Entrevista
El eurodiputado del PSOE Juan Fernando López Aguilar, en Palma: «Europa no tiene hoy una voz respetable ni digna de ser escuchada»
Juan Fernando López Aguilar (Las Palmas de Gran Canaria, 1961) fue ministro de Justicia con Zapatero, es eurodiputado del PSOE y ha recalado en Palma para protagonizar una conferencia organizada por el PSIB sobre el papel de la Unión Europea ante los nuevos conflictos globales y la guerra de Irán
Advierte de un «severo desorden mundial» y reclama que Europa acelere su maduración como actor global sin renunciar a sus valores ni dejarse arrastrar por «la ley del más fuerte»

El eurodiputado López Aguilar posa para esta entrevista, momentos antes de la conferencia que dio el viernes en el Espai Quetglas de Palma. / Guillem Bosch

¿La guerra en Irán es un conflicto puntual o el inicio de un ciclo más amplio?
Es mucho más grave que un conflicto puntual. No es el inicio, es la continuación de un desorden global en el que grandes actores se están desvinculando de las reglas que nos dimos tras la Segunda Guerra Mundial. La exaltación de la fuerza bruta es la negación del orden internacional y de la paz.
¿Qué lectura hace de ese escenario?
Estamos viendo la imposición de la ley del más fuerte, y eso es incompatible con el derecho internacional. Podemos condenar la represión del régimen de los ayatolás y su brutalidad interna, pero eso no legitima una agresión unilateral contra un país soberano. El futuro democrático de Irán, si llega, no vendrá impuesto por las bombas o por el derramamiento de sangre. Ese es un principio que conviene defender, porque si aceptamos que la violencia puede ser el método para remodelar regímenes o regiones enteras, entonces aceptamos también que la destrucción genera más destrucción, más resentimiento, más odio.
¿Europa está siendo demasiado tibia en este escenario?
Peor que tibia: inane. Está practicando un doble rasero ominoso, intolerable, que pone en riesgo su credibilidad. Es inaceptable que la Unión Europea haya intentado sacar pecho con razón en la guerra de agresión de Putin contra Ucrania y, en cambio, haya mantenido un contraste tan brutal, primero en Gaza y ahora en Irán. En Gaza no se atrevió a llamar genocidio a lo que estaba ocurriendo. Y ahora en Irán no se atreve a condenar ni a Estados Unidos ni a Israel por la destrucción que están causando.

El eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar, durante la entrevista para este diario. / Guillem Bosch
¿Europa debería ser más contundente?
No solo más contundente. Para empezar, debería tener una voz respetable, digna de ser escuchada. Hoy no la tiene. Entre otras cosas, porque sigue atada por la regla de la unanimidad, que vuelve casi imposible una política exterior y de seguridad común. Josep Borrell se atrevió a pedir a Europa que despertara, que madurara deprisa, que apostara por su autonomía estratégica incluso dentro de la OTAN. Le criticaron muchísimo por eso, incluso le pidieron la dimisión. Ahora se echa de menos ese coraje, porque vemos a su sucesora, Kaja Kallas, mostrar mucho entusiasmo frente a la Rusia de Putin, que sin duda es una autocracia, pero ninguno a la hora de denunciar lo que pasa en Gaza, en Líbano o en Irán.
¿Estamos preparados para una crisis prolongada derivada de este conflicto?
No. Pero deberíamos estarlo, porque nos va la vida en ello. La Unión Europea tiene la obligación de emerger como actor global relevante. Y nuestra única estatura internacional posible es la supranacional. Ningún Estado miembro puede por sí solo, lo que exige convertir la autonomía estratégica en una industria europea de defensa y una especialización por capacidades, una capacidad operativa conjunta.
¿La Unión Europea tiene margen para influir en este conflicto?
Debe hacerlo, y tiene que ser cuanto antes. Hay que abandonar lo que muchos han llamado la edad de la inocencia europea. Europa tiene que asumir que vive en un mundo peligroso, lleno de amenazas, pero sin renunciar a su identidad ni a sus valores. Y la primera condición del derecho europeo en política exterior y de defensa es justamente su sujeción al derecho internacional. Eso no desaparece en tiempo de guerra; al contrario, obliga más. Por eso es imprescindible que Europa crezca a la altura de su promesa y aspire de verdad a ser escuchada. Hoy, dolorosamente, eso no sucede.
La postura de Pedro Sánchez ha sido criticada, el régimen iraní la ha ensalzado y Donald Trump la ha atacado. ¿Está quedando España en una posición incómoda?
Para ser coherente con tus principios hace falta coraje, y eso es lo que ha mostrado Pedro Sánchez. Sus posiciones son coherentes con los valores proclamados por la propia Unión Europea. Por tanto, es inaceptable pretender que porque un tercer país celebre la posición de Sánchez, él la haya adoptado buscando ese aplauso. No. La ha adoptado porque considera imprescindible que la Unión Europea tome conciencia de lo que está en juego.
Donald Trump ha roto puentes con Europa y mantiene un discurso muy agresivo hacia la Unión Europea. ¿Cómo deberíamos responder?
Europa no está respondiendo como debe. Es inaceptable que quien durante mucho tiempo ha sido el aliado principal de la relación transatlántica, Estados Unidos, trate ahora a la Unión Europea como un enemigo, y que lo haga además con desprecio. Y también es inaceptable que dentro de la propia Unión Europea haya caballos de Troya como Viktor Orbán, que en lugar de alinearse con los valores que firmó cuando Hungría entró en la UE, aplaude a quien nos insulta y nos desprecia. Europa tiene que afirmarse. No se trata de romper relaciones diplomáticas ni de salir de la OTAN, sino de tener autonomía estratégica, una voz propia, y de dejar claro que nadie le dice a la Unión Europea lo que tiene que hacer con lenguaje insultante.
¿Cree que este escenario puede marcar el principio del fin de la era Trump?
Eso no depende de nosotros. Estados Unidos se ha hecho una referencia mucho más ingrata y alejada de los valores democráticos. El regreso de Trump a la Casa Blanca ha desatado un periodo de inestabilidad, inseguridad e incertidumbre, pero también de agresiones por la fuerza bruta contra lo que quedaba en pie de la legalidad internacional. Hay mucha alarma, incluso por su deterioro mental.
¿Por qué la izquierda europea no consigue generar liderazgos tan potentes como el de Trump en la derecha?
Discuto esa premisa. Para muchísima gente, Trump no representa ningún liderazgo admirable, sino una degradación de la dignidad exigible a la presidencia de los Estados Unidos. Es un delincuente convicto, condenado penalmente; muchos lo consideran un corrupto y una persona indigna del cargo. Otra cosa es que estemos en un ecosistema de opinión pública radicalmente alterado por las redes sociales, por los algoritmos y por un modelo de negocio diseñado precisamente para premiar el conflicto, el odio, la simplificación extrema y la viralización acrítica. La gran misión de la izquierda es revertirlo.
¿Hungría debe seguir en la Unión Europea en estas condiciones?
Hace años que me enfrento a esa pregunta. La Unión Europea no contempla una cláusula de expulsión. Lo que se puede hacer es sancionar y condicionar el acceso a fondos europeos al cumplimiento de las obligaciones. Orbán ha hecho de esas sanciones parte de su discurso contra Bruselas, pero en realidad son la consecuencia de sus desmanes, de su corrupción y de un modelo autocrático que se disfraza de legitimación electoral.
¿La recuperación del ‘no a la guerra’ es una estrategia para mantener al PSOE a flote?
No es un eslogan ni una estrategia. Es una política basada en convicciones y en valores. El derecho internacional obliga a trabajar por la paz y a rechazar guerras de agresión salvo en defensa propia. Por tanto, decir no a una guerra perfectamente evitable, sin objetivos reconocibles, sin estrategia de salida y con un coste humano brutal, es coherencia democrática y jurídica.
¿Cree que está deteriorada la imagen de la justicia en España?
Hace mucho tiempo que España dejó de ser una democracia joven y, por tanto, ninguna institución está exenta de crítica. La Constitución dice que la justicia emana del pueblo y que la ejercen jueces independientes, pero también responsables y sujetos al imperio de la ley. Por tanto, cuando la ciudadanía percibe que hay jueces que no actúan con la responsabilidad exigible, nadie puede esperar que eso quede fuera de la crítica. Ahora bien, la justicia merece respeto y sus resoluciones se acatan.
¿Qué lectura hace de la condena al fiscal general Álvaro García Ortiz?
Estoy absolutamente convencido de su inocencia y, por tanto, de la injusticia de su condena. El origen de esa secuencia está en un caso de corrupción y en una manipulación posterior de lo ocurrido para atacar a la Fiscalía. Dicho esto, las sentencias se acatan, incluso cuando te parecen injustas.
¿Cómo está afectando al Gobierno y a Pedro Sánchez el caso Koldo?
Severamente. Es inevitable. A medida que se conocen más revelaciones, la repugnancia crece. Solo puedo añadir que ahí no solo ha actuado la justicia, también el partido ha reaccionado con contundencia en cuanto se ha ido sabiendo lo que estaba sucediendo. Pero evidentemente hace daño.
Dentro del PSOE conviven visiones muy distintas, como la de Felipe González. ¿Cómo interpreta esa tensión?
Felipe González fue secretario general del partido 24 años y presidente del Gobierno 14. Es una figura histórica, de enorme peso, y naturalmente responde por sus actos y por sus declaraciones. Yo pertenezco a una generación que le apoyó en momentos muy difíciles y lo que puedo decir es que él mismo llegó a la secretaría general cuestionando a una dirección anterior porque consideraba que había perdido el contacto con la realidad.
Para un hipotético relevo de Pedro Sánchez, ¿encaja mejor un perfil técnico como Carlos Cuerpo o uno más político como Óscar Puente?
Es un asunto que no está planteado. Ahora apoyamos al presidente del Gobierno, que encabeza un Ejecutivo en minoría sometido a un hostigamiento constante, razón más que suficiente para defender su continuidad.
¿Usted se ve como candidato a la presidencia del Gobierno?
Está fuera de lugar. El candidato notorio a la presidencia del Gobierno es Pedro Sánchez y el PSOE apoya su continuidad.
Se le considera uno de los eurodiputados más influyentes. ¿A qué cree que se debe?
A la intensidad, la entrega y la capacidad de combate como el primer día. El contexto no ha hecho más que empeorar. Cuando llegué al Parlamento Europeo las cosas no eran tan difíciles para los socialistas como ahora. Hoy estamos severamente minorizados en las instituciones, pero combato con la misma energía que cuando empecé.
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