Un estudio de la UIB desmonta una de las grandes teorías sobre el turismo en Mallorca: las olas de calor no espantan a los visitantes
Una investigación realizada con casi 10.000 encuestas en el aeropuerto de Palma concluye que las altas temperaturas del verano no reducen la satisfacción de los turistas y que, en muchos casos, incluso forman parte del atractivo vacacional de la isla

Bañistas en una playa de Mallorca durante una ola de calor / B. Ramon
Johannes Krayer
Durante años se ha repetido la misma idea: que el aumento de las temperaturas y las olas de calor acabarían restando atractivo a destinos turísticos del sur de Europa como Mallorca. El razonamiento parecía evidente. Si en pleno verano se alcanzan 36, 38 o hasta 40 grados, muchos viajeros optarían por buscar destinos más suaves en el norte del continente.
Sin embargo, un nuevo estudio de la Universitat de les Illes Balears (UIB) cuestiona de lleno esa teoría. Y lo hace con datos. La investigación, basada en casi 10.000 encuestas realizadas a turistas en el aeropuerto de Palma, concluye que el calor extremo del verano apenas afecta de forma negativa a la experiencia vacacional de quienes visitan Mallorca.
Más aún: en muchos casos, las altas temperaturas forman parte de lo que el turista espera encontrar en la isla. “A los turistas les entusiasman las olas de calor”, sostiene Tolo Deyà, decano de la Facultad de Turismo de la UIB y principal responsable del estudio.
Casi 10.000 turistas encuestados en Palma
El trabajo se desarrolló entre abril y octubre de 2024. Durante esos meses, investigadores de la UIB entrevistaron en el aeropuerto de Palma a 9.616 turistas que regresaban a sus lugares de origen tras pasar unos días de vacaciones en Mallorca.
A todos ellos se les pidió que valoraran el tiempo de los cuatro días anteriores a través de una escala de puntuación. El resultado fue llamativo: un 26,7% definió el tiempo como “perfecto”, un 32,2% lo calificó de “excelente” y un 22,8% de “muy bueno”. Solo un 3% hizo una valoración negativa.
Después, los investigadores cruzaron esas respuestas con los datos reales de temperatura y condiciones meteorológicas. Y la conclusión fue clara: incluso en jornadas con temperaturas cercanas a los 40 grados, las valoraciones no empeoraban.
La teoría más extendida sobre el cambio climático y el turismo, en cuestión
El estudio de la UIB choca con dos de los grandes índices utilizados hasta ahora para medir el impacto del clima en la experiencia turística: el Tourism Climate Index (TCI) y el Holiday Climate Index (HCI).
Estos modelos parten de la base de que, a partir de cierta temperatura, el disfrute del viaje cae de forma evidente. Pero la investigación realizada en Mallorca sugiere que esa relación no es tan automática como se había dado por hecho.
Según explica Tolo Deyà, el problema de esos índices es que se construyeron a partir de hipótesis generales, sin una base empírica real obtenida directamente de los viajeros. Ahora, por primera vez, esas teorías se han contrastado con miles de respuestas recogidas sobre el terreno en un destino turístico como Mallorca.
No todos los turistas viven el calor igual
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que la percepción de las altas temperaturas cambia según el origen del visitante. Los turistas españoles son los que muestran una valoración más crítica cuando el calor aprieta, mientras que entre los británicos ese rechazo no aparece con la misma intensidad.
De hecho, los investigadores detectan que los visitantes del Reino Unido se muestran incluso más descontentos cuando las temperaturas son relativamente suaves, en torno a los 31 grados. La explicación apunta a una idea sencilla: en vacaciones, muchos turistas buscan precisamente aquello que no tienen en casa.
Para quienes llegan desde el norte de Europa, el calor forma parte del imaginario vacacional mediterráneo y refuerza la sensación de estar de vacaciones. En cambio, quienes viajan desde zonas de España donde ya acumulan semanas de temperaturas muy altas pueden tener una tolerancia menor.
Lo que sí estropea las vacaciones: lluvia, nubes y mal tiempo
El estudio no concluye que el tiempo no importe. Al contrario. Lo que revela es que el calor, por sí solo, no reduce necesariamente la satisfacción del visitante. Pero otros factores sí pesan más.
Las jornadas con nubes, lluvia o peor tiempo sí empañan de forma más clara la experiencia vacacional. También se observa que un viento más suave mejora la percepción de los días más calurosos.
Es decir, el turista que viaja a Mallorca en verano sigue queriendo sol, estabilidad y ambiente de playa. Y dentro de ese paquete, el calor intenso no parece ser, de momento, un elemento disuasorio.
Los turistas también se adaptan al calor en Mallorca
La investigación destaca además que los visitantes adoptan estrategias muy parecidas a las de los residentes para convivir con las altas temperaturas. Igual que un mallorquín evita la playa o las excursiones en plena hora punta de calor, los turistas también modifican sus rutinas.
En los días más sofocantes, concentran las actividades al aire libre por la mañana o a última hora de la tarde, mientras que reservan las horas centrales para descansar en el hotel o refugiarse en espacios interiores climatizados, como tiendas, restaurantes o museos.
Y, según el estudio, esa adaptación no genera una peor impresión general del viaje.
El motivo del viaje también influye
No todos los visitantes afrontan igual el calor. Los turistas que llegan a Mallorca con un objetivo claro de descanso son los que muestran un mayor nivel de satisfacción incluso cuando las temperaturas son muy elevadas.
En cambio, quienes viajan por trabajo reflejan una incomodidad mayor cuando el termómetro se dispara. También los visitantes que llegan por motivos culturales o por el ocio nocturno parecen sentirse algo más cómodos con temperaturas más suaves, aunque sin registrar un rechazo fuerte al calor extremo.
Mallorca mantiene intacto uno de sus grandes reclamos
El estudio de la UIB lanza, en definitiva, un mensaje con peso en pleno debate sobre cambio climático y turismo: al menos por ahora, las olas de calor del verano no están alejando a los turistas de Mallorca.
Más bien ocurre lo contrario. Para muchos visitantes, especialmente los procedentes del norte de Europa, el calor sigue siendo parte esencial de la experiencia de viajar a la isla. Sol, playa, altas temperaturas y vida al aire libre continúan formando parte del paquete que millones de turistas siguen asociando con unas vacaciones en Mallorca.
Y eso obliga a revisar una de las previsiones más repetidas en los últimos años sobre el futuro del turismo balear
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