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Sira Rego es ministra, pero nadie lo sabe

Primer plano de Sira Rego (IU), al frente del primer ministerio dedicado exclusivamente a la Juventud y la Infancia

Primer plano de Sira Rego (IU), al frente del primer ministerio dedicado exclusivamente a la Juventud y la Infancia / Eduardo Ripoll

Matías Vallés

Matías Vallés

Cabe empezar recordando que Sira Rego es ministra, porque solo un 22 por ciento de españoles la identifican como tal según el último CIS del Gobierno. La titular de Infancia y Juventud lleva ya tres años en el cargo, durante los cuales ha conseguido ser ignorada por cuatro de cada cinco administrados. No cabe hallar un mejor ejemplo de modestia en el ejercicio del poder.

Pese a que un elevado desconocimiento permite un mayor aprecio, Sira Rego tampoco está bien valorada. Así de lejanos quedan los tiempos en que cualquier figura política a la izquierda del PSOE tenía garantizado el estrellato. Pese a su condición de «comunista», el crimen horrendo denunciado en fecha reciente por Marga Prohens en el Parlament, la titular de Menores mantuvo una reunión pacífica con la ultraconservadora.

La cumbre de Prohens y Rego pretendía endulzar la decisión del Gobierno de disciplinar con el reparto de menores a las comunidades gobernadas mayoritariamente por el PP aunque, en realidad, solo piensan en Díaz Ayuso. Toda ayuda es insuficiente, el flujo es imparable, la reunión de buena voluntad en el Consolat no es ni una gota de agua en el océano migratorio.

El mundo hermanado que predica la izquierda de Rego tampoco aparece por ninguna parte. La ministra lleva escolta como Fernández Díaz y cierra su casa con llave. No ha cometido grandes errores, que hubieran disparado su grado de conocimiento, pero le convendría leer la ecuación de la científica Angela Merkel. «La Unión Europea concentra el diez por ciento de la población del planeta, el veinte por ciento de su riqueza y el cincuenta por ciento de su protección social». Ahí radica el problema.

Es más agradecido cargar contra una persona, por razonable que parezca, que Gobierno y Govern coincidan en que un profesor condenado por acoso a un menor no pueda impartir clases a menores. Para rematar el silogismo, un presidente del Parlament que ha ultrajado desde su trono a mujeres asesinadas tampoco debería mantenerse en el cargo. Prohens asegura que no puede hacer nada en ambos casos, pero se muestra más condescendiente con el segundo.

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