanidad pública tiene un valor enorme y hay que defenderla.
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