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Lletra menuda

Profesores, del respeto al pánico

CIFP Pere de Son Gall de Llucmajor

CIFP Pere de Son Gall de Llucmajor / GUILLEM BOSCH

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Antes que por sus resultados académicos, la calidad y solvencia de un centro educativo se mide por la capacidad pedagógica de su claustro de profesores. Es así porque, de no cumplirse los mínimos en esta segunda condición, resulta imposible aprobar en los primeros. A partir de ahí, no podemos ser optimistas ante lo que ocurre en ya demasiados colegios de Mallorca, dado que también es imposible impartir una determinada materia sin cumplir con los valores básicos de la condición humana.

Al lastre de las informaciones públicas que van surgiendo, existen ya demasiados indicios, tendentes a la prueba contrastada, de que los cimientos de la enseñanza reglada en Balears se están resquebrajando. El nuevo del CIFP Pere de Son Gall, de Llucmajor, tiene tintes de especial gravedad y la primera pregunta es porqué no existen protocolos, o como quiera llamársele, capaces de detectar y neutralizar el acoso y el menosprecio personal. Hemos llegado a un punto en el que la denuncia es la gota que hace desparramar el vaso. Se produce cuando el daño ya no puede evitar sus secuelas.

Un profesor está para motivar y apoyar al alumnado, no para abusar de su poder en perjuicio propio y ajeno. Se entiende que a una jefa de estudios le corresponde animar el engranaje del claustro de profesores, no contaminarlo con intereses sentimentales ubicados fuera de lugar. Dada su gravedad, lo que se cuenta, denuncia e investiga en el CIFP de Llucmajor ni siquiera es útil para un folletín de mal gusto. Hemos pasado del respeto al pánico al profesor y lo que aún es peor, al pánico entre profesores a cuenta de abusos de poder, ansiedades, espionajes, «tratos vejatorios», mofas y castigos. Todo ello, materias nada didácticas. Es en este punto cuando han entrado en las aulas primero las denuncias de los padres y después la Inspección Educativa en busca de evaluación psicosocial. Trámite. Tampoco podemos pedir amparo a la condición de caso aislado, único y excepcional porque lo ocurrido en Llucmajor es compatible con los antecedentes del Centro de Tecnificación Deportiva, el Josep Maria Llompart o el IES Santanyí. Mal curso.

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