Medio ambiente
Semillas en nuevas manos: el giro silencioso de los ecosistemas insulares
Aves, mamíferos y reptiles se desplazan escondidos entre ramas, cajas o rincones y alteran, a su llegada, el ecosistema que los acoge

Anna Traveset (izquierda) y Raquel Muñoz en el IMEDEA. / Blanca Gelabert

En barco a Hawaii, a las islas Cook, a las islas Fiji, a las Ogasawara o a Balears. Algunas especies, como las ratas, han llegado por todo. Principalmente llegaron con el comercio marítimo, como en el caso de estos roedores, que llegaron a Hawai en alguno de los primeros barcos europeos. Pero la introducción de especies no es un suceso de antaño, sino que está muy vigente hoy en día: aves, mamíferos y reptiles se desplazan escondidos entre ramas, cajas o rincones y alteran, a su llegada, el ecosistema que los acoge.
Dos estudios recientes —uno de alcance global y otro centrado en las Illes Balears— ponen el foco en un proceso clave: la dispersión de semillas, esencial para la regeneración de las plantas y la estabilidad de los ecosistemas insulares. Dos de las autoras, investigadoras del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), son Anna Traveset, especialista en ecología de interacciones y dinámica de ecosistemas insulares, y Raquel Muñoz-Gallego, investigadora en ecología funcional y cuyo trabajo analiza cómo los cambios en los rasgos de las plantas, provocados por especies invasoras, modifican las redes ecológicas y las interacciones entre plantas y animales en un caso balear.

Raquel Muñoz inspeccionando un palmito / Raquel Muñoz
Un patrón global preocupante
El primer estudio, basado en el análisis de 120 islas de 22 archipiélagos tropicales y subtropicales, concluye que las especies invasoras han modificado la dispersión de semillas en más del 90% de las islas estudiadas. «La introducción de vertebrados no nativos —principalmente mamíferos— ha tenido un impacto mayor que las extinciones históricas de especies autóctonas», explica Traveset.
Mientras que el 76% de las islas han perdido fauna nativa, el 92% han incorporado vertebrados introducidos, transformando las redes ecológicas. En muchos casos, aves frugívoras voladoras han sido sustituidas por mamíferos terrestres omnívoros, menos eficaces o incluso destructivos para las semillas. El resultado es un cambio funcional que compromete la regeneración vegetal a largo plazo.

Figura ilustrativa de los protagonistas del segundo estudio, diseñada por la investigadora Raquel Muñoz. / Raquel Muñoz
Balears: un ecosistema profundamente transformado
Este patrón global se refleja de forma especialmente clara en las Illes Balears, donde la mayoría de los mamíferos actuales son especies introducidas, a excepción de los murciélagos. Cabras, conejos, ratas y gatos llegaron con los romanos y asentamientos posteriores. «En Mallorca sólo había tres mamíferos nativos: el Myotragus balearicus, un lirón y una musaraña,— explica Raquel Muñoz— que se extinguieron hace siglos».
Esto convierte a Balears en un laboratorio natural para entender cómo las especies introducidas han pasado a desempeñar funciones ecológicas clave, como la dispersión de semillas.

