Maria Valens, directora del Parque Nacional de Cabrera: "Por primera vez en la historia utilizaremos dos drones para tareas de vigilancia"
La nueva gestora del parque nacional más grande del Mediterráneo analiza las particularidades del Plan Rector de Uso y Gestión, que está en periodo de alegaciones e introduce el cambio climático como criterio transversal
Detalla los beneficios del plan de vertido cero, la protección estricta de 60.000 hectáreas en una zona que es un corredor de cetáceos, tiburones y tortugas, el proyecto de desaladora para épocas de sequía, la reapertura del refugio o la restauración del muelle y el castillo

B. Ramon

Maria Valens, nueva responsable del Parque Nacional de Cabrera, nació en Felanitx en 1979, se licenció en Biología en la UIB , fue investigadora en el IMEDEA en el campo de la Microbiología Ambiental y trabajó posteriormente como técnica en la Albufera, Mondrágó y Cabrera.
¿Qué supone para usted dirigir el Parque Nacional de Cabrera?
Un privilegio y una gran responsabilidad, porque es un referente en la conservación terrestre y marina, también a nivel nacional. Implica velar por unos valores naturales y patrimoniales extraordinarios. Respeto el trabajo realizado hasta ahora y mi objetivo es seguir avanzando con el apoyo del equipo humano y el conocimiento científico acumulado.
¿Conoció Cabrera antes de que fuera declarada Parque Nacional en 1991?
Desde siempre he tenido un vínculo con Cabrera, primero personal y después profesional. Soy de Felanitx. Y de pequeña, cuando pasábamos el verano en Portocolom, solíamos ir a Cabrera con mis padres gracias a la barca de unos amigos. Años más tarde, como estudiante de Biología, volví a visitarla en salidas de campo. Y posteriormente, trabajé allí como técnica de Medio Ambiente. Entonces conocí Cabrera en profundidad.
Con la perspectiva de todos esos años, ¿cuáles diría que han sido las medidas más decisivas en materia de conservación?
La instalación del campo de fondeo ecológico en 1993, que fue el primero de España y permitió proteger las praderas de posidonia. También la recuperación de hábitats, tanto terrestres como marinos, que estaban muy degradados, o el control de especies invasoras. Y en cuanto a las visitas, el paso de un primer modelo más permisivo a una visita de mayor calidad.
¿Qué retos se ha marcado como directora?
El principal a corto plazo es la aprobación del Plan Rector de Uso y Gestión ( PRUG), que ahora está en exposición pública y es básico como documento de planificación para establecer las actuaciones que hay que desarrollar. Con todo el trabajo que ya se ha realizado, hay que seguir avanzando con una gestión adaptativa, lo que significa que planificamos una actuación, la monitorizamos y analizamos los resultados y efectos sobre los ecosistemas. Y después, se evalúa si seguimos el camino marcado o introducimos alguna modificación.
¿Qué mejoras introduce el ese documento de planificación?
En los últimos 20 años se han producido muchos cambios en el conocimiento científico, en el marco normativo y en la forma en que la sociedad se relaciona con los espacios naturales protegidos. A todo esto se suma la ampliación de 2019, que requería un nuevo instrumento de gestión. Pero por poner un ejemplo concreto, el cambio climático ahora ya es un criterio transversal para mantener los ecosistemas en buen estado.
¿Y qué otros objetivos se marca a corto plazo?
El vertido cero de aguas depuradas al mar, que es un proyecto en marcha. Avanzar hacia un parque cada vez más sostenible, aunque ya existen infraestructuras como un campo fotovoltaico. Seguir dando apoyo a las investigaciones, y proponer otras nuevas, porque nos dan la base para esa gestión adaptativa. Implementar un plan de bioseguridad para prevenir la entrada de especies invasoras, e impulsar proyectos de restauración activa. También se llevarán a cabo medidas de prevención de incendios, uno de los grandes riesgos por el crecimiento de la superficie boscosa.

Maria Valens, directora del Parque Nacional de Cabrera, durante la entrevista con Diario de Mallorca / B. Ramon
El vertido cero, "un bran beneficio para las aguas y las praderas de posidonia"
¿Con el programa de «vertido cero» dónde van las aguas depuradas?
