Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo: “Cuando aparece un nieto o nieta la sensación de las Abuelas es asistir a una suerte de nacimiento»
A 50 años del último golpe militar en Argentina, la activista por los Derechos Humanos detalla el vínculo con España donde «personas apropiadas en el franquismo ignoran su verdadera identidad», explica el avance científico que significa el ‘índice de abuelidad’ y habla del gobierno de Milei. Además, profesoras de la UIB y un exgerente recuerdan la conferencia que dio el 2005 en Sa Nostra

Abuelas de Plaza de Mayo

«El principal logro de las Abuelas son los 140 nietos que hemos restituido, pero hemos hecho camino al andar también, porque nuestra búsqueda ha generado el avance en la ciencia. Sin la identificación genética de nuestros nietos, nunca podríamos haberlos encontrado», explica desde Buenos Aires la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, a más de dos décadas de su única visita a Mallorca, cuando dio una conferencia sobre su historia personal, y a 50 años del último golpe militar en Argentina (1976-1983), que hizo desaparecer a 30.000 personas.
La histórica Plaza de Mayo, ubicada en Buenos Aires, queda frente a la Casa Rosada, sede del Poder Ejecutivo. Allí, en 1977, un grupo de mujeres se juntó para reclamar por la aparición con vida de sus hijos y nietos. El primer encuentro de Madres fue en abril y seis meses después se reunieron Abuelas por primera vez, ambas caracterizadas con el célebre pañuelo blanco en la cabeza que simboliza el pañal de sus hijos y nietos.
El vínculo de las Abuelas con España es profundo. No solo por los lazos históricos que unen a ambos países, sino también porque en la última dictadura argentina muchos exiliados y exiliadas se refugiaron aquí y, al igual que en Italia, formaron redes para denunciar los crímenes del terrorismo de Estado.
«Hemos encontrado nietos que viven en Italia. Recuerdo el caso de Marcela Solsona Síntora, restituida en 2019, quien pudo conocer a su padre, sobreviviente de la dictadura, y a sus dos hermanos. Nuestros nietos pueden estar en cualquier lado, y con más razón en España», resalta Carlotto. «Tenemos una Red por el Derecho a la Identidad, que funciona en más de 40 ciudades, la mayoría en Argentina, pero también en el exterior. Dos nodos funcionan en Madrid y Barcelona con personas solidarias que nos ayudan a difundir nuestra búsqueda y pueden orientar a quienes dudan de su origen», explica.

