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Boulevard

Los millonarios del Dubai bombardeado se refugian a precio de oro en Mallorca

Se han disparado las tarifas de las villas mallorquinas o ibicencas, hasta los cien mil euros semanales

La prensa británica coloca en Mallorca a los asilados de Dubai, mientras en el emirato atacado por Irán  se registran cierres de hoteles y despidos por el hundimiento de la ocupación.

La prensa británica coloca en Mallorca a los asilados de Dubai, mientras en el emirato atacado por Irán se registran cierres de hoteles y despidos por el hundimiento de la ocupación. / FUENTE: ‘Daily Mail’.

Matías Vallés

Matías Vallés

Nunca ha sido tan barato viajar a Dubai, ni tan caro salir del emirato situado a orillas del Golfo Pérsico, a tiro de los drones de poliestireno expandido de Irán. Los millonarios nunca han destacado por su coraje, así que se refugian a precio de oro en Mallorca. Honestamente, la isla carece del nivel de lujo asiático de los Jumeirah y asimilados, pero disfruta de momento de un clima más resistente a los bombardeos. En un titular de esta semana del tabloide británico Daily Mail:

«Los megarricos de Dubai se apresuran a proteger sus billones en bancos suizos y vuelan en masa a las islas de fiesta del Mediterráneo, para continuar con su estilo de vida desenfrenado mientras ruge la guerra».

Las party islands para los asilados son Mallorca o Ibiza, según la imagen que hoy nos ilustra, inspirada por el propio Mail. Para entender la intensidad de la corriente migratoria, se han disparado los alquileres de mansiones mallorquinas a cien mil euros la semana, equivalentes a cuatro años de salario medio de un trabajador de la isla. La contratación masiva se produce fuera de temporada, aunque por cantidades difíciles de alcanzar incluso en pleno verano.

A estos inmigrantes de países árabes no van a medirles la edad ni a negarles las ayudas o el burka. El sensacionalista alemán Bild se suma a la constatación de que Mallorca recibe las cancelaciones de estancias en Eméritos Árabes Unidos con una frase del agente inmobiliario de las estrellas, Marcel Remus, que debería incorporarse al escudo de la isla:

—Ahora todo el mundo quiere ir a Mallorca de nuevo.

La euforia que precede a la tempestad. O, como escribiría y escribe el Mail, los expatriados «intercambian las vistas deslumbrantes desde el Burj Khalifa por los nightclubs y chiringuitos de Mallorca y Ibiza». Del mimading al mamading. Tal vez en una línea más metódica que melódica, el Financial Times apostilla que «El turismo de Dubai huye de los misiles iraníes», y recuerda que «los hoteles en Emiratos despiden a sus empleados sin paga, y clausuran edificios enteros mientras se desploman los niveles de ocupación». La covid armada.

¿Cómo se explica que los residentes en Dubai no tomaran precauciones, y que hasta los siempre cautelosos hoteleros mallorquines abrieran establecimientos en esta región explosiva? Muy sencillo, nadie mata a su banquero, excepto Irán. Quienes leen los periódicos desde la desconfianza, y quién se atrevería a contradecirles, se quejarán de que dedicamos esta sección memorable a un goteo más que un tráfico. Nos obligan a recordar que el emirato bombardeado tiene cuatro millones de residentes, que se hallan siempre en precario por la obligada renovación del permiso, como debería ocurrir en Mallorca. De ellos, hasta cien mil británicos han regresado a Europa desde que estalló el conflicto, según el gobierno de Su Majestad. Y no son clase media.

En los primeros días de la guerra de Trump contra sí mismo, Dubai eligió la sangre fría. Impresiona la imagen de los bañistas contemplando desde la playa sin inmutarse a un caza local persiguiendo a un dron iraní, como si fuera un espectáculo de acrobacia aérea incluido en el paquete. Más adelante se desató el pánico, y volaron a todo tren a Mallorca. Imaginen ahora que alguien debe informarles de que en Balears no solo hay siete establecimientos de la cadena israelí Leonardo, sino un resort asociado por el Reino Unido al mismísimo Moqtabar Al Jameneí, que es el Supremo Guía de Teherán en el caso de que siga vivo.

Quienes discuten al Foreign Office, al Financial Times o a Bloomberg la supuesta inversión en Mallorca de la Guardia Revolucionaria de la teocracia iraní, lo tienen muy sencillo. Indiquen quién es el verdadero propietario del hotel de marras. Por desgracia, cada compra de un establecimiento mallorquín por un gran grupo extranjero es una patraña. Con la política de asset light o ‘desembarázate del ladrillo por la cara’, la falsa adquisición se resuelve colocando una placa de la marca en la fachada, mientras el inmueble se revende a sicilianos o piratas. ¿Y verdad que los hoteleros mallorquines que se han arrodillado ante gigantes estadounidense experimentan hoy un cierto nerviosismo, ante la amenaza de Irán a los activos turísticos de Washington en todo el mundo? Primero les salpica Epstein y después Trump.

Cada vez que abro youtube, me saluda un anuncio del Mallorca Live Festival del Govern patrocinado por mi cerveza favorita Damm, de la que tan bien habla la presidenta de Bailears (no corregir) por la excelente huella que dejó en Agama. Cuesta apoyar a las instituciones sin pillarse los dedos, pero me importa un bledo lo que digan los jueces y endoso absolutamente al Consell de Mallorca, en su cruzada para liberar a las carreteras locales de la cacicada progresista del carril VAO, o Vía para Automóviles Oficiales de PSOE/Podemos. En cuanto a la DGT, seguimos aguardando a que combata las matrículas ilegales extranjeras o la conducción deportiva en vías saturadas. Por no hablar del escándalo del acceso a Formentor.

Reflexión dominical españolísima: «La dura lucha de Vox Balears para que seamos analfabetos solo en castellano».

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