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Mallorca distribuye la riqueza por edades

Viviendas en Mallorca

Viviendas en Mallorca / M. Mielniezuk

Matías Vallés

Matías Vallés

Si un mallorquín posee dos casas y otro ninguna, ¿cuál de ellos tiene más de 60 años? El mismo interrogante puede plantearse con la edad de los titulares de depósitos bancarios medidos en decenas de miles de euros. La mayor fuente de desigualdad de Balears es la edad. El único capítulo numérico a favor de los jóvenes son los kilómetros recorridos a lo largo y ancho del planeta.

Con esta distribución de la riqueza de Mallorca por edades, las entidades financieras cumplen estrictamente con la misión de templos del dinero que conservan desde la antigua Grecia, pero sin influir en ningún caso en un reparto más equitativo. El Banco de Papá y Mamá, que sustituye los préstamos por donaciones, es la institución crediticia que ralentiza cuando menos una revuelta social.

Balears acumula 37 mil millones en depósitos, o más de treinta mil euros per cápita. Es una cantidad escalofriante, en sintonía con el rango de única comunidad que es contribuyente neta al Estado, porque Madrid y Cataluña obedecen a circunstancias metropolitanas. Una primera cautela consigna que las sumas reseñadas incluyen el ahorro empresarial.

Sobre todo, el entusiasmo se atenúa al comparar la cantidad anterior con los 33 mil millones adeudados a los bancos. Aunque se ha corregido el desfase negativo de la crisis, la fortuna real por mallorquín no alcanza a cuatro mil euros. La mayoría de hogares estadounidenses no pueden afrontar gastos inesperados de dicha envergadura, que en Mallorca equivalen apenas a dos meses de alquiler. En conclusión, la isla no es rica, sino que fabrica riqueza sin consolidarla, y no puede dejar de pedalear a riesgo de arruinarse súbitamente.

El conflicto de Irán se inmiscuye en este panorama macroeconómico como una prueba al papel de tornasol. Hasta que los riesgos bélicos se concreten eventualmente, se habita el reino de la psicoeconomía. De momento, Mallorca se ha tomado la guerra a la ligera, sin el dramatismo de países como Eslovenia que llaman a la población a ahorrar combustible.

Irán deshará inevitablemente la tendencia negativa de la inflación, una décima en los dos primeros meses del año en Balears. Las previsiones turísticas son zigzagueantes, porque un conflicto bélico provoca algo peor que las caídas de actividad, su desorden. Con su flema, Mallorca no se comporta como una superpotencia, sino como una superprepotencia.

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