Ahora funcionan dos depuradoras: una en el puerto y otra en la zona del campamento. Actualmente se vierte al mar por emisarios. El proyecto “vertido cero, que estará listo en junio, supone mejorar el sistema de depuración para que las aguas resultantes sean de mejor calidad, con un sistema de tratamiento de percolación oxigenada. Y, tras haber realizado las catas oportunas, se infiltran en el terreno. Supondrá un gran beneficio para las aguas de Cabrera y para las praderas de posidonia.
El pasado enero se hizo público el resultado de un estudio realizado por el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) y la Universitat de Barcelona (UB), con datos recopilados durante casi una década, que detectó un declive de alrededor del 40% de la biodiversidad en Cabrera. ¿Cómo se explica después de 35 años de protección?
Es necesario hacer una lectura pormenorizada de este estudio, porque hace referencia a una pérdida del 40% de la biodiversidad genética, no de la biodiversidad total marina de Cabrera, lo que habría sido terrible. Se analizaron dos puntos de muestreo concretos de comunidades bentónicas cerca de la zona de s’Illot de l’Imperial: uno a 10 metros, de comunidades fotófilas, y otro a 30 metros. En estos puntos se hicieron muestreos en los años 2014-15 y 2020-22, con técnicas de secuenciación genética. Y en 2022 se observó que, probablemente por una ola de calor que afectó a todo el Mediterráneo, hubo una reducción de esta riqueza o diversidad genética en las muestras estudiadas, no, afortunadamente, en toda la biodiversidad marina de Cabrera. Hecha la aclaración, esto demuestra algo que ya sabíamos: el cambio climático tiene un efecto global en la biodiversidad. Se deben tomar medidas de prevención valientes en zonas protegidas, con acciones para evitar presiones locales, como la regulación del fondeo y la recuperación de hábitats, que al fin y al cabo son lo que consiguen que los ecosistemas sean más resilientes ante el aumento de la temperatura.
¿Por el calentamiento del mar podemos perder especies, como sucedió con la nacra, extinguida prácticamente en todo el Mediterráneo?
Sí. Es un ejemplo. El riesgo existe. Si el calentamiento se combina con la entrada de un patógeno emergente, nos puede llevar a colapsos súbitos de especies, porque las olas de calor repetidas provocan que especies vulnerables sufran estrés y no sean capaces de reaccionar.
Tras años de espera, ¿ha llegado ya el momento de restaurar el castillo de Cabrera?
Es un elemento patrimonial de primer orden y las obras de restauración son muy necesarias para mantenerlo en buen estado. Gracias a los fondos del ITS hemos ejecutado ya algunas acciones, como la mejora del acceso, medidas para aumentar la seguridad de las visitas y la nueva señalización. Se ha montado una exposición en la sala de tropas para dar a conocer su historia y que la visita tenga más valor cultural. Ya tenemos un proyecto de ejecución, porque el monumento se ha ido degradando con el paso del tiempo, pero las obras de restauración propiamente dichas no empezarán hasta 2027.
Se ha anunciado que en la parte ampliada del Parque Nacional en 2019 se creará una zona de 60.000 hectáreas de protección estricta, con la pesca vedada. ¿Qué justifica esta protección?
En 2019 se amplió el parque nacional en más de 80.000 hectáreas, pasando de unas 10.000 a unas 90.000 hectáreas. Estaba justificada para incluir una serie de hábitats de gran valor ecológico, especialmente dos: los bancos de corales profundos y el corredor de grandes pelágicos, que no estaban incluidos en la red de parques nacionales. Con esta protección se logró un gran hito. Ahora, con el nuevo PRUG, se propone una zonificación que, sin reducir ningún nivel de protección de otras zonas, aumenta la protección estricta en el escarpe de Emile Baudot, una zona de transición entre la plataforma continental y fondos profundos de hasta 2.000 metros. Es un corredor de paso, alimentación y reproducción de grandes cetáceos, tiburones y tortugas que sufren presiones como la pesca. Por tanto, proteger esta zona resulta fundamental.
¿Que supondrá esta protección estricta?
