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Lletra menuda

El soborno pierde la exquisitez del bombón

Maria Joaquina Ferrer Matas, directora general de Costas y Litoral del Govern.

Maria Joaquina Ferrer Matas, directora general de Costas y Litoral del Govern. / CAIB

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Entre casos probados con resolución judicial en firme, otros supuestos, intuidos o bajo investigación, el soborno tiene la mala costumbre de derretirse entre los entramados de la Administración porque, desde tiempos pretéritos, ha habido quienes le abren las venas y quienes las inyectan con su toxicidad. Un empresario de Porto Cristo con proyecto de embarcaciones turísticas embarrancado se presenta ante la directora general de Costas y pretende endulzar las relaciones con Maria Joaquina Ferrer mediante una caja de bombones convertida en delicia de 20.000 euros en metálico.

El presunto cohecho sigue la vía de la denuncia y el autor queda en silencio ante el juez. Que tal forma de revertir y atragantar un bombón corrupto adquiera la dimensión de acontecimiento, se vuelve indigesto y nutritivo a la vez porque, en condiciones normales, no debería pasar de incidente reprobable capaz de incrementar la carga de trabajo de la Justicia, sin más. La excepcionalidad lleva a sospechar, sin embargo, que no siempre se reacciona igual. A su vez, abre una sana senda a seguir ante posibles tentaciones semejantes.

El Govern saca pecho, se aferra a la ejemplaridad de una directora general que reaccionó «como debe hacerlo todo funcionario o cargo público». ¿Porqué tiene necesidad de resaltar tal comportamiento?

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