8M - Día Internacional de la Mujer
Enfermeras al límite: «Me voy de Mallorca porque aquí es imposible conciliar»
El sindicato SATSE denuncia los problemas de las profesionales para compaginar la vida personal y laboral

María Díaz, enfermera en la zona de consultas de Son Espases. / DM

Irene Campos lleva 25 años en Mallorca, trabaja como enfermera en Son Llàtzer y está a punto de pedir el traslado a su Sevilla natal para vivir y trabajar cerca de su familia: «Me voy de Mallorca sobre todo porque aquí es imposible conciliar», resume. Habla de años haciendo «malabares» con los turnos para cuidar de su hijo y llegar a una casa en la que, muchas veces, todavía le espera una segunda jornada como madre. «Sobrevivo a base de pedir favores. Me resulta muy pesado mendigar cambios de turno a mis compañeros cada vez que tengo que cuidar de mi hijo», lamenta.
La falta de conciliación es una realidad que el sindicato SATSE denuncia desde hace años. Según una encuesta que han realizado a más de 11.400 enfermeras y fisioterapeutas de todo el país, seis de cada diez aseguran que los problemas de conciliación han afectado a su salud física y mental, y la misma proporción reconoce que incluso se ha planteado abandonar la profesión por este motivo. Además, el 61% cree que esta situación perjudica mucho su desarrollo profesional y laboral.

Irene Campos, enfermera en Son Llàtzer, junto a su pareja y su hijo. / DM
Campos trabaja en el servicio de Radiología de Son Llàtzer, y explica que mientras tuvo reducción de jornada, podía sortear mejor los turnos. Pero tuvo que renunciar a ella por el impacto económico: «Desde entonces, tengo que hacer malabares para cambiar los turnos o para que cuiden a mi hijo, a veces incluso tengo que pedírselo a mi vecino», explica. «Aquí no tengo cerca una red familiar que alivie la falta de conciliación, la ayuda de los abuelos muchas veces es la única solución», añade. Por eso ha decidido pedir el traslado a Sevilla: «Nos gusta la isla y nos da mucha pena, pero no nos quedan opciones, la vida aquí es demasiado cara para sobrevivir con una jornada reducida».
La historia de María Díaz, enfermera en Son Espases, va en la misma línea. Tiene dos hijos y durante muchos años la conciliación ha supuesto «encajar las piezas de un puzzle que nunca acaba». «Las tardes, noches, festivos y vacaciones escolares han sido un quebradero de cabeza durante años», asegura. Y añade: «Eso acaba pasando factura, tanto física como emocional».
También se tuvo que reducir la jornada, con lo que conlleva económicamente: «Mi conciliación pasó por cobrar la mitad de mi sueldo». Después de varios años, logró una movilidad interna a consultas externas, donde ahora tiene por fin un horario fijo de mañana: «Ha mejorado mi día a día, pero a costa de renunciar a mi vocación, que es la hospitalización, la enfermería a pie de cama, que era lo que me apasionaba», lamenta.
Recuerda episodios como una noche en la que el padre de sus hijos, también enfermero, tuvo que quedarse con su hija en Urgencias mientras ella y su otro hijo estaban enfermos en casa: «Llamó para avisar de que no podía ir a trabajar y le pusieron una falta injustificada. ¿Estar con tu hija en urgencias es una falta injustificada? Es surrealista», lamenta. «Vivimos al límite y haciendo encaje de bolillos, a menudo tenemos que cambiarnos a los niños en el parking, a las diez de la noche, cuando sale uno y entra otro a trabajar», relata. Ambas echan en falta medidas que ayuden a compatibilizar la vida profesional con la personal, y sobre todo, con la maternidad.
SATSE denuncia precisamente que las condiciones laborales, los turnos rotativos, noches, fines de semana, cambios de planificación de última hora, contratos precarios y la falta de sustituciones dificultan enormemente la conciliación de unas profesiones que están altamente feminizadas. El sindicato sostiene además que esta situación no solo perjudica a las trabajadoras, sino también al sistema sanitario.
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