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El plástico asfixia a Baleares con 1.300 toneladas en el campo y el 60% del residuo marino

Una investigación de Mallorca Preservation revela que la densidad de basura en el fondo marino no baja tras el verano y que el sector agrícola produce cada año más de un millón de kilos de desechos plásticos

Dos buceadoras con residuos encontrados en Andratx.

Dos buceadoras con residuos encontrados en Andratx. / Mallorca Preservation

Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

La belleza idílica de Balears esconde una realidad física preocupante: una invasión silenciosa de plásticos que no solo flota en la superficie, sino que se asienta en las profundidades de sus costas y se fragmenta en sus tierras de cultivo. El último balance de la fundación Mallorca Preservation revela una radiografía inquietante sobre la persistencia de estos residuos en el archipiélago, donde la presión humana y la actividad económica están dejando una huella difícil de borrar.

Uno de los frentes de batalla más complejos se encuentra en la agricultura. Tradicionalmente, el uso de plásticos para el acolchado de huerta ha sido una herramienta indispensable para optimizar el agua y evitar malas hierbas. Sin embargo, su gestión se ha convertido en un problema ambiental. Ana Riera, directora de Mallorca Preservation, explica que estos materiales acaban integrándose en el ecosistema de forma irreversible si no se actúa a tiempo. «Es un plástico que cumple una función, pero que luego contamina muchísimo, porque a la hora de retirarlo está tan dañado por la exposición al sol que se fragmenta y no hay manera de sacarlo; al final siempre acaba quedándose mezclado con la tierra», señala a este diario.

Para frenar esta degradación, la entidad colabora -apunta su directora- desde 2019 con la Asociación de Agricultores Ecológicos de Mallorca (APAEMA) promoviendo el uso de biofilmes de almidón de patata. Así, se han reemplazado ya 900 kilómetros de plástico, lo que supone «evitar que 17.000 kilos de polímeros terminen sepultados bajo los cultivos de la isla», destaca la experta. No obstante, el reto es mayúsculo, ya que el sector genera unas 1.300 toneladas de residuos plásticos anuales, lo que «obliga a buscar alternativas urgentes en mallas de algodón o tutores biodegradables», detalla.

Ana Riera, directora de Mallorca Preservation.

Ana Riera, directora de Mallorca Preservation. / Mallorca Preservation

Fondo marino sin descanso

Mientras la tierra intenta digerir el plástico, el mar Balear actúa como un sumidero donde los residuos se acumulan de forma crónica. El estudio piloto realizado por la fundación en 2025 en 21 localizaciones del archipiélago demuestra que el 60% de los objetos encontrados en el fondo son plásticos, principalmente de alta densidad. Los muestreos realizados en primavera y otoño han arrojado datos reveladores sobre la capacidad de regeneración del medio. Según detalla Elisa Langley Ribas, coordinadora técnica del estudio, la presencia de basura es constante durante todo el año, independientemente de la temporada turística alta.

En Mallorca, las cifras son especialmente críticas, con densidades que superan los 3,2 objetos por cada 100 metros cuadrados tanto antes como después del verano. «En primavera tú puedes estar asociando esa cantidad de residuos a actividades de acumulación de muchos años. En cambio, en otoño, cuando vuelves y te encuentras una cantidad elevada, realmente ha sido durante el aporte de la hidrodinámica como de las actividades que se ejercen en esa costa cercana durante esos seis meses», apunta Langley. Esta persistencia indica que el ecosistema no logra deshacerse de la carga contaminante que recibe de forma continua.

Plástico deteriorado que contamina la tierra.

Plástico deteriorado que contamina la tierra. / Mallorca Preservation

Ante esta situación, la movilización social se ha convertido en el último baluarte de defensa. Durante el pasado año, casi 300 voluntarios participaron en limpiezas de playa organizadas por la fundación, logrando retirar 133 kilos de basura de los arenales. Entre los residuos más dañinos destacan las colillas; de las cuales se recogieron casi 6.000 unidades en un solo ejercicio. El impacto «es devastador si se tiene en cuenta que una sola contamina hasta 500 litros de agua», advierte Riera. Estas acciones, más allá de la retirada física del residuo, buscan generar una base de datos científica que permita a las administraciones tomar medidas de gestión basadas en la realidad del entorno. El objetivo final es alcanzar el «residuo cero»- recuerdan desde la entidad- en unas islas cuya salud ambiental depende, hoy más que nunca, de la capacidad para desconectarse del plástico.

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