Un millón de no taxistas en Mallorca

Parada de taxis en la avenida Antoni Maura. / B. Ramon
El Govern debutó pensando que tenía que ser ultraliberal, y no solo de ultraderecha. De ahí que en sus albores pensara votar en pro de la implantación masiva de vehículos de conductor, situados bajo el paraguas nominativo de Uber. A punto de la votación en el Parlament, el PP aprendió de la izquierda domesticada que con los taxistas no se juega. Ahí comenzaba la protección ahora consumada del sector que en temporada deja masivamente a los nativos sin taxi, valga la paradoja o la redundancia.
El grado de aprecio ciudadano a los taxistas solo es comparable a la simpatía que suscitan los hoteleros. Ambas profesiones, de mérito parejo, gozan de la misma impunidad. La izquierda acobardada ya sentenció en el penúltimo mandato de Cort que «el sector se autorregula». Y hay quien todavía se extraña de la caída de PSOE/Podemos. A propósito, ¿se referían al taxi o al empresariado turístico?
Por tanto, el millar largo de taxistas gozarán de unos privilegios envidiables a costa de un servicio que a partir de junio se volverá inencontrable. Solo cabe felicitarles por haber doblegado al Govern, pero tal vez Marga Prohens debería preocuparse del millón de no taxistas que habitan Mallorca, al regreso de sus dilatadas vacaciones caribeñas.
El miedo guía la regulación a favor del taxi, porque la misma ultraderecha que abomina de una manifestación independentista se pliega sumisa ante un cierre de carreteras a cargo del taxista autorregulado. Ni siquiera le afecta el grave problema de imagen de la profesión, reconocida en entrevista por un Gabriel Moragues a quien todos los sectores querrían de abogado defensor en caso de apuros:
-Tenemos un problema de imagen, sí. Desgraciadamente se generaliza contra el colectivo por culpa del comportamiento incorrecto de una minoría. Se nos juzga por unas personas que actúan mal.
Y quede claro que los taxistas son los principales enemigos de los taxis, porque en ningún caso desean nuevas licencias que abaraten los doscientos mil euros de «jubilación o plan de pensiones» que comporta ahora su vehículo.
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