¿Por qué se llenan las urgencias de Baleares? Médicos y enfermeras responden: «La saturación empieza en los centros de salud»
Médicos y enfermeras coinciden en que los colapsos en las urgencias de Balears son el reflejo de un sistema tensionado desde muchos frentes: falta de accesibilidad en Atención Primaria, más pacientes crónicos y problemas de gestión dentro del hospital

Erlina Vijande, Carles Recasens, Miguel Lázaro y Jorge Tera / DM

Las urgencias no se saturan solas, son el último eslabón de un sistema que llega tensionado desde muchos frentes. Es una de las reflexiones en las que coinciden médicos y enfermeras preguntados por los episodios de colapso que se encadenan con cada vez más frecuencia en los hospitales del archipiélago. El problema, sostienen, no está solo en la puerta de urgencias, sino en todo el sistema sanitario.
«Las urgencias son un embudo donde acaba todo lo que no se ha resuelto antes», resume el presidente del Colegio de Médicos de Balears (COMIB), Carles Recasens. Cuando la Atención Primaria, las consultas o los recursos intermedios fallan o llegan tarde, el resultado termina en urgencias, señala. Uno de los principales problemas que destacan al ser preguntados es la accesibilidad: «Si te dan cita para dentro de diez días en el centro de salud, vas directamente a urgencias, por eso la saturación empieza en Atención Primaria», explica la delegada del sindicato SATSE en Son Espases Erlina Vijande.
A esto se le suma un uso inadecuado del sistema, una cuestión en la que también coinciden. Según el presidente del Sindicato Médico de Balears (Simebal), Miguel Lázaro, cerca del 40% de las urgencias hospitalarias deberían atenderse en centros de salud. «Las urgencias se han convertido en un atajo para acceder al sistema cuando un paciente tiene esperar para que le vea un especialista», reflexiona Lázaro. Recasens añade otro factor: el cambio social hacia la inmediatez. «Hay pacientes que acuden a urgencias porque creen que allí se les harán todas las pruebas más rápido, cuando no es así», señala.
El problema continúa dentro del hospital. Uno de los principales cuellos de botella está en la falta de camas y en la dificultad para ingresar pacientes: «Si el servicio de urgencias funciona, pero no hay camas en planta para ingresar a los pacientes, se quedan en urgencias», comenta Lázaro. Una de las imágenes que más se repiten en los picos de saturación, de hecho, son las de pacientes esperando horas o incluso días un ingreso.
Desde SATSE, Vijande apunta en la misma línea: «Tenemos a personas ingresadas que podrían estar en otros centros y ocupan camas durante semanas», señala. Se refiere sobre todo a pacientes mayores o crónicos que no necesitan un hospital de agudos, pero que no tienen otro recurso al que ir. La consecuencia es que las urgencias se llenan porque los pacientes no pueden salir del circuito hospitalario.
El envejecimiento de la población es otro de los factores clave en el que todos coinciden. Hay más personas mayores, con varias enfermedades y que requieren más cuidados. «Todavía tenemos un sistema pensado para el paciente agudo, pero cada vez atendemos más pacientes crónicos», explica el presidente de SATSE, Jorge Tera. Este cambio tiene un impacto directo en las urgencias, porque no solo llegan más pacientes, sino que permanecen más tiempo en el hospital, lo que dificulta la rotación de camas y agrava la saturación.
Para los profesionales, la falta de recursos sociosanitarios es una de las claves. «Necesitamos más centros donde derivar a estos pacientes», coinciden, y apuntan al futuro centro sociosanitario de Son Dureta como una pieza fundamental. Aun así, el camino es largo: «La cronicidad es un reto que necesita un cambio de paradigma completo dentro del sistema sanitario», reflexiona Tera. Recasens, sin embargo, matiza que ampliar infraestructuras no siempre resuelve el problema: «La demanda sanitaria es prácticamente ilimitada; si se abren más camas, acaban ocupándose», apunta.
Otro de los factores que alimenta la saturación es el aumento de las listas de espera. Cuando una intervención o una consulta se retrasa demasiado, muchos pacientes acaban recurriendo a urgencias por empeoramiento o dolor: «Si un paciente espera meses para operarse, es probable que termine pasando por urgencias antes», apunta Tera. Además, las propias decisiones para aliviar la presión inmediata, como suspender las cirugías programadas cuando hay mucha saturación, acaban generando más problemas a medio plazo: «Es pan para hoy y hambre para mañana», advierte Vijande.
Junto a los factores estructurales, los profesionales también subrayan a los «problemas de gestión» dentro del hospital. Tera apunta a retrasos en las altas, en los ingresos o en la coordinación entre especialidades. Vijande va más allá y habla de fallos en los circuitos internos: «Algo no funciona cuando hay pacientes que pasan varios días en urgencias». En todo caso, en este punto hay matices, porque los sindicatos ponen el foco en la organización y otras voces insisten en que se trata de un problema global del sistema y no solo de gestión interna.
Pese a las diferencias, todos coinciden en que no hay una única causa ni una solución inmediata. La saturación de urgencias es el resultado de varios factores que se acumulan y mientras no se actúe sobre ese conjunto, aseguran, los episodios de saturación seguirán repitiéndose cada vez con más frecuencia.
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