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Carlos Castresana: "El genocidio en Gaza es lo peor que ha ocurrido desde 1945"

El fiscal presentó ayer en Palma su último libro, 'Bajo las togas', una colección de veinticinco historias de injusticia que recorren cinco siglos

Castresana, ayer en Palma acompañado de Andreu Manresa, Ladislao Roig y Martín Aleñar.

Castresana, ayer en Palma acompañado de Andreu Manresa, Ladislao Roig y Martín Aleñar. / MANU MIELNIEZUK

Guillem Porcel

Guillem Porcel

Palma

Las presentaciones de libros suelen empezar hablando de la obra y terminan dialogando sobre el mundo. Algo así ocurrió ayer en el Colegio de Abogados de Palma, cuando el jurista y fiscal Carlos Castresana presentó su último libro, Bajo las togas, ante un auditorio formado casi exclusivamente por fiscales, jueces y abogados, muchos ya jubilados. Estuvo acompañado por el periodista Andreu Manresa, el fiscal jubilado Ladislao Roig y el decano del colegio, Martín Aleñar Feliu.

Castresana explicó que el libro nació durante el confinamiento. Tenía tiempo y una obsesión antigua: el relato judicial. El resultado es una colección de veinticinco historias de injusticia que recorren cinco siglos, del XVI al XXI. Algunas son simples errores judiciales. Otras son infamias deliberadas: denuncias falsas, jueces parciales, procesos utilizados para destruir adversarios políticos.

Entre los casos que aparecen en el libro citó el de Mariana Pineda, ejecutada en 1831 por orden de Fernando VII tras un proceso manipulado. Y también el del menorquín Mateu Orfila, uno de los grandes pioneros de la toxicología moderna. En un famoso juicio por envenenamiento en Francia, Orfila convenció inicialmente al tribunal de la inocencia de la acusada. Pero repitió los experimentos y descubrió que se había equivocado. Volvió al tribunal y rectificó. La mujer terminó condenada. La honestidad científica, explicó Castresana, consiste precisamente en eso: decir blanco cuando es blanco y negro cuando es negro, incluso cuando el cambio de opinión resulta incómodo. Aunque el capítulo final del libro es el más personal porque está dedicado a su abuelo, Ruperto Castresana.

La conversación avanzaba entre historias judiciales hasta que, en el turno de preguntas, la profesora de Derecho Internacional Público de la UIB, Margalida Capellà, introdujo un asunto inevitable: Pinochet. Castresana fue uno de los fiscales que impulsaron en 1996 la denuncia contra el dictador chileno en la Audiencia Nacional. Aquella causa terminó con la detención de Pinochet en Londres. Por primera vez se afirmaba con claridad que un jefe de Estado podía ser detenido por crímenes contra la humanidad.

Ese precedente sigue vivo hoy, recordó Castresana, cuando tribunales internacionales investigan a líderes como Benjamin Netanyahu o Vladimir Putin. "Debería hacernos sentir orgullosos colectivamente", dijo. No fue una operación de grandes potencias, sino el trabajo obstinado de juristas que decidieron empujar el derecho internacional un paso más allá: "Nunca pensamos que lo detendrían".

Castresana fue especialmente crítico con la postura de Ursula von der Leyen. A su juicio, la presidenta de la Comisión Europea actúa más como una dirigente política oportunista que como la guardiana de una tradición moral europea. Recordó que Europa tiene una historia marcada por la violencia. Precisamente por eso, añadió, lo único que puede sostener hoy la identidad europea es otra cosa: los valores que nacen en la Ilustración y que más tarde se incorporan a las constituciones democráticas. Europa ya no es un imperio ni una gran potencia militar, apuntó, por lo que su única relevancia posible, consiste en ser referente moral en la defensa de los derechos humanos: "Si no somos eso, no somos nada".

Castresana lamentó además la ausencia de grandes liderazgos políticos en el continente: "¿Dónde están hoy figuras como Willy Brandt o De Gaulle?". Europa, cree, aún podría desempeñar un papel importante si construyera alianzas con regiones como América Latina, África o Asia en torno a esos valores, pero advirtió de que ese papel se desvanece cuando la defensa de los derechos humanos se vuelve selectiva. "El genocidio en Gaza es lo peor que ha ocurrido desde 1945", afirmó, recordando que mientras la mitad de los países guarda silencio, el resto apenas protesta. Europa, concluyó, debe decidir si quiere seguir siendo una referencia moral o convertirse simplemente en un espectador más del mundo.

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