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Medioambiente

Apilar piedras en Mallorca: «La gente lo olvida todo por la foto»

«El gran error es pensar que una piedra no sirve para nada, no están allí por casualidad ni en el litoral ni en la montaña», cuenta Biel Perelló, geógrafo y fotógrafo

Piedras apiladas. Talaia d'Albercutx, Pollença. Marzo 2026.

Imágenes vídeo: Bielperello.com / Pixabay

Palma

Cada vez es más frecuente ver piedras apiladas en diferentes puntos de Mallorca. Pueden confundirse con las fites, tienen un riesgo medioambiental y son un peligro para no perderse en las montañas.

Naturaleza de Mallorca

Terraferida lanzó la voz de alarma hace diez años y Biel Perelló, fotógrafo y geógrafo, hizo lo propio la semana pasada en su página web (bielperello.com) tras acudir a la Talaia d’Albercutx en Pollença, dentro del paraje natural de la Serra de Tramuntana (Patrimonio Mundial). «Es una vergüenza. En verano hay centenares de piedras en las puestas de sol. Suben con pianos electrónicos, altavoces y hacen rituales y meditación. Ahora, los montones de piedras que veo, los tiro», reconoce y añade: «Lo hacen para Instagram. Es postureo. Hay gente que crea un ambiente místico y cobra».

Perelló lamenta que, sobre todo, es desinformación. «La imagen en las redes sociales queda muy bien, pero es ignorancia. Lo que he hecho ha sido intentar explicar por qué no se pueden mover las piedras. Tiene que haber más información por parte de la comunidad autónoma. En Canarias, por ejemplo, saben que si te llevas cosas te multan. A mí me molesta mucho. La gente lo olvida por todo para hacerse fotografías. Nosotros hemos tenido fites toda la vida para no perdernos por la montaña. Esto son historias raras y las personas lo confunden», subraya.

«Ven esto como una moda y se produce un efecto llamada. Dos hacen tres, tres provocan cuatro, cuatro crean cinco y así sucesivamente. Es una reacción en cadena que llena superficies de piedras apiladas que no tienen ningún sentido», sostiene.

Afecta en la biodiversidad de la isla

Perelló también advierte de cómo afecta a la biodiversidad: «El gran error es pensar que una piedra en tierra no sirve para nada. No están allí por casualidad: en el litoral protegen ante la erosión y la fuerza del mar. En la montaña estabilizan el suelo y regulan procesos naturales. Debajo de cada piedra viven reptiles, insectos, caracoles o arañas, entre otros. Son también el apoyo de líquens y musgo y protegen la tierra porque evitan que la lluvia y el viento se lleve la tierra buena».

La conclusión que obtiene Perelló es clara: «Es un símbolo de degradación cultural y ecológica».

Piedras apiladas tomadas. Talaia d'Albercutx, Pollença. Marzo 2026.

Piedras apiladas tomadas. Talaia d'Albercutx, Pollença. Marzo 2026. / bielperello.com

Repercusión en la montaña

Bernat Fiol, portavoz de la entidad ecologista Gadma y miembro histórico de la plataforma pro camins públics i oberts, asegura que es un problema que cada vez aparezcan más. «Las fites marcan el camino y que haya gente que apile piedras puede confundir la ruta a seguir. Quien no conoce la montaña o tiene alguna duda puede crear confusión», asume.

«Creo que hay dos tipos de personas: el que se piensa que lo hace bien y el que lo hace mal a sabiendas. Alterar la ruta por dejadeza o para reír al final no tiene sentido. El excursionista habitual no hace eso, sin embargo hay personas que pueden romper la fita y hacer una alternativa», lamenta Fiol.

Aunque con el móvil es difícil desviarse en los tramos con cobertura las fites bien señaladas son una ayuda en los tramos sin conexión telefónica. «Las personas que hacen excursiones sin experiencia pueden tener algún problema. La montaña es un lugar muy serio. Hacer fites aquí no es el momento ni el lugar», subraya y añade: «No sé en qué punto nos encontramos, pero avisaría a la gente que no tiene experiencia. Apilar más piedras es un peligro porque las personas se pueden perder. No creo que sea un problema grave para la gente habitual, pero para quiénes empiezan o hacen una ruta por primera vez, sí».

La voz de alerta, en Ses Salines

Jaume Adrover, portavoz de Terraferida, explica cómo hace diez años avisaron de lo que se estaba produciendo. «Comenzamos en el municipio de Ses Salines y quisimos saber qué movía a las personas a hacerlo. Era una tradición budista que se estaba extendiendo por todo el mundo por imitación», asegura.

El artículo que publicaron fue un boom. «Conseguimos que la administración pusiera señalizaciones y símbolos con las piedras apiladas para que no lo hicieran. Habrá gente que lo habrá respetado y otros no. El impacto es grande en lugares culturalmente importantes», señala Adrover.

Pide también más actuación por parte de la administración para evitar este tipo de acciones: «Hay que retirar las piedras apiladas y, en los espacios sensibles, hay que establecer vigilancia de vez en cuando y poner alguna sanción a las personas que no lo entiendan. Hay situaciones que se deberían investigar. De los lugares que se fastidian estamos hablando de especies únicas. Antes no habíamos alterado los espacios tanto como ahora. La población local lo tiene más claro, suelen ser más los turistas en lugares concretos».

Un problema que necesita una solución cuanto antes porque, en unos años, se pueden ver los efectos de una forma muy clara por toda Mallorca.

Señal para evitar hacer montañas en los espacios naturales

En el Manual de Señaléctia de la red de Espacios Naturales de les Illes Balears aparece el pictograma que prohíbe hacer montañas de piedras. Sin embargo, en algunos lugares, siguen sin respetarla. «Cuando mayoritariamente le explicas a las personas esto, lo comprenden muy bien. En cambio, ¿Cómo consigues explicarlo a 19 millones de turistas? Tenemos muchos y cualquier pequeña acción se convierte en un gran impacto», sostiene Jaume Adrover.

«Otra situación que está relacionada es que los espacios tan turísticos parece que entran en lugares sin ley en el que está todo permitido. La sensación la ha generado la propia industria turística: ven y haz lo que quieras, evádete y disfruta de diez días a todo tren», subraya ante alguna de las causas de que se apilen piedras en diferentes zonas, tanto costeras como montañosas, de la isla.

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