Pep Martorell: "Si no se usa bien, la IA puede matar aquello que hace únicas a las organizaciones"
El exdirector del Barcelona Supercomputing Center inaugura mañana, en CaixaForum Palma, el 11.º Simposio de Dirección por Misiones. En esta entrevista, analiza los retos de una tecnología que, según advierte, está empezando a cambiar incluso nuestras capacidades cognitivas

Pep Martorell fue durante diez años el director del Barcelona Supercomputing Center. / LUCIA MELER

Pep Martorell (Reus, 1975) conoce como pocos los engranajes de la revolución digital. Tras una década como Director Asociado del Barcelona Supercomputing Center (BSC), ha vivido en primera línea el salto de la computación que hoy sostiene la Inteligencia Artificial. Mañana llega a Palma para participar en el 11.º Simposio de Dirección por Misiones, un encuentro centrado en poner la tecnología al servicio de un propósito humano y social.
Ha gestionado el superordenador más potente de España. ¿Por qué la velocidad de la IA actual supone un reto tan agresivo comparado con otras revoluciones tecnológicas?
Hoy la IA está al nivel que está básicamente por tres grandes revoluciones que han pasado en el mismo momento: la computación, los datos y los algoritmos. En computación, llevamos décadas miniaturizando los transistores de los chips y eso nos permite construir supercomputadores tan potentes como el de Barcelona. En datos, el uso de smartphones e internet genera una cantidad creciente que sirve para entrenar a la IA. Y en algoritmos, en 2017 se publicó el Transformer. Todo el mundo usa ChatGPT, pero pocos saben que esa "T" es de Transformer, un algoritmo que hace el entrenamiento mucho más eficiente. La conjunción de las tres ha hecho que una tecnología que nació en los años 50 y 60 sea ahora realmente útil para nuestro día a día.
¿Cree que la IA corre el riesgo de automatizar la eficiencia y a la vez destruir la cultura y el propósito humano de las empresas?
Creo que este es un riesgo que ya existió con internet hace 25 años o con la máquina de vapor hace cien. Cualquier nueva tecnología tiene una oportunidad obvia: automatiza tareas, nos permite dejar de hacer cosas repetitivas e incrementa la productividad. Pero a la vez tiene un peligro, y es que si no se utiliza bien, puede matar aquello que hace únicas a las organizaciones. Me parece que el reto es exactamente el mismo que con las otras tecnologías; simplemente ahora la sensación es que todo va mucho más rápido y seguramente esto nos angustia un poco más, pero para mí no es muy distinto a lo que ya pasaba.
¿Cómo deben reaccionar los directivos de sectores como la logística o la industria para que la IA sea una aliada y no una herramienta de sustitución?
Lo primero que tienen que hacer es conocer en profundidad la tecnología. A veces tengo la sensación de que todo el mundo habla mucho de IA y muy poca gente conoce qué significa. Ese conocimiento es importante porque te permite entender su potencia, pero también sus limitaciones técnicas. Entender los límites te permite protegerte ante un mal uso o ante la tentación de pedirle a la tecnología que haga cosas que no puede hacer por su propio diseño. En el corto plazo es obvio que incrementa la productividad, pero también es obvio que hay una parte de nuestras decisiones, de lo que diríamos el juicio humano, que no puede ser sustituido por un algoritmo. Lo importante es establecer ese límite entre lo que es útil para ir más rápido y aquello que queda en el terreno estricto de lo que el juicio humano puede implementar.
Donde veremos los avances más increíbles en los próximos 5 o 10 años es en la medicina; no solo para vivir más, sino para vivir mucho mejor
Si la IA ya optimiza procesos mejor que un comité de dirección, ¿el líder debe dejar de gestionar datos para ser 'custodio de la misión'?
No es evidente. Yo creo que cada vez más al líder se le valorará por su propósito y su capacidad de compartirlo. La IA, como cualquier tecnología, le permitirá ejecutar ese propósito de manera más rápida y eficiente, pero no necesariamente dejar de hacer esa función. La función tradicional de liderar —saber cuál es el propósito de la organización y transmitirlo para que todos se alineen y remen juntos— sigue estando ahí, sea con o sin inteligencia artificial.
¿Qué avance tecnológico le genera hoy más esperanza de que la IA mejorará realmente la vida de las personas?
Sin duda, el cambio más potente lo veremos en la medicina. Es espectacular cómo se está acortando el ciclo de investigación; cuánto más rápido somos capaces de hacer ciertas partes del proceso biomédico gracias a estas tecnologías. No soy de los gurús que dicen cuánto viviremos, no soy médico, pero sí creo que hay un consenso claro: gracias a la IA, en los próximos 5 o 10 años veremos avances increíbles que redundarán no solo en vivir más años, sino en vivirlos mucho mejor. Es el primer lugar donde veremos retornos positivos de la implementación masiva.
¿Qué nos puede adelantar sobre las tendencias que explicará mañana en el Simposio?
Una idea importante es que la implementación real en el mundo corporativo seguirá siendo más lenta de lo que mucha gente piensa. La tecnología avanza una barbaridad, pero la adopción real de las organizaciones es otra cosa. La segunda tendencia va sobre los agentes. La IA ya no será simplemente un chat al que le preguntas cosas, que era como un Google sofisticado, ahora vamos a evolucionar a una herramienta a la cual tú le pides que haga cosas de arriba a abajo; será más un colaborador. El reto para las compañías es cómo acostumbrarnos a tener equipos formados por trabajadores reales y virtuales a la vez.
Hay una parte de nuestras decisiones, del juicio humano, que no puede ser sustituido por un algoritmo; al menos de momento
Usted advierte también de que la IA puede cambiar nuestra forma de pensar...
Sí, cualquier tecnología que incorporamos cambia cómo actuamos. El ejemplo simple es el GPS: desde que lo tenemos, seguramente te orientas peor, pero prefieres llegar puntual que preocuparte por tu orientación. Esto empieza a pasar con la IA. Estudios científicos sugieren que el uso masivo está cambiando nuestras capacidades cognitivas: refuerza algunas, pero disminuye otras. Un líder con propósito tiene que mirar su organización y ayudar a formar a su gente para que el uso de la IA optimice ciertas capacidades sin perjudicar otras. Este es un reto muy importante para los equipos de Recursos Humanos: ¿cómo conseguir que nuestra gente, utilizando esta tecnología, pueda ampliar sus capacidades y no reducirlas?
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