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«No venimos a quitar el trabajo a nadie, solo queremos tener una vida digna»: el clamor de los migrantes de Mallorca ante la regularización extraordinaria

Miles de personas en la isla inician estos días el camino para salir de la precariedad y el silencio administrativo, reclamando el derecho a «mejores oportunidades» y el reconocimiento de una labor que «ya sostiene la economía»

VÍDEO | Largas colas en Palma para obtener el informe de vulnerabilidad, clave en la regularización extraordinaria de muchos inmigrantes

Luana C.L.

Palma

Dejar atrás a la familia, los amigos y la propia cultura es un viaje que nadie emprende por capricho. Tras esa decisión de cruzar el mundo late el deseo universal de «una vida digna», una que en Mallorca se traduce a menudo en jornadas agotadoras en la hostelería, la limpieza o los cuidados, realizadas bajo el peso de una irregularidad que asfixia. Para miles de migrantes que ya caminan las calles de la isla, el proceso de regularización extraordinaria que arrancó el jueves de forma telemática y que el lunes 20 llegará a las oficinas presenciales, representa el puente hacia esa normalidad tan anhelada: la de convertirse en un ciudadano con voz.

Andrea’ -nombre ficticio, ya que prefiere preservar su identidad- colombiana afincada en la isla desde hace casi cuatro años, lo resume con una claridad que nace de la propia experiencia. Tras mucho tiempo trabajando en restauración y realizando voluntariado en el ámbito de la salud mental, ve en este proceso un «acto de justicia y honestidad».

Para ella, este proceso supone que se reconozca que ya están aquí. «Significa que se tenga en cuenta, que se sincere la cantidad de personas que estamos ya aportando al país. Es una forma de sincerar al país, pero también de sincerar la economía», explica. Su visión es pragmática y humana a la vez, pues sostiene que regularizar su situación le permitirá «acceder a mejores sueldos y condiciones laborales», pero también que el Estado recaude de forma transparente unos impuestos que ella ya siente que paga cada vez que, por ejemplo, hace la compra.

Si dejamos de ver al otro como el enemigo y nos centramos en lo humanitario, entenderemos que todos somos ciudadanos del mundo. Estamos aquí, aquí trabajamos y aquí tenemos nuestra casa

Andrea

— Colombiana, casi 4 años en Mallorca

Andrea lanza un mensaje a quienes miran este proceso con desconfianza, apelando a la empatía y al derecho internacional: «Si dejamos de ver al otro como el enemigo y nos centramos en lo humanitario, entenderemos que todos somos ciudadanos del mundo. Estamos aquí, aquí trabajamos y aquí tenemos nuestra casa». Para ella, facilitar los trámites es simplemente «otorgar dignidad a quienes ya sostienen, con su esfuerzo diario, parte del sistema».

El caso de Juan Pablo Velázquez, también colombiano, refleja la urgencia de quienes han llegado recientemente. En solo once meses en Mallorca, ha pasado por la limpieza, el catering y la carga y descarga, aceptando cualquier tarea para sobrevivir. «Salen cosas por momentos y hay que hacerlas porque hay que comer», confiesa. A pesar de ser periodista de profesión, la falta de papeles lo ha empujado a una precariedad que califica de «dolorosa», donde la vulnerabilidad se traduce en «menos paga o que lo puedan denigrar a uno».

Juan Pablo Velázquez.

Juan Pablo Velázquez. / DM

Para Juan Pablo, la regularización es la esperanza de un crecimiento personal y profesional. Su objetivo es sencillo pero fundamental: «Aportar a la sociedad, aportar a la tributación... lo que buscamos todos es estar de alta en la Seguridad Social». Siente que este proceso es la oportunidad de demostrar que su intención es «sumar, no restar», y destaca que la revisión de antecedentes penales es «una garantía necesaria para la convivencia».

Laberintos de la burocracia

Sin embargo, el camino hacia el permiso de residencia no está libre de baches. Juan Pablo ya se ha enfrentado a la primera barrera: el informe de vulnerabilidad, un documento que está provocando estos días largas colas. «Fui al servicio social y el formulario es diferente al que salió en la página del Ministerio. Me dijeron que se puede llegar a demorar hasta un mes», relata con preocupación. La incertidumbre sobre si los documentos llegarán a tiempo, ya que el 30 de junio termina el plazo del proceso de regularización, es el último escollo de un camino que ya ha sido muy largo.

Aportar a la sociedad, aportar a la tributación... lo que buscamos todos es estar de alta en la Seguridad Social

Juan Pablo Velázquez

— Colombiano, 11 meses en Mallorca

Esta maraña administrativa es especialmente compleja para quienes no dominan las herramientas digitales o el idioma, una barrera que Andrea identifica rápidamente. «Yo tengo posibilidades de hablar el mismo idioma, acceso a internet y abogados, pero no sé si para otras nacionalidades está siendo tan fácil», reflexiona. La brecha digital y lingüística se suma al cansancio acumulado de, en muchos casos, años de espera.

La regularización no solo impacta en lo individual; es un motor de cambio para la estructura productiva de todo el territorio. Sectores estratégicos para Balears, como el sociosanitario o la hostelería, dependen en gran medida de esta mano de obra que ahora está a punto de dar un paso hacia la formalidad. Andrea subraya que la mayoría de mujeres latinas trabajan «en el cuidado», un sector esencial pero históricamente precarizado. «Si empezamos a blanquear los sueldos y empezamos a pagar impuestos como toca, toda la cadena funcionará mejor», añade con convicción.

Por su parte, Juan Pablo insiste en que el recelo de una parte de la sociedad nace del desconocimiento. «Es normal que se sientan así, pero claramente no venimos a quitar el trabajo a nadie. Queremos probar y tener una mejor calidad de vida», afirma con la voz de quien ha dejado atrás su carrera de periodista para cargar camiones mientras espera su oportunidad. La regularización extraordinaria es, en esencia, el reconocimiento de que la prosperidad es un tejido compartido donde cada hilo, tenga o no papeles hoy, cuenta para sostener el mañana.

En la cola para obtener el informe de vulnerabilidad de Palma, elemento burocrático clave en la regularización, el sentimiento era similar al de los anteriores testimonios. José, también procedente de Colombia y residente en la isla desde hace un año, explica en que quiere los documentos "en orden" para optar a un "digno puesto de trabajo".

Por su lado, Diana, otra mujer de la cola, señala que "únicamente quieren los mismos derechos" y que el objetivo principal de obtener esta regularización es para trabajar: "No hemos venido a quitarle nada a nadie, hemos venido a contribuir a este país. Con respeto y con derechos".

De la misma forma opinan sus compañeras de fila, Nicolle y Andrea, que llevan 6 meses y dos años trabajando en Palma. "Hemos tenido que parar de trabajar y no nos van a dar más días de permiso", asegura Andrea. Diana, preocupada por el día de ausencia laboral, reclama que debería habilitarse el sábado para poder hacer el trámite: "Muchas de las mujeres que estamos aquí somos internas. No tenemos más días para venir aquí".

A medida que las solicitudes empiezan a registrarse, queda patente que este proceso es mucho más que un trámite administrativo. Es el reconocimiento de que un territorio se construye con el esfuerzo de todos, sin importar el origen. Como bien apunta Andrea, es el momento de que la sociedad y la economía se miren al espejo y acepten la realidad de miles de personas que, tras dejarlo todo atrás, solo piden el derecho a vivir y trabajar con la cabeza alta.

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