Estela de Carlotto y Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, el 24 de marzo de 2024 en Buenos Aires. / Abuelas de Plaza de Mayo
De maestra a Abuela
Maestra de primaria por casi tres décadas, Carlotto, de 95 años, nació el 22 de octubre de 1930 en la capital de Argentina. De niña se mudó a La Plata, provincia de Buenos Aires. Laura, una de sus hijas, fue una de las centenares de mujeres embarazadas que parieron durante su cautiverio en centros clandestinos de detención, tortura y exterminio. Estudiante de Historia y militante política, fue secuestrada en noviembre de 1977 con 23 años.
En 1978, Carlotto se enteró por sobrevivientes de que Laura estaba viva y esperando un hijo. Y que si el bebé era un niño lo iba a llamar Guido, como su padre. En aquel tiempo había empezado gestiones para liberarla. Su interlocutor fue un general, que le dijo con frialdad, en una reunión a solas con un arma sobre el escritorio, que Laura no iba a sobrevivir.
Así fue como el 25 de agosto de 1978 los militares le entregaron el cadáver de su hija. Carlotto, en ese momento, no sabía qué había pasado con su nieto. Entonces comenzó a participar de forma activa en Las Abuelas de Plaza de Mayo, asociación que preside desde 1989. En 2014, un hombre con dudas sobre su identidad, se comunicó con ellas y tras realizarse un examen de ADN supo que su abuela era Estela. De este modo, Ignacio Montoya Carlotto, el que tuvo Laura con Walmir Oscar Montoya, también asesinado en la dictadura, se convirtió en el nieto 114 en recuperar su identidad.
«Según nuestros cálculos faltan alrededor de 300 y cada vez que aparece un nieto o nieta la sensación es asistir a una suerte de nacimiento, aunque se trate de personas adultas que están llegando a los 50 años», cuenta. «En cada restitución de identidad hay una familia que hace años que busca a esa persona que aparece, y en ese momento puede acercarse, conocerlo, abrazarlo, y empezar a reparar un poco esa herida causada por la desaparición y por la apropiación. En mi caso, tuve la suerte de encontrar a mi nieto hace más de diez años ya, y fue maravilloso, pero las Abuelas siempre supimos que la nuestra es una búsqueda colectiva, por eso nos alegramos con cada aparición, aunque no sea el nieto propio, y por eso decimos que somos como una familia».
El ‘índice de abuelidad’
En un principio las Abuelas no sabían cómo identificar con certeza a los nietos. Con sus hijos desaparecidos, era imposible certificar la filiación ante un juez. Los niños habían nacido en maternidades clandestinas y en muchos casos se desconocía el sexo. Entonces recurrieron a la ciencia. Investigaron con tesón si había algún elemento en la sangre compatible entre abuelos y nietos. Visitaron laboratorios, centros de investigaciones, academias y universidades, se reunieron con genetistas de todo el mundo sin tener formación en la materia.
En 1984 obtuvieron la respuesta. Un grupo de científicos estableció lazos de parentescos entre abuelos y nietos. La verdad estaba en la sangre. Así nació el ‘índice de abuelidad’, que calcula la probabilidad de que abuelos maternos y paternos sean efectivamente los abuelos de un niño o niña determinada a través de específicos análisis sanguíneos.
Comprobaron que el ADN de un niño es, de alguna manera, la combinación de los ADN de sus cuatro abuelos. La eficacia que garantiza el parentesco alcanza al 99,99%. Una de las genetistas responsables en desarrollar el índice es la estadounidense Mary-Claire King, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2025.
«El ‘índice de abuelidad’ fue formulado por científicos y científicas a instancias de las Abuelas, y conseguimos que se creara un Banco Nacional de Datos Genéticos, público y oficial, donde se almacenan los perfiles de las familias que buscan a sus seres queridos y allí se comparan con los de las personas que se acercan a nosotras con dudas sobre su identidad», detalla Carlotto.
«Hemos construido un derecho, el derecho a la identidad, que no existía prácticamente como tal, y logramos que se incorpore a la Convención de los Derechos del Niño. Logramos avances en la justicia, en la legislación atinente a adopciones, en la concientización de la población en general respecto al derecho a la identidad», expresa con orgullo.
Con el regreso de la democracia, la justicia argentina comprobó que el proceso militar estructuró un plan sistemático de apropiación de bebés. Algunos fueron entregados a familias de militares o cercanas a ellas, otros fueron abandonados en institutos de menores. Hubo familias engañadas que de buena fe adoptaron a niños que eran hijos de desaparecidos.
En este sentido, Carlotto puntualiza que el vínculo de las Abuelas con España «también tiene que ver con una problemática parecida, con sus diferencias por supuesto, porque en España todavía hay muchas personas que fueron apropiadas durante el franquismo y que ignoran su verdadera identidad».

Estela de Carlotto y la profesora Esperanza Bosch, en la conferencia que la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo dio en Sa Nostra en 2005. / -
Una Abuela en Mallorca
«Te he visto llorar desde el primer momento, no llores más. Tranquila». Estela de Carlotto acaba de terminar la conferencia El tiempo y la memoria en el auditorio del Centro Cultural Sa Nostra el 7 de julio de 2005.
A lo largo de dos horas cuenta su tragedia personal, la historia de sus compañeras de lucha. Apenas baja del escenario elude a cientos de personas conmovidas y acongojadas que querían abrazarla y agradecerle, y va directo a calmar a Capilla Navarro, que la escuchó sentada en primera fila porque era parte del Grupo de Investigación de Estudios de Género de la UIB, dirigido por las profesoras Esperanza Bosch y Victoria Ferrer, organizadoras de la convocatoria.
«Yo tenía 25 años. Estela estaba muy cerca de mí. Es uno de los pocos hitos en mi formación que marcaron un antes y un después en mi vida que me acompaña hasta hoy», recuerda Navarro, actual directora de la Oficina para la Igualdad de la universidad.
Mientras relata su experiencia, sobre el escritorio tiene los libros Estela. La biografía de Estela de Carlotto con prólogo del juez Baltasar Garzón (Marea) y Abuelas de Plaza de Mayo (Sudestada), una obra para niños.
«Fui incapaz de expresarle lo que para mí había significado aquel testimonio en primera persona de una madre y una abuela. Ese día, cuando la escuchaba, decidí que, si en el futuro yo tenía una hija, solo podía llamarse Estela», añade, hojeando la biografía.
«La presenté y comenzó a hablar. Nos emocionó el valor de estas mujeres, amas de casa muchas de ellas, que tenían clarísimo que tenían que visibilizar la ausencia de sus hijos e hijas», destaca Bosch. «Ella no pretendía emocionar. Entonces intercalaba anécdotas divertidas. Contó que cuando fueron a ver a Juan Pablo II les dijeron que no se podían poner los pañuelos blancos y que al Papa no se le tocaba. Y en un momento de distracción todas se los pusieron. Contaba de manera cálida. Es una mujer que parece que la conoces de toda la vida, fue muy cercana», detalla.

