Gastronomía
Los bufets más populares de comida mallorquina de la isla: “Cuesta más la gasolina que el ‘berenar’"
“La base es tener un precio asequible y que la comida sea buena”, asegura Jordi Carreras Mascaró, el propietario del restaurante Ses Torres de Ariany

César Mateu
Encontrar un buen bufet de comida tradicional en Mallorca cada vez es más complicado, aunque todavía los hay. La cocina casera y los platos típicos siguen siendo un gran reclamo mientras la gastronomía internacional gana peso en la isla. Son un símbolo de resistencia, que trabajan con una premisa sencilla, pero complicada. "La base es tener un precio asequible y que la comida sea buena", confiesa Jordi Carreras Mascaró, propietario del emblemático restaurante Ses Torres de Ariany.
Ses Torres, un emblema
"Está abierto desde hace unos 37 años. Lo fundaron mi padre y mi madre", cuenta y añade que su plato estrella es la porcella, aunque todo el producto mallorquín es un gran reclamo en su establecimiento.
Al menos una vez por semana, Isabel y Rafel acuden al restaurante Ses Torres a desayunar. Es una costumbre para ellos desde hace unos cinco años. "Nos cuesta más la gasolina que el 'berenar'", aseguran porque viven en Pollença y el trayecto hasta Ariany dura 40 minutos. Tienen claro que lo suyo no es el bufet. "Hay muchas cosas para probar y nos gusta todo. Venimos a desayunar. El precio es asequible y está bueno. Hoy hemos venido con una idea fija: guatleres (codornices). Y nos gustan mucho. Nos sentimos bien aquí", cierran.
Mapa de los bufets de comida mallorquina
A las 12:30 horas comienzan a aparecer clientes que quieren disfrutar de las delicias mallorquinas en uno de los locales más carismáticos de la part forana.
Según un mapa compartido en redes sociales por la cuenta Cap de Fava amb Orelles, que recopila varios bufets repartidos por distintos puntos de la isla, destaca nueve de comida mallorquina: restaurante Menestralia, en Campanet; Sa Fonda, en Muro; Ses Torres, en Ariany; Jordi d’es Recó, en Manacor; Bona Gent, Buffet Son Pardo y Ca’n Matias i Miquel, los tres en Palma; restaurante Binicomprat, en Algaida; y Sa Travessia, en Campos.
Platos caseros en Muro
La ruta continúa a 20 kilómetros de Ariany, en Sa Fonda en el centro de Muro, que cambió de propiedad hace unos ocho meses. Margarita Morro se hizo con el negocio aunque ya había trabajado con la antigua dueña y, anteriormente, sus padres regentaron el local. "El bufet aquí se hace desde hace mucho tiempo. Sé cómo va y, además, mi madre me había enseñado a cocinar la comida mallorquina", explica.

Margarita Morro, propietaria de Sa Fonda en Muro. / C. Mateu
"Intentamos hacer platos con producto fresco y va bien. Hoy tenemos fideus de marjal, ciurons cuinats, llenties, sopa, paella, tres platos de carne, uno de pescado, otro de verdura y pasta. De lunes a sábado tiene un precio de 14 euros y los domingos, de 24", asegura Morro, que semanalmente más de 300 personas disfrutan de su comida casera.
Comida mallorquina en Campanet
El restaurante Menestralia en Campanet es uno de los atractivos novedosos de este tipo de comida en el Raiguer. "Empezamos el 20 de noviembre del año pasado, lo cerraron los antiguos propietarios y nosotros comenzamos con el concepto de bufet porque antes había menú", asegura Manu, el encargado del establecimiento.
"Por la zona no hay este tipo de local y por eso también se decidió esta oferta, ya que para comer bufet te tienes que ir a Palma porque por aquí no hay mucho", apunta y añade algunos de los mayores reclamos de la clientela: "Lechona, cabrito, frit de cordero, arròs brut, caracoles, paletilla...Esto es, sobre todo, los fines de semana. Entre semana no tenemos todos los días lo mismo, va variando".

Manu, el encargado del restaurante Menestralia. / C. Mateu
A Contracorriente en Santa Catalina
El Bona Gent es uno de los últimos reductos de comida mallorquina en el barrio de Santa Catalina en Palma. Cada vez hay más cafés de especialidad, gastronomías muy internacionales y menos cocina local. "A lo mejor hace unos 60-70 años que se hace bufet aquí", cuenta Bernardo el encargado del local.
"De martes a viernes hacemos menú, el sábado ofrecemos un bufet pequeño en un local reducido con siete platos calientes y siete fríos, mientras que los domingos son el doble de elaboraciones, entre las que destacan las sopas mallorquinas, diferentes tipos de fritos, callos o manitas de cerdo", explica y añade: "Queremos que el corazón de un barrio como este siguiera la comida mallorquina porque la gente lo busca y ya no se encuentra". Un ejemplo inusual en Palma.

Fachada del Bona Gent en Palma. / C. Mateu
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