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"No sé nada de mis hermanas desde que estalló la guerra": el drama de un afgano en Palma con parte de su familia atrapada en Irán

Mohamad-Khan Mohamadi huyó de los talibanes en 1999. Tras años de esfuerzo, levantó su propio negocio en Mallorca, pero hoy su éxito sabe a ceniza. Desde el pasado 28 de enero, tras el recrudecimiento del conflicto y la intervención de potencias extranjeras, ha perdido el contacto con sus hermanas, refugiadas en el país tras escapar del régimen de Kabul

Mohamad-Khan Mohamadi, afgano residente en Palma sus hermanas están en Irán y desde que comenzó la guerra no ha podido contactar con ellas

B. Ramon

Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

En plena calle Alfons el Magnànim, en Palma, Mohamad-Khan Mohamadi —'Khan' para sus vecinos— atiende su negocio con la mirada puesta en la pantalla de un teléfono que no suena. Su historia es la de millones de afganos, una vida marcada por la huida perpetua de una guerra que parece perseguirlos por donde pasan. Pero hoy, su dolor no es por el pasado, sino por el presente: un silencio tecnológico y humano que lo separa de sus dos hermanas, quienes buscaban en Irán una libertad que los talibanes les negaron en Afganistán y que hoy se ha convertido en una nueva ratonera bélica.

Khan no es un recién llegado. Su odisea comenzó mucho antes de que Afganistán volviera a las portadas en 2021. Salió de su país en 1999, justo antes de la entrada de las tropas estadounidenses. "La vida en Afganistán era muy dura. Yo a los siete años trabajaba con mi padre... era una vida más difícil, mucho más que ahora", recuerda con la madurez de quien ha cruzado fronteras.

Su camino hacia la estabilidad en España no fue un viaje directo en avión, sino una travesía de tres años marcada por la precariedad: "Me fui a Turquía, de Turquía a Grecia, de Grecia a Italia... tardé tres años en llegar a España porque no tenía dinero. Yo trabajaba en cada país al que llegaba, guardaba un poco, y así fui pasando frontera tras frontera". Finalmente, en 2007, llegó a nuestro país. Trabajó en Valencia, Segovia y Madrid, hasta que en 2017 cumplió el sueño de abrir su propio local en Palma. Sin embargo, mientras él prosperaba, el mundo que dejó atrás se desmoronaba.

El regreso del terror y la huida a Irán

Cuando los talibanes recuperaron el poder en agosto de 2021, la vida de las mujeres afganas retrocedió décadas en una sola tarde. Khan, consciente de que para sus hermanas quedarse en Afganistán era una sentencia de muerte civil, movió cielo y tierra para sacarlas. "Para las mujeres estar en ese país es fatal", explica con una mezcla de rabia y resignación.

Logró trasladarlas a Irán, un país que, aunque complejo, ofrecía un respiro frente al fanatismo de Kabul. "Irán es mucho mejor que Afganistán, las mujeres tienen más libertad", comenta. Una de sus hermanas se instaló en Teherán con su familia; la otra, en Isfahán, viuda y con dos niñas pequeñas a su cargo. Durante un tiempo, el dinero que Khan enviaba desde Mallorca permitía que sus sobrinas tuvieran un futuro. Pero la paz en esta región es un espejismo que se desvanece rápido.

El apagón

La situación dio un giro dramático recientemente. Con la escalada de tensiones internacionales y la intervención directa de Estados Unidos en el tablero iraní, las infraestructuras de comunicación han colapsado. Desde el pasado 28 de febrero, Khan vive en un vacío informativo absoluto.

"Desde el primer día no sabemos nada. Ni he hablado por teléfono... todo está apagado ahora mismo allí", relata con angustia. El hombre que cruzó media Europa ahora se siente impotente ante la falta de noticias. "Me voy al locutorio, me voy a cualquier sitio para intentar contactar, pero no hay nada. No estoy solo yo, mi sobrino también está aquí trabajando... y todos estamos igual". La incomunicación no solo es emocional; es vital. Al no haber sistema bancario operativo ni internet, Khan no puede enviar el sustento económico del que dependen sus hermanas y sus sobrinas pequeñas.

En 2023, Khan cuenta que viajó a Irán para intentar tramitar un visado que trajera a sus hermanas a la seguridad de España, pero se chocó contra un muro administrativo. "Quise sacarlas de allí, pero tampoco he podido hacer nada. No me han dieron ningún visado, no me dieron nada". Aquel intento fallido hoy pesa más que nunca, ahora que el país que debía ser un refugio se ha convertido en un nuevo frente de batalla.

"Estoy perdido, no sé qué puedo hacer ahora... está ocurriendo lo mismo que en el año 2021", lamenta. Su historia es un recordatorio de que las guerras no terminan cuando los refugiados cruzan la frontera; a menudo, solo cambian de escenario.

Mientras el mundo observa los movimientos geopolíticos y los comunicados oficiales sobre la guerra en Irán, en un pequeño negocio de Palma, Mohamad-Khan Mohamadi sigue marcando un número que da señal de apagado, esperando que, al otro lado, sus hermanas y sobrinas estén bien.

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