Estela de Carlotto (Centro) junto a las profesoras Capilla Navarro, Victoria Ferrer, Esperanza Bosch y Francisca Salvà en Sa Nostra. / -
«La presencia de Estela fue importante para nosotras como organizadoras y para el profesorado y alumnado. Cuando estuvo en Mallorca su nieto seguía desaparecido. Me impactó su serenidad al hablar de su propia pérdida», describe Ferrer.
Memoria histórica
La posibilidad de que Carlotto diera una charla en la UIB surgió en 2004 cuando Andreu Alcover, exgerente de la universidad, y Francisca Salvà, vicerrectora de Relaciones Internacionales en aquel momento, viajaron a Buenos Aires a un foro iberoamericano en el que ella participó.
«Después de oírla, dijimos 'tenemos que traerla a Mallorca'. Con versamos con Estela en Argentina y aquí cenamos los tres en el restaurante de Es Baluard», señalan ambos. «Estábamos con la antena puesta para ver cuál era el contexto propicio para invitarla. Como yo participaba en la organización de la universidad de verano, les propusimos la idea a Esperanza y Victoria y gestionamos todo», explica Salvà.

Estela de Carlotto sonríe con Buscarita Roa, vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. / Abuelas de Plaza de Mayo
«Es muy buena conferencista. Contó que las Abuelas se hacían análisis genéticos y que los jóvenes podían acercarse con total discreción para ver si eran nietos de desaparecidos. Fueron pioneras», apunta Alcover.
«En el franquismo también hubo robo de niños. La diferencia es que no mataban a la madre. Las engañaban diciendo que el niño había muerto y se los robaban por ser rojas y pobres o por ser madres solteras», puntualiza Salvà.
«Todo el tiempo Estela transmitió paz y amor, necesidad de justicia y lo explicó muy bien, y la necesidad de la memoria histórica y de no cesar en esa lucha incansable e inagotable por recuperar hasta el último nieto y nieta robado», menciona Navarro. «Desde la primera eco mi bebé fue Estela y yo ya le hablaba y desde ese momento le expliqué por qué se llamaba Estela. Hubo dos veces que en el colegio tuvo que explicar su nombre. Soy muy afortunada de haber conocido a Estela de Carlotto. Muchísimo. Y quiero transmitírselo así a mi hija. Su nombre representa la lucha y la valentía de las mujeres. Eso le va a acompañar toda la vida».
Presente y futuro
En octubre de 2025 la asociación cumplió 48 años. La actual comisión directiva está integrada por nietas y nietos restituidos y por otros familiares que buscan aún a sus seres queridos. Carlotto y Buscarita Roa, la vicepresidenta de la asociación, son las únicas abuelas que siguen con vida. «El porvenir de Abuelas de Plaza de Mayo está asegurado, aún con un Gobierno nacional que difama y agravia a los derechos humanos y promueve la crueldad», enfatiza Carlotto en referencia a las políticas que impulsa el presidente de Argentina, Javier Milei.
«Nosotras sentimos la satisfacción del deber cumplido. Hemos dedicado buena parte de nuestras vidas a esta búsqueda que al comienzo nunca pensamos que iba a ser para siempre. Nos hemos sobrepuesto a muchos obstáculos, siempre con la ayuda de personas e instituciones que se han conmovido con nuestra situación y nos han dado una mano cada vez que la necesitamos», finaliza.
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