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La dependencia energética y el modelo económico sitúan a Baleares entre las comunidades con más obstáculos en la transición climática

Las islas afrontan mayores dificultades para reducir emisiones pese al avance general de la descarbonización en España

Decenas de turistas pasean frente a la Catedral de Palma.

Decenas de turistas pasean frente a la Catedral de Palma. / Cati Cladera / EFE

Guillem Porcel

Guillem Porcel

Palma

España ha logrado en las últimas décadas desacoplar crecimiento económico y emisiones de gases de efecto invernadero, pero ese avance no se produce de forma homogénea en todo el territorio. En el caso de Baleares, el proceso de descarbonización avanza con mayores dificultades, condicionado por factores estructurales como la insularidad, la dependencia de combustibles fósiles y el peso de un modelo económico intensivo en servicios.

El último informe de BBVA Research sobre emisiones con enfoque regional, elaborado por los economistas Pilar Más Rodríguez y Lucien Antonio Vargas Giagnocavo, sitúa a Baleares entre las comunidades que afrontan retos específicos derivados de su dependencia energética y de condicionantes geográficos y productivos, junto a territorios como Canarias o Asturias. Aunque todas las autonomías han reducido sus emisiones en los últimos años, los mecanismos que explican ese descenso son muy distintos.

La estructura productiva balear, fuertemente vinculada al turismo, presenta una baja intensidad de emisiones en términos de valor añadido, en línea con sectores como comercio y hostelería, que generan una parte significativa de la riqueza con una huella climática relativamente reducida.

Sin embargo, el informe introduce un matiz clave: cuando se comparan las emisiones reales con las que corresponderían a Baleares según su estructura económica, el resultado es desfavorable. Las islas forman parte del grupo de comunidades donde las emisiones reales superan las estimaciones teóricas, lo que apunta a una menor eficiencia relativa o a una mayor dependencia de tecnologías intensivas en carbono. Este desfase revela que el problema no está tanto en qué produce Baleares, sino en cómo se produce y, sobre todo, en cómo se obtiene la energía.

El peso decisivo del sistema energético

El principal factor que explica esta situación es el mix energético. Baleares presenta una intensidad de emisiones en el sector energético superior a la media nacional, lo que eleva el conjunto de sus emisiones y neutraliza parcialmente las ventajas de su estructura económica. El informe señala que las comunidades con menor penetración de energías renovables o mayor uso de combustibles fósiles tienden a registrar emisiones más elevadas de lo esperado.

Es precisamente en este grupo donde se sitúan Baleares, Canarias o Asturias, donde el sistema energético condiciona de forma decisiva el ritmo de la transición. A diferencia de otras regiones peninsulares con amplio desarrollo de energías renovables, las limitaciones físicas y territoriales de las islas dificultan una transformación rápida del modelo energético.

Entre 2019 y 2023, Baleares ha logrado reducir sus emisiones, pero lo ha hecho principalmente gracias a la mejora del mix eléctrico, es decir, a una menor intensidad de carbono de la electricidad consumida. Este patrón sitúa a las islas en un grupo de comunidades donde la descarbonización depende más de factores externos, como la evolución del sistema eléctrico, que de cambios profundos en la eficiencia energética o en la estructura productiva. En otras palabras, Baleares reduce emisiones, pero no necesariamente porque consuma menos energía o sea más eficiente, sino porque la electricidad que utiliza es algo menos contaminante.

El condicionante de la insularidad

El informe dedica una atención específica a los territorios insulares, donde la transición energética presenta características propias. En Baleares, el proceso no se limita a sustituir combustibles fósiles por renovables, sino que incorpora retos adicionales como: la seguridad de suministro, la gestión de la demanda, el desarrollo del autoconsumo y la limitación de espacio para grandes instalaciones energéticas. Este contexto obliga a diseñar estrategias diferenciadas, alejadas del modelo peninsular basado en grandes parques eólicos o fotovoltaicos.

El dinamismo económico actúa como un factor que complica la reducción de emisiones. El informe advierte de que el crecimiento del PIB tiende a aumentar la demanda energética, lo que puede compensar parcialmente las mejoras en eficiencia. En Baleares, esta tensión es especialmente visible. El peso del turismo implica más transporte, más consumo energético y mayor presión sobre infraestructuras, lo que dificulta consolidar una reducción sostenida de emisiones en el tiempo.

Políticas diferenciadas para una transición desigual

El diagnóstico es claro: la transición climática en España tiene una fuerte dimensión territorial. Las diferencias entre comunidades reflejan estructuras productivas distintas, capacidades tecnológicas desiguales y condiciones geográficas específicas. Por ello, el informe advierte de que una estrategia climática uniforme puede generar resultados asimétricos y subraya la necesidad de adaptar las políticas a cada territorio. En el caso de Baleares, esto implica acelerar la penetración de energías renovables dentro de sus limitaciones, mejorar la eficiencia energética del sector turístico, avanzar en la electrificación del transporte y reforzar la gestión de la demanda.

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