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A Prohens se le enciende la bombilla

Marga Prohens en el Parlament.

Marga Prohens en el Parlament. / B.RAMON

Matías Vallés

Matías Vallés

Marga Prohens es una dura competencia para los editorialistas. A falta de solución, tiene una opinión para cada problema, como si siguiera en el Congreso deliberativo en lugar de presidir un ejecutivo. Ayer se le encendió la bombilla, para oponerse a la regularización de inmigrantes con una frase luminosa, digna de un arrebato místico de Miguel Bosé. «No todo el mundo que llega es un ser de luz». No se recordaba una incorporación lingüística de enjundia semejante desde que Jaume Matas evocara en el Parlament a los «entranyables xotets».

Con su «ser de luz», Prohens conecta con la obra maestra de Feijóo sobre la guerra de Irán, «En momentos delicados necesitamos sensatez, no brutalidad». En ambos pensadores, es imposible decir nada con menos palabras. En el caso balear, bastaría con consignar que aquí no cabe una persona más, pero hasta la derecha carece de convicciones arraigadas. Solo tiene dueños.

Cuando el teatro está lleno, nadie presupone que se insulta o se discrimina a quien se queda fuera por no disponer de una localidad. Incluso las izquierdas aceptarían que la política de puertas abiertas desluciría la función. Por cierto, los progresistas de casa cerrada con llave pueden quedarse con su acogedora rutina. No han entendido el triunfo de Magyar, hasta el New York Times se ha visto obligado a recordarles que ganar va por delante de las nobles causas.

La presidenta de Asuntos Exteriores de Balears viene completada en su lúcida reflexión por Sebastià Sagreras, aterrorizado ante la llegada en 2026 de 1.200 africanos en patera. Para su tranquilidad, son menos del diez por ciento de los extranjeros ricos que se instalaron en Balears el año pasado. Entre ellos se cuentan oligarcas rusos que matarían y matan por Putin, miembros de los clanes irlandeses de la droga o ciudadanos del país más peligroso de Europa, que se llama Suecia. Curiosamente, el PP no requiere que se les exija un certificado de penales a residentes tan peligrosos, ni mucho menos que se limite su número desbocado. Son seres de luz, aunque cada uno de ellos robe una casa que debería ocupar un mallorquín.

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