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Mallorquinas al mando del futuro: el éxito de la ciencia y la diplomacia global

Marta Pascual Estarellas y Marga Gual Soler lideran desde Barcelona y Ginebra la carrera por la soberanía tecnológica europea y la gobernanza de la inteligencia artificial, apostando por un modelo de gestión inclusivo que rompe con las jerarquías tradicionales

Marga Gual y Marta Pascual.

Marga Gual y Marta Pascual. / DM

Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

En un mundo que se acelera entre algoritmos de inteligencia artificial y tensiones geopolíticas, dos mujeres nacidas en Palma están liderando la conversación sobre cómo será el mañana. No lo hacen desde la retaguardia, sino desde los centros neurálgicos donde se decide la soberanía tecnológica y la ética del conocimiento: Barcelona y Ginebra. Marta Pascual Estarellas y Marga Gual Soler representan ese talento que un día partió de la isla para formarse en Japón, Australia o Estados Unidos y que hoy, con una madurez profesional apabullante, reclama un espacio propio para Europa y un nuevo modelo de liderazgo que rompa con los viejos esquemas de «tiburones» y despachos cerrados.

Pascual, nacida en 1989, es hoy la directora general de Qilimanjaro Quantum Tech, la única empresa en España que construye ordenadores cuánticos de principio a fin. Su trayectoria es el reflejo de una curiosidad insaciable que la llevó a dejar la Química por la Física y a doctorarse en el Reino Unido antes de investigar en Tokio. Por su parte, Gual, nacida en 1984, ha transitado de la biología molecular a convertirse en una de las voces más influyentes de la diplomacia científica mundial desde GESDA, en Suiza. Ambas comparten un origen común en la Universitat de es Illes Balears (UIB) y una visión: la ciencia no es solo un conjunto de datos, sino la herramienta más poderosa para transformar la sociedad.

La computación cuántica suena a ciencia ficción para el ciudadano de a pie, pero Pascual lo explica con la claridad de quien domina el futuro. Mientras los ordenadores convencionales procesan información de forma binaria, la cuántica permite resolver problemas que hoy no tienen solución, como la simulación de moléculas para fármacos contra el Alzheimer o el Parkinson. «Con un ordenador normal necesitarías recursos exponenciales, o sea, infinitos casi, casi, que crecen muy rápido con el tamaño del problema, pero con un ordenador cuántico, como es capaz de describir muy bien esa matemática, necesita recursos lineales», detalla.

Esta tecnología no solo es una cuestión de velocidad, sino de sostenibilidad. En plena explosión de la inteligencia artificial, las grandes tecnológicas están llegando al límite de su capacidad energética, llegando incluso a plantear la construcción de plantas nucleares para alimentar sus centros de datos. Frente a este modelo de «fuerza bruta» que apila procesadores sin descanso, la computación cuántica de Qilimanjaro se postula como una «alternativa inteligente y eficiente», sostiene. «La cuántica va a ser esa nueva revolución» y «se postula y entra como una alternativa sostenible a poder seguir cumpliendo las demandas de la sociedad de procesamiento de datos», explica la CEO de la compañía.

Marta, junto al Conseller de Empresa y Trabajo de la Generalitat, Miquel Sàmper.

Marta, junto al Conseller de Empresa y Trabajo de la Generalitat, Miquel Sàmper. / Qilimanjaro Quantum Tech

Diplomacia ante la ebullición

A unos mil kilómetros de distancia, en Ginebra, Marga Gual trabaja en la «anticipación». Desde GESDA, utiliza el Science Breakthrough Radar para mirar al horizonte y predecir qué avances científicos impactarán en la humanidad dentro de cinco, diez o veinticinco años. Su labor es traducir esa complejidad técnica al lenguaje de la diplomacia. «Llevamos esta información científica a la diplomacia para poder tomar mejores decisiones informadas por la ciencia y anticipar los temas tanto de gobernanza, como de ética, como de derechos humanos», explica a este diario. El objetivo es que «el multilateralismo deje de ser reactivo y lento para volverse proactivo», matiza.

