Fuerzas Armadas Baleares
“Te meten caña para ver si quieres estar ahí”: así son los primeros días en el Ejército
Una soldado, un sargento y un teniente destinados en Mallorca explican el choque de pasar de la vida civil a la formación militar

El sargento Luis Torrejón, el teniente Fernando Nárdiz y la soldado Estrella Arco. / B.RAMON / DMA
El cambio más drástico en el Ejército surge al principio. Es la prueba de fuego para decidir si has acertado con la opción que has elegido. "Meten caña para ver si la gente quiere estar ahí o no", cuentan los tres jóvenes militares que han sido destinados a Mallorca. La soldado Estrella Arco, el sargento Luis Torrejón y el teniente Fernando Nárdiz explican desde el Regimiento Infantería Palma 47 cómo vivieron sus primeros días en las Fuerzas Armadas.
«Lo duro de la formación es que pasas de un régimen totalmente civil a uno militar. Y eso choca. Entras en un régimen de internado las 24 horas del día los siete días de la semana, más el campo, más todo a lo que no estás acostumbrado en la vida. Luego te adaptas», arranca Fernando y continúa Luis, que coincide que lo más duro es el inicio: «Cuesta poco y mucho adaptarte. Y, o lo haces rápido, o pierdes la rueda. Lo bueno es que cuando lo pasas muy mal haces mucha cohesión con los compañeros y te llevas hermanos para toda la vida», porque como sentencia Estrella «apoyarse entre todos los que pasamos lo mismo se hace más llevadero».
Criba
De una forma más concreta inciden en las primeras dos semanas, en las que superan una especie de criba. «Los primeros días estás muy nervioso. No conoces a nadie, es una nueva vida. Te meten mucha caña, tienes que ser disciplinado y te esfuerzas el doble para que tengan una buena imagen de ti. Ahora hacemos nuestras ocho horas, pero en la Academia no sabías cuándo acababa», cuenta Luis y recoge el testigo Fernando: «Tenemos unas dos semanas que se hace una especie de criba. Aprovechan para meter caña para ver si la gente quiere estar ahí o no. Luego baja un poco ritmo, pero oscila entre duro y ligero al menos en mi caso en los cinco años de Academia de Oficiales».
«Y también perder el contacto con la familia», sigue explicando Torrejón: «Salimos de casa con 18 años y estamos acostumbrados a que nos hagan la comida y todo. Aquí nos hacían revista de Camaretas–habitaciones–, revista de Policía, que es ir bien uniformados, el pelo bien, sin barba al principio... Es un choque de realidad», afirma el sargento.
Disciplina y madurez
Desde que entraron, saben que han cambiado mucho en dos aspectos: la madurez y la disciplina. "Aquí hay una forma de trabajar que o la sigues o el sistema te va a apartar. Te obligas a llevar un régimen disciplinar que en la vida civil no estás acostumbrado porque es difícil que te lo inculquen y poco a poco te va forjando en una persona bastante más disciplinada que antes", apunta Nárdiz.
"Creo que todo el mundo madura aquí. Al final sales de casa, tienes que buscarte la vida en el sentido de hacer la comida, llevar los papeles al día, hablar con tu superior... No todo el mundo lo hace con 18 o 19 años", añade Torrejón antes de que Arco cierre el tema: "También te hace más fuerte física y mentalmente".
Un día en el Ejército
Después de acabar la formación, tienen un horario más fijo que normalmente comienza a las ocho de la mañana. "Izamos la bandera, se da la novedad a los superiores y a partir de ahí comienza el entrenamiento físico hasta las 09:10. Nos duchamos y desayunamos y a partir de las 10 horas comienza la instrucción que es lo que toque cada día. Puede ser tiro con fusil, instrucción de combate en población, mantenimiento de vehículos y armamento hasta las 15 horas", enumeran, aunque tanto el sargento como el teniente reconocen que son militares "las 24 horas del día". Y que hay mucho trabajo que la gente no ve cómo cuando se hacen maniobras que empiezan el lunes y acaban el viernes sin descanso.
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