Tomeu Mercadal, director de Educación en Amadiba: «La libre elección de centro es un mito en la discapacidad intelectual»
(1981, Palma) El experto, que ha participado este semana en el XIX Congreso de la entidad, analiza las barreras de un sistema que, pese al aumento presupuestario, sigue dejando a las familias en manos del azar y la falta de recursos estables

Tomeu Mercadal, director del área educativa de Amadiba posa para esta entrevista. / Guillem Bosch

En el marco del XIX Congreso de Amadiba, que se celebró este jueves y viernes bajo el lema Hablemos de lo que nos preocupa a todos, el sistema educativo balear, entre otras cuestiones, se ha sometido a escrutinio. Entre las intervenciones más destacadas del programa se encontraba la de Tomeu Mercadal, director del área educativa y de inserción laboral de la entidad. Mercadal, en una entrevista a este diario, ofrece una radiografía pormenorizada de los obstáculos que enfrentan las familias. Su análisis no se limita a la teoría pedagógica, sino que desciende a la realidad diaria de un sistema que, aunque estructurado formalmente, presenta grietas que dificultan el derecho efectivo a una educación inclusiva para las personas con discapacidad intelectual.
El experto sostiene que el punto de partida para cualquier familia que recibe un diagnóstico es un escenario de incertidumbre. Explica que, si bien la comunidad autónoma dispone de una hoja de ruta técnica clara, la ejecución práctica es sumamente compleja. Afirma que «técnicamente los pasos a seguir son claros, hay un dictamen y unas modalidades de escolarización, pero la realidad es que es muy difícil y depende de las personas que la familia se vaya encontrando en este proceso de orientación». Esta ‘lotería’ institucional convierte un derecho fundamental en una carrera de obstáculos donde no todas las familias cuentan con la misma suerte.
Uno de los problemas estructurales más críticos es la falta de consolidación en los equipos de orientación. La administración sufre «una alta tasa de interinidad»- manifiesta-, lo que impide que los profesionales conozcan a fondo los recursos específicos. Mercadal advierte que «hay mucho desconocimiento de las ayudas específicas para las personas con discapacidad todavía hoy». El tiempo es un factor implacable y el director insiste en que «los niños crecen muy rápido y las etapas madurativas más tempranas, Infantil y Primaria, es donde más apoyo hay que poner porque es lo que marcará el futuro educativo de sus hijos».
En cuanto a la idoneidad de los centros escolares, Mercadal se muestra realista frente al paradigma ideal de la inclusión. Aunque la teoría dicta que cualquier colegio debe ser capaz de atender a cualquier niño, el experto reconoce que la realidad material es distinta. Las necesidades de apoyo de una persona con discapacidad intelectual no se limitan a rampas o ascensores. Mercadal detalla que existen requerimientos sensoriales y adaptaciones metodológicas —especialmente en casos de Trastorno del Espectro Autista (TEA)— que muchos centros ordinarios no pueden cubrir. Por ello, defiende que la libre elección de centro es un concepto que «está siempre en la televisión, pero en el caso de las personas con discapacidad es muy difícil. Muy, muy difícil». Las familias no eligen el proyecto educativo que más les gusta, sino aquel que simplemente dispone de una plaza.
Es en las etapas más tempranas donde los niños necesitan más apoyo, porque marcarán su futuro educativo
Respecto a la gestión de la administración educativa, Mercadal admite que existe un aumento presupuestario real, pero recalca que el dinero no es el único factor corrector. Asegura que «la administración siempre va a ir un paso por detrás; la realidad supera siempre y es más rápida que las necesidades». Un obstáculo clave es la movilidad constante de las plantillas en los centros públicos de las islas. Esta rotación destruye -dice- la continuidad de los proyectos pedagógicos, algo vital para un alumno con necesidades especiales. Mercadal apunta que «en los centros concertados las plantillas generalmente son más estables y esto favorece el aprendizaje», aunque históricamente -reconoce- «cuentan con menos recursos que la pública», una brecha que se intenta mitigar en la actualidad.
Vocación docente
Cuando el dictamen oficial choca con la realidad del aula un lunes a las nueve de la mañana, Mercadal apela a la vocación docente. Reconoce que, ante la falta de medios, es a menudo el compromiso personal lo que salva la situación. Afirma que «todos nos olvidamos un poquito del dictamen que tiene el niño y empezamos a centrarnos en que tenga el mejor aprendizaje posible y calidad de vida». No obstante, advierte que «la vocación y el amor que tenemos a nuestra profesión no lo tienen todos los docentes; no nos vamos a engañar». Para él, la inclusión no puede descansar únicamente en la buena voluntad y es necesario «seguir presionando para que, si nos hace falta un técnico educativo, la Conselleria nos ponga algunas horas o buscar alguna subvención».
Ante el notable incremento de diagnósticos de TEA, Mercadal reflexiona sobre si el sistema está forzando una «presencia» que no se traduce en inclusión real. Afirma con contundencia que estar matriculado no garantiza la integración: «Lo que necesitamos es que esté incluido y eso no es estar sentado en la silla o darle una ficha». Para perfiles con necesidades de apoyo extensas, el trabajo coordinado con centros de educación especial sigue siendo una herramienta necesaria. Para el experto, «el autismo ha ido aumentando y, bien sea porque hay más casos o porque se diagnostica más, los centros tienen cada vez más alumnado con estos perfiles y es muy, muy difícil que todos estén en un aula ordinaria».
La administración siempre va a ir un paso por detrás de las necesidades reales
Mercadal describe el papel de Amadiba como un escudo de apoyo indispensable frente a una administración que se pierde en cambios de siglas. Con un equipo de 140 profesionales en el área educativa, la entidad ofrece la «coherencia» que el sistema público no siempre garantiza. Explica que «somos esta cobertura que da coherencia a la falta de información; si una familia no encuentra la solución en la administración, toca nuestra puerta y la vamos a asesorar». Su labor se centra en el acompañamiento integral, actuando como una brújula en un entorno informativo farragoso. El director subraya que «lo más importante es que los niños estén en el sitio en el que van a ser felices, van a aprender y va a mejorar su calidad de vida».
Como propuesta de futuro, Mercadal insta a la Conselleria de Educación y Universidades a diseñar una hoja de ruta técnica que sea inmune a los vaivenes políticos. Propone juntar a especialistas para «sentar las bases de unas políticas educativas que se mantengan en el tiempo, con independencia de quién entra a gobernar». Sugiere redactar un modelo educativo que marque el camino a la inclusión para los próximos 20 años porque «antes de poner recursos hay que ver dónde, cómo y para qué». Su mensaje final para las familias es de tranquilidad: «Si encontramos una necesidad y no se cubre, desde Amadiba intentaremos buscar el recurso o crearlo. No hacemos magia, pero intentaremos buscarlo».
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