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Un niño de Mallorca supera una alergia muy grave a las nueces: "Ahora puede comer sin miedo"

Ha seguido un tratamiento en una clínica privada de Madrid que consiste en administrar al paciente cantidades progresivas del alimento hasta que lo tolera

En la isla ya hay algunas opciones similares de servicios similares, como el de la Creu Roja, que se ofrece desde hace unos meses

Los médicos alergólogos Javier Boné y Celia Pinto, junto a Oliver Alonso, el niño de Calvià que ha logrado superar su alergia severa a las nueces.

Los médicos alergólogos Javier Boné y Celia Pinto, junto a Oliver Alonso, el niño de Calvià que ha logrado superar su alergia severa a las nueces. / DM

Irene R. Aguado

Irene R. Aguado

Palma

Oliver Alonso, un niño mallorquín de 7 años, ha pasado de vivir con el miedo constante a una reacción grave a poder comer nueces con normalidad. Su padre, Carlos Alonso, cuenta que su hijo ha recibido el alta y ha superado la alergia severa a este fruto seco después de un tratamiento de inmunoterapia oral en una clínica privada de Madrid: "Nos ha cambiado la vida. Antes vivíamos con una alerta permanente. Ahora estamos tranquilos, sabemos que nuestro hijo estará bien aunque coma fuera".

La familia llegó a la clínica en cuestión, llamada Alpedia, a través de un reportaje publicado en 'Diario de Mallorca' que contaba precisamente otro caso similar, el de un menor que también superó una grave alergia a las nueces. "Contacté con los mismos profesionales y nos fuimos a Madrid a empezar el tratamiento para mi hijo", recuerda. En su caso, el proceso fue rápido: la terapia comenzó en octubre de 2025 y finalizó a principios de febrero, con la última visita presencial. "Hace unas dos semanas le dieron el alta. Ahora ya puede tomar nueces gracias a este tratamiento", resume el padre.

Alonso explica que el tratamiento consiste en una exposición progresiva al alimento en cantidades muy pequeñas, con controles médicos. "Mi hijo empezó con una leche que tenía un porcentaje muy bajo de nuez. Cada día tenía que tomar un poquito más, hasta que cambiamos a una leche con un porcentaje más alto, y finalmente comió por primera vez una nuez", relata. Según comenta, ahora el menor debe mantener el hábito para conservar la tolerancia: "Como mínimo una vez a la semana tiene que probar las nueces. Pero como le gustan, le estamos dando un día sí, un día no", asegura.

La alergia, cuenta Alonso, era severa y el riesgo de una reacción grave prácticamente condicionaba la vida familiar: "Nos avisaron de que tenía una carga alergénica muy alta y que podría llegar a sufrir un shock anafiláctico, era muy peligroso", añade. El niño no llegó a sufrir un episodio de ese tipo, pero tenía que salir siempre con un autoinyector de adrenalina por si acaso.

Oliver Alonso con sus dos hermanas.

Oliver Alonso con sus dos hermanas. / DM

El padre cuenta que a su hijo le detectaron el problema pronto, con unos tres años: "Probó las nueces y vimos que se le puso la cara roja, tuvo una reacción fuerte y fuimos al médico", comenta. Desde entonces, la angustia era constante: cuando el niño iba a un cumpleaños, la contaminación cruzada en los restaurantes, los viajes o la merienda en el recreo del colegio. "Los padres con niños alérgicos siempre estamos preocupados", resume Alonso: "Aunque un plato no tenga nuez, si alguien ha tocado nuez y cocina otra cosa sin lavarse las manos, puede dar alergia".

Ahora, explica la familia, la gran diferencia es la tranquilidad: "Ya puede comer fuera sin problema", celebran. En casa, además, han recuperado el hábito de comprar este fruto seco y comerlo habitualmente, algo impensable hace menos de un año.

Desensibilización alimentaria

En la página web de la clínica madrileña, que dirigen los doctores Celia Pinto y Javier Boné, que trataron a Oliver, explican que para tratar las alergias de los menores ofrecen tratamientos de desensibilización alimentaria o inmunoterapia oral (ITO), que consiste en administrar ciertas cantidades del alimento de forma progresiva hasta lograr que lo tolere. Para definir la cantidad umbral del alimento hacen primero las pruebas en la propia clínica, bajo supervisión médica.

El seguimiento posterior, explica el padre de Oliver, pasa por controles periódicos: "Una vez al año hay que hacer pruebas cutáneas para ver cómo van los índices de alergia". El padre insiste en que el objetivo no es que el menor pueda "empacharse" a nueces, sino que "tenga una vida tranquila y coma lo que quiera sin estar preocupado".

Alonso también reconoce el esfuerzo que supone entre desplazamientos, consultas y el proceso de la terapia. "Nos ha costado cerca de 2.000 euros, al ser una única sola alergia y un tratamiento relativamente corto. Ha valido la pena cada céntimo", concluye.

Casualmente, desde finales del año pasado se puso en marcha en Mallorca un servicio muy similar, también en el ámbito privado, impulsado por las alergólogas Susana Ranea y Patricia López en la Creu Roja. Cuentan con una Unidad de Desensibilización Alimentaria para alergias a alimentos como leche, huevo, frutos secos, pescado o trigo, con protocolos de dosis crecientes bajo supervisión médica. La sanidad pública de las islas también ofrece este tipo de terapias.

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