Llevamos esta información científica a la diplomacia para poder tomar mejores decisiones informadas por la ciencia y anticipar los temas tanto de gobernanza

Marga Gual

Gual sabe bien de lo que habla. Su experiencia en la Antártida con la expedición Homeward Bound le enseñó que en los lugares más extremos del planeta, donde no hay gobiernos ni fronteras, quien realmente manda es la ciencia. Para la directora Ejecutiva, Capacidad y Liderazgo en GESDA, la diplomacia científica es el antídoto contra la desinformación. «La ciencia tiene que formar parte de la cultura», defiende Gual, quien aboga por integrar el conocimiento científico en la sociedad al mismo nivel que la literatura o el arte. «Eso nos ayudaría muchísimo a tomar mejores decisiones como ciudadanos, pero también como líderes y en la política pública», añade, subrayando que el método científico, al autocorregirse, es la mejor brújula ante la incertidumbre.

Uno de los puntos donde Pascual y Gual convergen con más fuerza es en la necesidad de repensar cómo se manda. Pascual lidera una empresa tecnológica puntera con un equipo directivo mayoritariamente femenino. No es casualidad. «A los hombres les han enseñado que tienen que ser tiburones, muy agresivos y, a veces, con unos egos impepinables. Y eso, para mí, no sirve para nada, sobre todo cuando estás haciendo ciencia», afirma tajante. Para la CEO de Qilimanjaro, «la creatividad solo puede venir del bienestar», y ese bienestar nace de entornos que huyen de la competición tóxica.

Gual coincide en este enfoque horizontal. En su trayectoria por las altas esferas internacionales, ha comprobado que el «liderazgo más distribuido, más equitativo y horizontal es mucho más efectivo». Menciona ejemplos claros: «En las negociaciones donde participan mujeres se ha visto que la paz dura más». Ambas defienden la flexibilidad y la conciliación no como un beneficio extra, sino como una prioridad estratégica. Pascual lo tiene claro: «Si tú no estás bien, es muy difícil que las cosas te salgan bien», y por ello apuesta por modelos híbridos y transparencia total para retener el talento que gigantes como Google o IBM intentan captar.

La perspectiva feminista no es solo una cuestión de representación, sino de diseño de la propia tecnología. Gual advierte sobre los peligros de los sesgos si no hay una participación plural. «Hemos visto que los sesgos de, por ejemplo, ensayos clínicos que solo se han hecho en hombres durante décadas, que la medicina no responde o no sirve a las mujeres de la misma manera», advierte. Teme que este patrón se repita en la IA y la cuántica si el desarrollo queda en manos de unos pocos países o empresas: «Si se quedan atrás, la brecha va a aumentar a velocidad más exponencial».

Para Pascual, el liderazgo diverso cambia las prioridades de «para qué y cómo se usa esta tecnología». Al frente de «la única empresa española en este campo estratégico», su objetivo es que los ordenadores cuánticos sirvan para resolver problemas reales de la sociedad con una base ética. Europa busca una «filosofía ética propia» que la diferencie de modelos autoritarios o puramente extractivos, y ese marco solo puede construirse si quienes toman las decisiones aportan una mirada que incluya el bienestar y la pluralidad, mantiene.

Gual en un momento de  la Semana de la Diplomacia Científica de Ginebra 2025.

Gual en un momento de la Semana de la Diplomacia Científica de Ginebra 2025. / MARC_BADER

Mallorca, laboratorio de futuro

A pesar de sus carreras globales, ninguna de las dos olvida sus raíces. Pascual recuerda sus inicios en la UIB como investigadora de prácticas y cómo un giro inesperado la llevó de suspender Física en la carrera a doctorarse en la materia en el extranjero. Gual, por su parte, ve en Balears un potencial infrautilizado para liderar en sostenibilidad. «Podríamos avanzar muchísimo en el conocimiento del océano, del cambio climático, de la biodiversidad, la economía azul... tenemos un potencial enorme y nos hace falta creer en ello», afirma convencida.

Ambas coinciden en que el modelo económico basado exclusivamente en el turismo tiene límites. «Deberíamos diversificar», señala Gual, quien visualiza a las islas como un puente de diplomacia científica en el Mediterráneo. Pascual concluye con una llamada a la ambición colectiva: «Hay que creérselo y ver que realmente podemos no solo competir, sino liderar algunas carreras y no siempre estar detrás». El talento mallorquín ya está codiseñando el mundo que viene; ahora toca que su tierra sepa aprovechar su visión.

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