Maestros bajo sospecha: así depuró el franquismo las aulas de Baleares
Un libro de Pere Carrió pone nombres y apellidos a los docentes represaliados en las islas durante la Guerra Civil y la postguerra
"Tuve un profesor que siempre estaba amargado, mucho tiempo después supe que había estado encarcelado", señala el autor de esta investigación

B. Ramon

Felipe Company (Consell, 1874). Fue maestro en Caimari, Binissalem, Santa Maria y la Soledat. "En Santa Maria se distinguió por avanzado de ideas, comprometido con estafas, procesado por delito común, chanchullero y sablista, jactándose públicamente de ser de izquierda y tratarse con los mismos. Al retirar los crucifijos de la Escuela lo entregó a los niños para que hicieran burla de él". Es la acusación que en 1936 pesó sobre este docente, uno de los 177 maestros de Balears depurados por el franquismo poco después del inicio de la Guerra Civil. Su caso y los de quienes afrontaron el mismo destino ha sido rescatado del olvido por Pere Carrió en 'El magisteri depurat a les Illes Balears durant la Guerra Civil i la postguerra', de la editorial Lleonard Muntaner. Una obra que identifica a depurados, y a depuradores, gracias a una exhaustiva investigación.
Company fue suspendido de empleo y sueldo durante dos años y finalmente trasladado a una escuela de Girona. Muchos maestros de las islas sufrieron castigos similares, además de inhabilitaciones para ejercer cargos directivos, jubilaciones forzosas o la expulsión definitiva de la profesión. Fueron los que no pasaron la prueba del algodón de aquel naciente franquismo que prendió con fuerza en Mallorca y que se ensañó sobre un colectivo que había sido muy mimado por la República.
"Fue una acción plenamente premeditada por las autoridades franquistas desde los primeros momentos del alzamiento. Depurarles era muy importante porque se consideraba que estaban contaminados por la República y era peligroso para la educación de los niños. Se planificó antes de empezar la guerra, y desde ese momento fue una prioridad", explica Carrió, que presentará 'El magisteri depurat a les Illes Balears' el 24 de marzo a las 18:00 horas en la sede de UGT de Palma (calle Font i Montero).

Pere Carrió, autor de 'El magisteri depurat a les Illes Balears'. / B. Ramon
Este inspector de Educación jubilado ha pisado terreno conocido con este libro. Hace cuatro años publicó 'El magisteri depurat a Palma durant la Guerra Civil', donde puso el foco sobre los maestros represaliados en Ciutat. Pero en ese momento ya cobijaba la idea de ampliar esa investigación a todo el archipiélago. En julio de 1936 el cuerpo de maestros en Balears estaba formado por 627 docentes. Fueron depurados 177, el 28% del total, pero al principio el franquismo los puso a todos bajo sospecha. Así que necesitó un instrumento para identificar, investigar y sancionar a los considerados desafectos: las comisiones depuradoras.
"La primera comisión se creó con una rapidez extraordinaria, solo unas semanas después del alzamiento. La preside el Gobernador Civil y la maneja Joan Capó, el inspector en jefe. Aunque al final él también acabó siendo depurado, terminó en la cárcel, perdió la plaza y se fue a la península", explica Carrió.
"Le daban apariencia de legalidad. Distinguían entre si eras amigo o eras enemigo. Exigieron a todos los maestros que manifestaran por escrito su adhesión a Franco. Si no te adherías, no cobrabas. También te hacían rellenar unas fichas asegurando que no pertenecías a partidos políticos de izquierdas u organizaciones sindicales. Pero esas declaraciones solo eran válidas si las firmaba un comandante de la Guardia Civil, el cura del pueblo o una persona de reconocido prestigio", valora Carrió.
Vidas truncadas
A partir de septiembre empezaron a salir las listas de aptos en los periódicos. Es decir, los que podrían volver a ejercer aquel caótico curso escolar 1936-37. A los no aptos se les suspendió de sueldo y empleo de manera preventiva a la espera de completar sus expedientes. "El motivo principal de ser depurado era haber formado parte de partidos del Frente Popular, de sindicatos o asociaciones", relata el autor. Muchos de los docentes considerados desafectos sufrieron humillantes procedimientos administrativos que culminaron en traslados forzosos o la expulsión del cuerpo docente, pero Carrió también incluye en el libro la lista de quienes terminaron asesinados o en la cárcel.
"Cito el caso del que fue mi maestro hasta los 10 años, Santiago Monforte. Siempre le veía amargado, preocupado. Mucho más tarde supe que había estado encarcelado. Sus padres le escribieron al gobernador porque no cobraba, pasaban hambre y habían tenido que hacer una colecta para comprar comida. En su caso fue depurado porque había sido de UGT, hasta ese momento el sindicato dominante entre los maestros", manifiesta este inspector de Educación jubilado.

El inspector Joan Capó, la catedrática Rosa Roig y el maestro Miquel Deyà. / Archivo Pere Carrió
"Ahora sabemos lo que sucedió, pero hubo un largo silencio durante el franquismo y después. Yo no conocía el caso de mi maestro hasta que lo he investigado. Estos últimos años me he encontrado con personas que me han contado que un maestro suyo fue depurado. O que fueron a clases de repaso con Bartomeu Mir, al que apartaron de la docencia", señala Carrió. En 1936, cuando ejercía en la Escuela Graduada de Llevant de Palma, Mir fue suspendido de empleo y sueldo por, entre otros motivos, militar en el Frente Popular, haber publicado artículos en 'Mundo Obrero' y tener "conducta antirreligiosa". Fue dado de baja y no fue reintegrado hasta 1961, cuando tomó posesión de una plaza en la escuela de Vilafranca. Se jubiló en 1963, a los 70 años de edad.
Es una de las muchas historias de docentes cuya vida fue truncada muy poco después de estallar la guerra y que constituyen el núcleo de esta investigación. Otros pudieron regresar antes a las aulas, asumiendo la nueva realidad y condenados a mantener un pesado silencio. Medio centenar de ellos fueron expulsados definitivamente. Carrió les reivindica ofreciendo un listado completo que incluye un informe individual de cada maestro ordenado alfabéticamente con su nombre y edad, las escuelas en las que ejerció antes de la depuración, los cargos de los que se le acusaba, la sanción impuesta y los datos relativos a la recuperación de su plaza, su jubilación y defunción.
Una prolongada depuración
A partir de noviembre de 1936 en Burgos se constituye una comisión nacional presidida por José María Pemán y envía instrucciones a las provincias para que establezcan sus propias comisiones depuradoras. La de Balears la presidió Bartomeu Bosch, profesor de latín en el instituto Ramon Llull. "Presentaban cargos y daban al maestro la opción de defenderse. Pero para la mayoría las alegaciones no servían para nada. Enviaban el expediente a Burgos y proponían las sanciones correspondientes", señala Carrió.
Las depuraciones continuaron después de terminada la guerra, durante buena parte de la década de 1940, cuando se revisaron casos pendientes, se detectaron a nuevos "desafectos" y se abrieron más expedientes motivados por denuncias posteriores. En algunos casos, la recuperación de los derechos y de la plaza no fue posible hasta 1976, cuando se aprobó la Ley de Amnistía.
"Para mí escribir este libro era muy importante. Una contribución a la memoria histórica, que aquí también han depurado", señala Carrió en alusión a la reciente derogación de la Ley de Memoria Histórica de Balears por parte del PP y Vox.
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