La basura encuentra destino en Mallorca mientras el límite a los coches sigue esperando
El debate sobre los residuos abre un pleno insular con reproches cruzados entre un gobierno y una oposición que se unen para condenar la guerra en Irán

Un camión descarga la basura en las instalaciones de Son Reus. / DM

La basura de Ibiza y Formentera llegará a Mallorca. Se sabe el cómo, por barco, pero no se sabe el cuándo. Aunque, tras el pleno de ayer del Consell de Mallorca, empieza a intuirse algo más revelador: probablemente lo hará antes que la limitación de entrada de vehículos.
Llorenç Galmés lo tiene -casi- todo listo: ayer se dio autorización para firmar un convenio con el Consell de Ibiza y se informó de que Tirme ya está habilitada administrativamente para tratar la basura de las Pitiüses. A más residuos, más dinero y más margen para reducir tasas (y mantener el grueso del bolsillo del ciudadano). El PP defendió que la iniciativa se llevará a cabo "con responsabilidad, ofreciendo soluciones reales y garantizando que las decisiones políticas se traduzcan en hechos tangibles".
Tras el anuncio, la izquierda no tardó en responder. Sería el primer debate de la sesión. "Habéis sido muy poco transparentes. Ibiza ha ordenado y Galmés ha agachado la cabeza", dijo la portavoz del PSIB, Catalina Cladera. Més per Mallorca puso el foco sobre la falta de previsión en el vertedero de Ca na Putxa, a punto de agotar su vida útil: "No es una prueba piloto. Es un proyecto sin sentido ambiental y sin justificación social. Pagamos el error de otros lados", lamentó su portavoz, Catalina Inés Perelló.
Vox tampoco tardó en salir a defender al valedor de la medida y miembro del partido, el vicepresidente segundo y conseller de Medio Ambiente, Pedro Bestard. El portavoz de la formación, Toni Gili, aseguró que "es una buena iniciativa para los mallorquines, porque como hemos hecho los deberes esto se verá compensado con la futura reducción de la tarifa de residuos". Sin embargo, Bestard también tomó la palabra: "Es una falacia que quien decidirá será el Consell de Ibiza. Hemos hecho lo que teníamos que hacer", a lo que añadió: "Sois muy solidarios solo de África para bajo, pero no de África para arriba".
Al inicio de la legislatura había dudas dentro del equipo de gobierno. La idea de trasladar los residuos de las Pitiüses hasta la incineradora de Son Reus no terminaba de encajar. No por razones técnicas, sino por algo más delicado: preocupaba la imagen. Camiones cargados de fardos de basura circulando desde el puerto de Alcúdia hasta Palma en pleno verano no ofrecen la mejor fotografía posible. Pero el Govern intervino y decantó la balanza. Aprobó el decreto de proyectos estratégicos para dar encaje legal a la iniciativa y le puso al Consell de Mallorca 50 millones de euros sobre la mesa para compensar las molestias del traslado.
En una isla sobreexplotada, Son Reus -en manos privadas hasta 2041- es una de las pocas infraestructuras de la isla que a día de hoy puede soportar un aumento en volumen. Faltan por determinar algunos detalles, así como controlar y decidir los tiempos, pero lo único que parece estar claro por ahora es que solo cabe más basura en Mallorca.
Una limitación el aire
El Consell abrirá la puerta a los desechos, pero parece no querer cerrársela a los coches. El "sector " y su "voluntad" marcan el ritmo, dejó entrever el conseller de Movilidad, Fernando Rubio, ayer fatigado tras responder a cinco preguntas de la oposición, algo inusual en las sesiones plenarias.
El responsable de la futura ley continúa con su infinita ronda de contactos. Se ha reunido con hoteleros, patronales de los 'rent a car' y del alquiler vacacional, navieras y, según indicó, en breves llegará el turno de la Autoritat Portuària de Baleares para departir sobre la instalación de las cámaras de control. Nadie debe, ni quiere, salir mal parado con esta regulación.
En la política balear el tiempo suele utilizarse como el instrumento más eficaz para evitar conflictos. Preguntado y repreguntado por la oposición y por los periodistas, volvió a evitar en el pleno cualquier compromiso concreto sobre cuándo entrará en vigor la medida. El conseller ha interiorizado a la perfección las actuales líneas maestras del partido y también aplica la contención en sus declaraciones.
Un doble veto al burka
PP y Vox, al menos sobre el papel, volvieron a ser uno: ambos partidos presentaron sendas mociones para prohibir el uso del burka y del niqab en las dependencias públicas de la institución insular. El primero se la aprobó al segundo, y el segundo se la aprobó el primero.
Los populares no se sintieron del todo cómodos mirándose al espejo. La consellera Maria Garrido tuvo que puntualizar antes de aprobar la iniciativa de los ultraderechistas: "Que estemos de acuerdo en el fondo no quiere decir que compartamos la manera que tienen de hacer estos debates". El matiz no alteró el resultado. Al final, bailar pegados es bailar.
En este pequeño laboratorio europeo, la sesión comenzó además con un gesto de geopolítica. Todos los grupos salvo Vox leyeron un manifiesto en defensa de la paz y del Derecho Internacional ante la escalada militar en Oriente Medio. Incluso desde una institución insular, la política local nunca termina del todo en la propia isla.
Mallorca sigue absorbiendo lo que llega: turistas, trabajadores, coches y ahora también basura. Los coches continúan entrando sin límite. Los residuos ya tienen destino. Cada territorio acaba especializándose en algo. Mallorca parece haber elegido gestionar lo que sobra.
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