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El odio crece en los institutos

Antoni Vera, este viernes en rueda de prensa en la Conselleria de Educación.

Antoni Vera, este viernes en rueda de prensa en la Conselleria de Educación. / CAIB

Matías Vallés

Matías Vallés

Se precisa odiar mucho a un docente para ensañarse con su persona por medio de la violencia más dolorosa y cobarde, la digital. La estampa de profesores obligados a denunciar a sus alumnos ante la Guardia Civil demuestra, por si falta hiciera, que la convivencia en los institutos de enseñanza media ha superado la masa crítica, para tornarse explosiva.

El odio crece mientras se repite el ceremonial, empezando por el comunicado en defensa de la propia indemnidad física firmado por los profesores, que se muerden la lengua para no denunciar enteramente sus padecimientos. O la actitud contemplativa de la conselleria refugiándose en la autoría indefinida, cuando esta ignorancia supone el primer fracaso de Educación, que siempre es la última en enterarse.

No se pueden colocar los institutos bajo vigilancia policial, sería mejor cerrarlos. Han sido centros de excelencia frente a la autoinflada educación privada, de misa diaria y donde todo alumno puede ser excelente porque el cliente siempre tiene la razón. Tal vez la conselleria inerte pero forrada de cargos pueda averiguar, como mínimo, el porcentaje de profesores en tratamiento psicológico una vez que el odio ha sustituido a la convivencia en sus centros.

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