Cómo se contagian los retrasos aéreos en todo el mundo: un estudio del IFISC revela conexiones ocultas entre continentes
"Incluso pequeños retrasos en una parte del mundo pueden tener efectos mensurables a miles de kilómetros", indica el autor principal de la investigación

Un avión en plena maniobra de aproximación al aeropuerto de Palma. / Miguel Vicens
El Instituto de Física Interdisciplinaria y Sistemas Complejos (IFISC, CSIC-UIB) ha detectado que los retrasos aéreos globales se propagan entre continentes siguiendo patrones identificables a gran escala y revelan conexiones ocultas en las redes de aviación.
Un estudio del IFISC que ha publicado Transportation Research Part E, aporta la primera evidencia empírica de que los retrasos de los vuelos se propagan sistemáticamente entre regiones del mundo y que siguen patrones identificables a gran escala, ha informado la UIB en un comunicado.
La investigación, que aplica métodos de la ciencia de sistemas complejos, demuestra que los retrasos pueden propagarse entre continentes y conectar regiones lejanas del sistema global de transporte aéreo mediante cadenas de influencia sutiles pero medibles que emergen de la dinámica de la red.
Cómo se propagan los retrasos
El estudio se ha centrado en si los retrasos se propagan entre continentes y cómo lo hacen, algo complejo puesto que los vuelos intercontinentales son relativamente escasos en comparación con los domésticos, y su impacto a menudo queda oculto por el gran volumen de tráfico local.
Para superar este reto, los investigadores desarrollaron dos marcos analíticos complementarios que operan en diferentes escalas de agregación, capaces de detectar señales débiles pero sistemáticas de largo alcance en los datos de retrasos.
Utilizando registros globales de vuelos entre 2015 y 2018, el estudio proporciona la primera evidencia empírica de que los retrasos se propagan a escala intercontinental.
Una red global que transmite retrasos
Los resultados revelan una red global de transmisión de retrasos, moldeada por factores como la distancia geográfica, el volumen de tráfico entre regiones y las variaciones estacionales. Por ejemplo, la propagación tiende a ser más intensa entre regiones fuertemente conectadas por vuelos, y su intensidad varía con la demanda de viajes.
El autor principal del estudio e investigador del IFISC (UIB-CSIC), Massimiliano Zanin, explica que los resultados "muestran que el sistema global de transporte aéreo está más interconectado de lo que se pensaba, no sólo en términos de rutas y pasajeros, sino también en cómo se propagan las disrupciones".
"Incluso pequeños retrasos en una parte del mundo pueden tener efectos mensurables a miles de kilómetros", indica.
Qué aeropuertos amplifican los retrasos
Más allá de cartografiar patrones globales, los investigadores desarrollaron también un método para identificar qué aeropuertos actúan como puertas clave en la propagación de retrasos de largo alcance.
En lugar de señalar simplemente los hubs más transitados, el análisis destaca aquellos aeropuertos cuya hipotética eliminación reduciría significativamente la señal detectada de propagación. Esto indica que la importancia de un aeropuerto no depende sólo del volumen de tráfico, sino de su papel dinámico en la red.
"Este enfoque nos permite identificar los aeropuertos que son más relevantes para la dinámica global de los retrasos", explica Josu Blanco, autor del estudio. Añade que el estudio "ofrece una herramienta basada en datos para localizar nodos críticos donde medidas operativas específicas podrían tener un impacto desproporcionado en la reducción de retrasos en cascada".
Impacto asimétrico y utilidad del estudio
El estudio también revela que la propagación de los retrasos es a menudo asimétrica y puede extenderse con mayor fuerza en una dirección entre dos regiones que en la dirección opuesta, reflejando diferencias en estructura del tráfico, prácticas de programación y conectividad regional.
Al demostrar que la propagación de los retrasos opera entre continentes, esta investigación abre nuevas perspectivas para la gestión del tráfico aéreo y las políticas públicas. Puede ayudar a aerolíneas y reguladores a reforzar la resiliencia del sistema global, reducir costes operativos y mejorar la fiabilidad para los pasajeros.
Los autores señalan que trabajos futuros podrían ampliar este marco para estudiar eventos de disrupción extrema o para analizar cómo cambios en la estructura de la red, como nuevas rutas de largo recorrido, pueden alterar la dinámica global de los retrasos.
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