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Mallorca intermedió la venta de armas y explosivos al Irán de los ayatolás
En plena guerra con Irak en los ochenta y pese al embargo, desde Palma se negoció la entrega de 1.400 toneladas de pólvora al régimen de Jomeini

En 1986, Jomeini guerreaba contra Sadam Husein, y su régimen embargado por Occidente recibió desde Mallorca la oferta de armamento y explosivos, con un 5 por ciento de comisión a pagar a los intermediarios a través de Panamá. / EFE
Tengo ante mí la carta escrita por el abogado mallorquín Jaime Montis Suau, ya fallecido, y fechada el 22 de agosto de 1988 desde su bufete de la calle de San Miguel. Está dirigida a un alto directivo de Explosivos Río Tinto, en el madrileño Paseo de la Castellana. El contenido no deja lugar a la interpretación:
«Muy Sr. mío,
Le remito la presente en nombre de mis clientes D. Reza S.T. y D. Mohammad G., quienes intervinieron como intermediarios durante el año 1986 en distintas operaciones entre la entidad Explosivos Río Tinto y el Estado de Irán.
El objeto de la misma es para reclamarles el importe de las comisiones que ustedes convinieron mediante documentos de fecha 22 de abril de 1986 y 27 de febrero de 1986.
Consecuentemente les invito a que se pongan en contacto conmigo para solventar dicho asunto, ya que en caso contrario, nos veríamos obligados a tenerlo que reclamar judicialmente.
En espera de sus noticias, atentamente les saluda».
El receptor de una misiva tan meridiana mostraría cuando mínimo perplejidad si fueran falsos los hechos descritos, la venta de explosivos al Irán de Jomeini durante el embargo occidental y en plena guerra de los persas contra Irak. Pues bien, la carta del abogado mallorquín no recibió ninguna respuesta. Ni un matiz, ni un desmentido. Tampoco ninguna peseta, en el lenguaje monetario de la época. El silencio no es un reconocimiento de la deuda, pero sí de los hechos. Y así finalizaba la intermediación desde Mallorca de la venta de armamento y de 1.400 toneladas de pólvora al régimen de los ayatolás, ahora solo falta explicar cómo empezó.
No publicamos aquí un refrito de informaciones pasadas y recalentadas por la actual guerra de Irán. Esta historia nunca había sido contada, y comienza cuando se instala en suelo mallorquín Reza S. T., nacido en Shiraz en 1929 y graduado en la universidad americana de Syracuse, huido paradójicamente de Jomeini en 1981. Se pone en contacto con el testaferro también fallecido del hombre vivo más importante de la historia de Mallorca, y ya estamos diciendo demasiado. Con este salvoconducto infalible, más la implicación de un avispado agente inmobiliario local y de un abogado mallorquín que no era de derechas pero que fue opacado por un escándalo, se registran sucesivas visitas a la isla de altos cargos iraníes. El fabricante Explosivos Río Tinto, absorbido más adelante por Ercros, aportaba las identidades de media docena de directivos, adjuntando datos personales tan detallados que demuestran la participación de los ejecutivos.
Aunque nunca escribimos la historia, nos pusimos en contacto por entonces con los ingenieros de Explosivos Río Tinto citados en la documentación. «Existía una relación personal, recibíamos visitas multitudinarias de iraníes que querían ver nuestras instalaciones y yo tenía que ir al viaje decisivo a Teherán. Es posible que se llevara a cabo la venta». También sondeamos el impacto reputacional en las empresas afectadas, pero recibimos un tranquilizador «pueden ustedes publicar lo que les venga en gana».
Las comisiones de los intermediarios son una parte esencial del tráfico de explosivos y armamento. En este caso debían ser abonadas en Mallorca, con la intermediación de Panamá. Tengo ante mí la carta remitida por O. Holding desde la Torre Banco Unión de la avenida Samuel Lewis de la capital panameña a Reza S.T., el iraní residenciado en Palma que desata la operación. El texto en inglés despeja dudas:
«De acuerdo con nuestro encuentro en Madrid, le confirmamos que le pagaremos una comisión del tres por ciento relativa a cualquier venta de tecnología o productos recibida del Banco Central de Irán o del Bank Melli de Teherán, procedentes en ambos casos del Gobierno de Irán. Dicha comisión le será ingresada en la Agencia Urbana de la Avenida Joan Miró 292, Cala Mayor, Palma de Mallorca».
La literalidad se transmite a la comisión comprometida con Mohammad G., «le pagaremos un 5% de cualquier venta de tecnología o productos que hagamos con Irán», a abonar en una cuenta de un banco español en Londres. En carta remitida a Mallorca se precisaba la cantidad a suministrar a los ayatolás. «En relación a las 1.400 toneladas de pólvora propulsiva de Explosivos Rio Tinto S.A., nos complace confirmarle por la presente que recibirá usted un 2,5 por ciento de la cantidad total suministrada». Y así sucesivamente.
Explosivos y armamento, porque tengo ante mí el fax (estamos en los ochenta) en que se ofrece a los iraníes todo tipo de munición para infantería y artillería. Llegamos así a la pregunta fundamental, ¿qué pasó en la venta de material militar a los ayatolás desde Mallorca, tan parecida a la simultánea operación Irán-Contra que casi acaba con Ronald Reagan? Y aquí viene la única especulación de este relato: El hombre vivo más importante en la historia reciente de la isla se deshizo como tantas veces de sus peones, y se quedó con toda la pasta, explosiva o no.
Reflexión dominical belicista: «La guerra es un pacto económico firmado con sangre».
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