Imágenes tomadas durante el trabajo de campo. / Raquel Muñoz
La variedad de efectos de una especie invasora
Un ejemplo ilustrativo es el caso del olivillo (Cneorum tricoccon), que originalmente era dispersada por lagartijas autóctonas. En la actualidad, las martas, introducidas en época romana, son los principales dispersores. Este cambio ha permitido que la planta colonice zonas más elevadas, inaccesibles para los reptiles. Fenómenos similares se han documentado en Hawái, donde aves introducidas han sustituido a dispersores nativos extinguidos.
Este caso demuestra que las especies invasoras no siempre tienen efectos exclusivamente negativos, aunque generan ecosistemas distintos a los originales.
Otras invasiones, sin embargo, están teniendo consecuencias graves y rápidas. En Ibiza, es posible que en pocos años deje de verse la preciosa y característica lagartija, que está siendo devorada por la serpiente de herradura. En la Serra de Tramuntana, la polilla del boj amenaza al Buxus balearica, una especie vegetal endémica.
Un caso clave: ‘Paysandisia archon’ y la palmera autóctona
El estudio de Raquel Muñoz se centra en la polilla invasora Paysandisia archon, llegada a Mallorca a principios de los años 2000, y su impacto sobre la palmera de abanico mediterránea (Chamaerops humilis), la única palmera autóctona de Balears.
El proceso comienza cuando las larvas de la polilla perforan el tronco de la palmera y la debilitan. Esa infección no solo afecta a la estructura de la planta: también altera sus frutos. Las palmeras infestadas producen frutos más redondeados y con menor cantidad de pulpa, es decir, cambian sus características físicas y nutritivas.
Ese cambio en el fruto modifica a su vez el comportamiento de los animales que lo consumen. Las cabras —el dispersor más importante en términos cuantitativos en Balears— se sienten especialmente atraídas por los frutos de palmeras infestadas y los consumen en mayor proporción, a pesar de que su calidad nutricional es inferior. Tras ingerirlos, regurgitan o defecan las semillas, permitiendo que estas se dispersen a nuevas zonas.
Las martas también actúan como dispersoras y son muy eficientes, pero su peso total en el sistema es menor. En cambio, roedores y conejos tienden a comportarse como depredadores de semillas, reduciendo sus probabilidades de germinar.
El efecto no termina ahí. Las cabras tienden a seleccionar semillas más pequeñas, lo que podría influir con el tiempo en las características genéticas de la población de palmeras. Es decir, una polilla invasora no solo daña directamente a la planta: desencadena una cadena de efectos que reorganiza las interacciones ecológicas y puede alterar la evolución de la especie.
Como resume Muñoz: «vemos un efecto indirecto muy claro: una especie invasora altera a la planta y, a través de ella, reorganiza toda la red de interacciones».
Ecosistemas complejos y decisiones difíciles
Las investigadoras advierten de que estas interacciones —entre plantas, herbívoros, dispersores y depredadores— forman redes ecológicas extremadamente complejas, difíciles de gestionar con recursos limitados. Proyectos en marcha comparan islas del Ártico, zonas templadas y regiones tropicales para comprender mejor estos procesos.
Uno de los principales retos es la brecha entre ciencia y gestión política: con frecuencia se toman decisiones sin integrar plenamente la evidencia científica. Las expertas subrayan que la prevención, las medidas de cuarentena y la detección precoz son mucho más eficaces que el control a posteriori.
Los dos estudios lanzan una advertencia clara: el impacto de las especies invasoras no siempre se ve a simple vista. No se trata solo de qué especies desaparecen o cuáles llegan, sino de cómo se reescriben las reglas invisibles que sostienen el ecosistema.
Cuando cambia quién dispersa las semillas, qué frutos se consumen y qué plantas logran reproducirse, cambia el futuro del paisaje. En las islas —y especialmente en Balears— estas alteraciones no son temporales: pueden marcar la evolución del territorio durante siglos.
Porque cuando se transforma la red de interacciones, no solo cambia la biodiversidad. Cambia el ecosistema que heredarán las próximas generaciones.
Descifrando un gráfico
A primera vista parece un mapa abstracto lleno de puntos de colores y flechas. Pero en realidad es una radiografía de cómo han cambiado los animales que dispersan semillas en las islas del mundo.
Cada punto representa una especie frugívora -aves, mamíferos o reptiles- y su posición depende de sus características funcionales: tamaño corporal, tipo de dieta, capacidad de vuelo, porcentaje de fruta que consume o si actúa como depredador de semillas. Las flechas indican hacia dónde «empuja» cada uno de esos rasgos dentro del espacio ecológico.
Los colores cuentan la historia del cambio: amarillo, especies nativas; rojo, especies extinguidas; azul, especies introducidas.

Cambio de rasgos en la capacidad de dispersión de semillas por frugívoros insulares / Fuente: Species introductions shift seed dispersal potential more than extinctions across 120 island plant-frugivore communities.
Lo interesante no es solo quién está, sino cómo se redistribuyen. A la derecha del gráfico se concentran muchas aves voladoras, grandes dispersoras de semillas. A la izquierda aparecen mamíferos terrestres y depredadores de semillas. Cuando las aves nativas desaparecen (rojo) y son sustituidas por mamíferos introducidos (azul), el «centro de gravedad» del sistema se desplaza.
En otras palabras: no solo cambian las especies, cambia el tipo de dispersión. Las aves suelen transportar semillas más lejos y con mayor eficacia; muchos mamíferos terrestres, en cambio, las consumen de otra manera o incluso las destruyen. Ese desplazamiento funcional es lo que el estudio detecta en más del 90% de las islas analizadas.
Este gráfico no habla solo de biodiversidad. Habla de funciones. Y muestra visualmente cómo las introducciones han reconfigurado las redes ecológicas insulares, alterando la forma en que las plantas se regeneran y los ecosistemas se sostienen. B.G.
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