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Suciedad y críticas al personal de Son Reus: voluntarios denuncian la precaria situación del refugio de animales tras el cambio de gestión

En el refugio, las condiciones serían precarias, según denuncian voluntarios, porque el personal no está suficientemente formado. La higiene, además, también dejaría mucho que desear.

Aunque la palabra “hogar” forme parte de la idea de un refugio de animales, este lugar dista mucho de ser acogedor. En el refugio municipal de Son Reus, en Palma, el mayor de la isla, se alinean jaulas de colores con perros ladrando sin descanso. Las rejas, antaño en tonos pastel, presentan hoy en muchos puntos un color marrón de óxido. En algunas zonas, la pintura de las paredes desapareció hace tiempo y el suelo de cemento de ciertas jaulas está agrietado y levantado. En el pasillo hay excrementos con frecuencia y en el aire flota el olor a orina de perro, que sale de las jaulas hacia una canaleta del corredor.

Del bienestar de los alrededor de 140 perros y gatos que alberga actualmente el centro se encargan diez empleados de la empresa Athisa, que gestiona el refugio desde el 2 de junio de 2025. Antes, la responsable era la empresa municipal Emaya, que también se ocupa de la limpieza viaria y la recogida de basuras.

Sin embargo, con el cambio de gestión, la ya de por sí precaria situación de los animales ha empeorado todavía más, según las denuncias de voluntarios. “Los empleados no están suficientemente formados”, denuncia Monika (nombre cambiado por la redacción). Esta voluntaria lleva años sacando a pasear a los perros del refugio.

Por su parte, el portavoz del Ayuntamiento de Palma responsable de Son Reus subraya que, con el cambio de concesionaria, se reforzó la plantilla para mejorar la atención diaria de los animales y optimizar el funcionamiento general de la perrera. Como novedad, se incorporaron también dos auxiliares veterinarios.

Higiene y cuidados

“Los cuencos están llenos de moho o están oxidados”, se queja Monika. Muchos animales padecen diarrea, y los empleados del refugio culpan de ello a los voluntarios por darles golosinas. Durante la visita de Mallorca Zeitung, del mismo grupo editor de Diario de Mallorca, los recipientes presentan efectivamente en parte un aspecto sucio y en algunas jaulas se aprecia diarrea en el suelo.

El portavoz municipal ofrece otra explicación para los problemas gastrointestinales: muchos animales llegan al refugio con antecedentes desconocidos y, durante el periodo de adaptación, reaccionan al estrés, al cambio de entorno o al cambio de alimentación con trastornos digestivos. El estado de salud de los animales, añade, es supervisado por el equipo veterinario, que adopta las medidas necesarias cuando hace falta.

Junto a las denuncias sobre higiene y cuidados, también está en cuestión el trato a los animales. En diciembre de 2025, un perro PPP mordió a una empleada cuando trataba de ponerle un bozal. Un compañero que acudió a ayudarla también resultó herido. Ambos tuvieron que ser atendidos en el hospital debido a la gravedad de las lesiones.

Tras el incidente, según el Ayuntamiento, se revisaron los procedimientos internos y los protocolos de seguridad. Para la voluntaria, solo eso ya demuestra que antes faltaban pautas claras y medidas de seguridad suficientes. Aun así, desde el suceso ningún empleado se atreve a acercarse a la perra. “Desde diciembre no la ha sacado nadie”, afirma la voluntaria.

Polémica en otros centros

Athisa no ha querido pronunciarse ante MZ sobre estas acusaciones y remite al Ayuntamiento. La nueva concesionaria no goza precisamente de la mejor reputación en España. Según indica la propia empresa en LinkedIn, Athisa cuenta con entre 200 y 300 empleados en España y Portugal en el ámbito del medio ambiente y el bienestar animal, aunque no siempre con éxito, como refleja un artículo publicado a finales de enero en el diario español El País.

En ese reportaje, voluntarios y una antigua veterinaria relatan las condiciones del refugio El Vivero, en Granada, gestionado por Athisa. Según sus testimonios, el centro no está conectado a la red municipal de agua potable ni a la de electricidad, de modo que en ocasiones se trabaja a oscuras. Las perreras suelen estar inundadas, los animales no están suficientemente protegidos del frío y hay menos personal del exigido.

Otros refugios gestionados por Athisa también han sido objeto de críticas. Así, el diario hermano de MZ, La Crónica de Badajoz, informa igualmente de jaulas sucias y animales heridos en Extremadura. También allí el Ayuntamiento de Badajoz rechazó las acusaciones y aseguró al periódico que se acometerían mejoras por valor de 45.000 euros.

En Palma también se anuncian novedades. “Obras para una instalación fotovoltaica”, puede leerse en un cartel colocado en el recinto. Debajo figura una cantidad de cinco cifras: 43.878,16 euros. Monika considera que ese dinero está mejor invertido en la rehabilitación de los cheniles. Aun así, sí tiene palabras de reconocimiento para la nueva empresa: al menos se han instalado puertas y vallas nuevas.

Refugio para animales abandonados

Porque, aunque no todo sea perfecto, Son Reus sigue siendo un refugio para muchos animales. El día de la visita de MZ, trabajadores de Emaya rescataron a 50 perros de una vivienda. Mientras una empleada llevaba a uno de los animales al veterinario, caían gotas al suelo: el perro se había orinado del miedo.

“La mayoría de los animales que llegan aquí ni siquiera llevan microchip”, dice Monika. Actualmente, todos los propietarios de animales están obligados a ponerlo. Y, aun cuando se logra localizar a los dueños, en algunos casos ya no quieren saber nada más de sus perros y gatos.

Las historias de los animales son tan distintas como sus razas y tamaños, explica Monika: a veces fueron abandonados en cualquier parte; otras, fueron los propios dueños, incapaces ya de seguir cuidándolos, quienes los llevaron al refugio. Algunos permanecen allí solo unas semanas; otros, durante años.

Por suerte, no faltan personas interesadas en la adopción. El día de la visita de MZ, varios visitantes pasean por las instalaciones; una pareja incluso lleva un transportín y se llevaría encantada una gata a casa en ese mismo momento. “Pero el proceso de adopción es largo”, advierte la voluntaria. En uno de los cheniles, un pequeño perro negro agita la cola con expectación. Ya ha habido cuatro familias que quisieron adoptarlo en los últimos meses. Quizá a la quinta vaya la vencida.

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