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Una derivación desde el centro de salud le cambió la vida: Sandra, 56 años, logra empleo en Mallorca

Después de etapas marcadas por el aislamiento, los problemas de salud y el miedo a no estar "a la altura", Sandra Isabel López Giaquinta encontró apoyo en el programa Incorpora de la Fundación La Caixa para recuperar la confianza en sí misma

Sandra Isabel López Giaquinta, momentos antes de la entrevista.

Sandra Isabel López Giaquinta, momentos antes de la entrevista. / Guillem Bosch

Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

Sandra Isabel López Giaquinta tiene 56 años, vive en Palmanova (Calvià) y ha formado parte del programa Incorpora de la Fundación La Caixa, una iniciativa que desde 2006 trabaja para reducir las brechas en el acceso al empleo de personas en situación de vulnerabilidad. Su historia, sin embargo, comenzó mucho antes.

Llegó a Mallorca en 2002 desde Argentina. Han pasado más de dos décadas, pero el recuerdo de aquellos primeros años sigue intacto: "El desarraigo, yo no sabía lo que era. En mi caso fue muy duro. Tuve una depresión muy grande y no sabía qué me pasaba; realmente era esto, el desapego". En su país de origen había trabajado en empleos vinculados a la atención al público, un ámbito en el que se sentía cómoda. Emigrar lo cambió todo. "Cuando llego empecé a trabajar, como todo inmigrante, me metí en lo que había", recuerda. Su camino empezó, lamenta, "de menos cero".

Las dificultadoes no solo aparecieron en el ámbito laboral. También emergieron en el plano emocional. La inseguridad fue instalándose poco a poco en ella: "Me guardé, me costaba salir… creía que no estaba a la altura". La depresión fue erosionando su confianza, su energía y la percepción de sí misma. Durante años encadenó trabajos de corta duración, muchos de ellos en hostelería. "Trabajé desde que llegué, siempre. Pero de a poquitos", explica.

A las dificultades del mercado laboral se sumaba la conciliación. Su marido trabajaba todo el día y ella asumía gran parte del cuidado familiar: "Yo era la que tenía que ver cómo conseguir horarios compatibles con mis hijas". Sin red familiar cercana -"mi familia extensa estaba en Argentina"-, cada decisión implicaba encontrar un equilibrio en su caso muy delicado. Hubo etapas en las que dejó de trabajar, no por falta de voluntad, sino por falta de fuerzas. "Me encontraba como que no sabía dónde ir ni recurrir. Tampoco tenía la fortaleza que capaz en este momento tengo", reconoce. A esa fragilidad emocional se añadieron problemas físicos que limitaron aún más sus opciones laborales.

Su historia refleja una realidad más amplia. En 2025, el programa Incorpora facilitó 889 contrataciones en Baleares con la colaboración de 407 empresas. De ellas, 471 correspondieron a mujeres.

Una visita que lo cambió todo

El punto de inflexión llegó a través del sistema sanitario. En una visita a su centro de salud en Palmanova encontró algo más que atención médica. Fue allí donde empezó, poco a poco, a recuperar el impulso o, como ella describe a la perfección, "a querer salir de vuelta al mundo".

Desde atención primaria la derivaron al programa Incorpora. Recuerda aquel primer encuentro con una mezcla de nerviosismo y alivio: "En el momento que pisé ahí… cuando entré con ella me puse a llorar. Tenía tanto miedo". La acompañó y la sigue acompañando Vanessa Martínez Vázquez, técnica de intermediación de la Fundació es Garrover. "Yo no tengo más que palabras de agradecimiento", afirma. Y destaca un aspecto que considera esencial: la cercanía. "Te contienen desde el primer momento. Vamos a confiar, vamos a dejarte ayudar".

El proceso no fue inmediato ni lineal. Se construyó respetando su ritmo, sus limitaciones físicas y su situación emocional. "Ya pensaba que no iba a poder. Realmente mi cuerpo ni mi cabeza podían en ese momento", sentía en aquel momento. Por eso, cada oferta de trabajo se analizaba con cuidado.

La hostelería, sector habitual en su trayectoria, no encajaba entonces en sus necesidades. "Horarios muy extensos, la noche, era algo que se me complicaba", cuenta. También influían factores prácticos como el transporte o los desplazamientos. Incluso cuando surgían oportunidades, emergían miedos e inseguridades profundas: "Me daba cosa manejar caja y dinero. No es exquisitez, son los miedos de uno mismo".

Hubo intentos fallidos. Experiencias que, en otro momento, habrían supuesto un retroceso definitivo. Pero que finalmente se integraron como parte del camino: "No pasa nada. Si no es esto, hay otra cosa". López describe aquel acompañamiento casi como una búsqueda paciente: "Íbamos viendo dónde sí, dónde no".

Finalmente, gracias a la colaboración entre Incorpora y el departamento de Recursos Humanos de El Corte Inglés, fue seleccionada en una acción de reclutamiento dirigida a participantes del programa. Inició su contrato en mayo de 2025, vigente en la actualidad. Hoy habla desde un lugar muy distinto: "Ahora me siento increíble. Me siento capaz". No solo por tener empleo, sino por lo que ese empleo representa en su vida. "Me dio seguridad a mí".

Ahora trabaja en un entorno que conecta con su experiencia previa y sus habilidades: "Aunque el trabajo sea poner un vestido en un maniquí, al sentirte que lo haces bien, que te gusta, que te lo reconozcan… te deja muy bien".

A sus 56 años reivindica el valor de la experiencia frente a los prejuicios asociados a la edad, y asegura que "no importa la edad, sino las ganas y la actitud". Lanza una reflexión clara: "A la gente grande se la descarta, pero la vida la puedes aplicar en el trabajo diario".

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