Está justificada por el conocimiento científico que aportará y por el objetivo claro de conservación de ecosistemas. La protección estricta prohíbe todas las actividades extractivas en 60.000 hectáreas, casi el 60% de las aguas protegidas de Cabrera, incluida la pesca. Pero en esta zona nuestra flota de pescadores profesionales autorizados, que faenan con artes tradicionales, no trabajaba.
¿Hay capacidad, presupuesto y medios para vigilar una zona tan extensa?
Es un reto muy importante. En total tenemos 89.800 hectáreas de zona marina. Hay que combinar recursos: no basta con una sola herramienta. Contamos con personal especializado del parque dedicado a esta tarea, combinado con agentes colaboradores como la Guardia Civil, Salvamento Marítimo y el Servicio de Control de Actividades Pesqueras, además de equipos científicos que trabajan de forma coordinada con nosotros. También disponemos de nuevas tecnologías y sistemas de monitorización para detectar cambios en esta superficie. Un proyecto financiado con fondos europeos permitirá ahora adquirir drones y cámaras térmicas para vigilar toda esta área extensa y de difícil acceso, a la que, en una segunda fase, se añadirán radares para aumentar el control de la zona. Además, está previsto renovar las embarcaciones de vigilancia y mantener el sistema de comunicaciones terrestre y marítimo, con nuevas antenas y dotación.
¿Será la primera vez que se utilizan drones para la vigilancia en Cabrera?
El vuelo de drones en Cabrera está prohibido, salvo autorizaciones puntuales y excepcionales. Para tareas de vigilancia no se habían utilizado nunca, aunque sí para trabajos de gestión puntuales. Está previsto que entren en funcionamiento antes del verano y serán dos drones, además de dos cámaras térmicas fijas —cuya ubicación nos reservamos— que ayudarán a detectar cualquier elemento extraño en la zona de vigilancia. Será un refuerzo para la vigilancia de toda la parte marina del parque.

Maria Valens dirige el Parque Nacional de Cabrera desde el pasado mes de noviembre / B. Ramon
El refugio de Cabrera abrirá en verano tras dos años de cierre: "Añade valor a las visitas"
¿Ha terminado la restauración del muelle del puerto y del edificio de la antigua panadería?
Las obras de la antigua panadería siguen en ejecución. Esas dependencias, una vez terminadas los trabajos, se convertirán en la oficina de información. El proyecto está financiado con fondos europeos y se prevé que en junio esté acabado y operativo, lo que aumentará la calidad de las visitas. En cuanto a la renovación del muelle, es un proyecto muy necesario por motivos de seguridad y porque allí desembarcan todos los visitantes, y el pavimento estaba muy degradado. El proyecto se ha retrasado un poco por el mal tiempo de las últimas semanas. Las obras empezarán este mes y en junio estará terminado.
¿Cuántos visitantes recibió Cabrera en 2025?
Unos 65.000 en total, contando los que llegan en golondrina, los que pernoctan en embarcaciones en el campo de boyas ecológico y los que piden permisos de buceo. Normalmente, en los últimos años se mueven en esa horquilla entre los 65.000 y los 70.000 visitantes.
¿Es una cifra asumible con las labores de conservación de Cabrera?
Es una cifra apropiada, según los estudios de capacidad de carga.
¿El refugio volverá a funcionar tras dos años de cierre?
Sí. Es un recurso que añade valor a las visitas, ya que permite disfrutar de los valores del parque de una manera más pausada. Los dos últimos años ha tenido que estar cerrado por obras de mejora de las infraestructuras y por temas de seguridad y calidad. Trabajamos para abrirlo este verano, si es posible, con 12 plazas en total, distribuidas en cuatro habitaciones: dos dobles y dos cuádruples.
¿Se llegará a construir una desaladora en Cabrera?
Está previsto en el nuevo PRUG que se pueda ejecutar. El recurso se ha analizado con la dirección general de Recursos Hídricos y se plantea como una ayuda para el suministro de agua solo en épocas de sequía y para regenerar el acuífero. Por tanto, sería una aportación extra para cuidar los recursos hídricos de Cabrera. Es una minidesaladora que funcionaría con el campo fotovoltaico y en ningún caso provocaría vertidos.
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