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Opinión

Vox/PP, todo sea por Franco

Matías Vallés

Matías Vallés

¿Cuándo fue la última vez que se le acercó alguien y le confesó que «no puedo seguir viviendo en una isla que tiene una ley de memoria histórica en vigor»? O mejor, ¿cuándo fue la última vez que se le acercó alguien y le habló de «memoria histórica»? El ‘efecto Streisand’, en honor de doña Barbra, describe la multiplicación de la difusión de un fenómeno al intentar ocultarlo, censurarlo o derogarlo. Vox/PP se llevan arrastrando durante dos años con la Memoria Democrática a cuestas, donde no les molesta el recuerdo sino la democracia.

Abrazadas al cadáver de Franco, las ultraderechas han logrado que se hable más de memoria histórica durante esta legislatura que con el infausto Pacto de Progreso, han difundido el concepto por todos los rincones. Acabarán por hacerlo atractivo, incluso creíble, aunque ayer se echó de menos que el aguerrido Gabriel Le Senne ofreciera una segunda interpretación de su aclamado «Yo destrocé a Aurora Picornell».

Es falso por otra parte que Vox/PP hayan acabado definitivamente con la ley que les obsesiona freudianamente. El Gobierno puede recurrir al Constitucional, como hizo en Aragón en 2024, con el resultado de que el TC procedió de inmediato a la suspensión cautelar de la derogación de la Memoria Democrática en aquella comunidad.

Prohens mintió a la izquierda en una abstención previa de la ubicua Memoria Democrática, aunque toda la culpa recae aquí en la credulidad del PSOE y sobre todo de Més. Al Govern acaban de meterle el gol de Agama, perdonó las mascarillas, ha colapsado la sanidad de referencia y carece de una solución mínimamente creíble para los problemas de saturación. A cambio, se empeña en confraternizar con la ultraderecha. Todo sea por Franco, aunque él no lo haría.

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