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Un viceministro de Guatemala en Mallorca: "La mayor crisis de la educación es el empobrecimiento del pensamiento crítico"

El viceministro guatemalteco de Educación Extraescolar y Alternativa, Carlos Aldana Mendoza, ha recalado estos días en Mallorca de la mano del sindicato STEI

Con más de cuatro décadas de trayectoria docente y una estrecha relación de cooperación con Baleares desde 1996, analiza los retos educativos y sociales de Guatemala y América Latina

El viceministro de Educación Extraescolar y Alternativa de Guatemala, Carlos Aldana, posa para esta entrevista.

El viceministro de Educación Extraescolar y Alternativa de Guatemala, Carlos Aldana, posa para esta entrevista. / Guillem Bosch

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Irene R. Aguado

Irene R. Aguado

Palma

¿Qué le trae estos días a Mallorca de la mano del STEI?

Soy viceministro de Educación Extraescolar y Alternativa en Guatemala y llevo 41 años como profesor. Con el STEI tenemos una relación histórica de cooperación y solidaridad: han apoyado esfuerzos de derechos humanos y educación, especialmente con poblaciones indígenas y campesinas. Este viaje es personal, pero siempre incluimos Mallorca por esos vínculos, para mantener la relación y seguir conectados.

¿En qué ha consistido el encuentro que han mantenido estos días?

Ha sido un diálogo con personas del STEI para hablar de cooperación, de la relación entre España y América Latina y de los esfuerzos en derechos humanos. La cooperación es de doble vía, no es solo el que da y el que recibe. También hay un intercambio cultural y una comprensión del mundo más amplia. Eso rompe fronteras y construye relaciones entre pueblos.

¿Qué diagnóstico hace del sistema educativo en Baleares y en España?

No me atrevería a opinar en profundidad, pero sí diría que compartimos desafíos. Uno es la destrucción del pensamiento crítico, ligada a la pérdida de lectura y a la dependencia de pantallas. No lo digo como crítica, sino como reto, cómo recuperamos la lectura, la capacidad de pensar, de construir aprendizaje profundo.

¿Eso lo observa también en Guatemala?

Sí. La videodependencia se globalizó y la pandemia exacerbó el uso de dispositivos. Se instaló un discurso de que la educación debía ser básicamente digital. Eso ha generado una crisis de aprendizaje y también una crisis en las relaciones educativas, porque se empobrecen las relaciones entre docentes y estudiantes y se debilita la construcción de ciudadanía y solidaridad.

El viceministro guatemalteco de Educación Extraescolar y Alternativa, Carlos Aldana, en este diario.

El viceministro guatemalteco de Educación Extraescolar y Alternativa, Carlos Aldana, en este diario. / Guillem Bosch

Usted conoce sistemas educativos muy distintos. ¿Qué diferencias ve entre Mallorca y Guatemala?

Aquí hay condiciones de infraestructura y recursos más sólidas. En Guatemala seguimos teniendo problemas de cobertura y acceso, no hay una Primaria universalizada. Y hay una presencia más fuerte de la educación privada, sobre todo en secundaria y bachillerato. En Guatemala el bachillerato está atendido en un 75% por el sector privado, y el Estado tiene que intervenir con fuerza.

¿Qué otros problemas marcan la educación guatemalteca?

La desigualdad. Una cosa es la educación urbana y otra la rural. Un niño en una aldea a 100 o 200 kilómetros de la capital no recibe lo mismo que uno en un área urbana. Eso es desigualdad educativa. Y se agrava con la pobreza, porque muchas familias abandonan la escuela.

Usted lleva el área de educación extraescolar. ¿Qué implica?

Que trabajamos con quienes están fuera del sistema educativo, es decir, personas que se quedaron fuera del derecho a la educación. Vemos la exclusión de forma directa. En Guatemala el analfabetismo ronda el 15%; de cada 100 personas, 15 no saben leer ni escribir. Hay muchas personas analfabetas y un gran retroceso en lectura tras la pandemia.

¿Cómo afecta la desigualdad a las niñas y mujeres?

Se ha avanzado, pero el drama se ve en la educación superior y, especialmente, en carreras STEM. En ciencia, ingeniería, matemáticas y tecnología, solo tres de cada diez estudiantes son mujeres. Y son esas carreras las que más generan ingresos. Si no se corrige, la autonomía económica de las mujeres seguirá limitada, y eso afecta directamente a sus derechos.

¿Qué puede aprender un sistema educativo europeo de la educación latinoamericana?

Dos cosas claras. Una, la educación solidaria: la escuela sale a la comunidad, y en algunas universidades hay prácticas obligatorias de carácter social. Y dos, el trabajo con la diversidad lingüística. En Guatemala existe un viceministerio específico para educación bilingüe intercultural, para impulsar idiomas mayas y la interculturalidad. También el esfuerzo por la memoria histórica, incorporar al currículo la comprensión de un conflicto armado interno que dejó 200.000 víctimas.

¿Y qué puede aprender Guatemala de Europa o de Baleares?

La lucha por los derechos de las mujeres, sin duda. Y también la valoración de la formación docente. Aquí hay mucha producción pedagógica, mucha oferta teórica sobre currículo, educación para la ciudadanía, planificación. Eso es muy valioso.

En Baleares la educación sufre problemas como las ratios elevadas, falta de docentes y presión demográfica. ¿Cómo lo afrontan en Guatemala?

Lo sufrimos, y en cantidades enormes. Hemos hecho convocatorias para contratar maestros, pero es insuficiente. Además, en 2012 se interrumpió la formación de maestros, se cerraron escuelas de formación, se cambió el modelo y no funcionó. Ahora se ha aprobado una ley y tenemos el compromiso de dejar diseñado un sistema de formación inicial docente. También queremos abrir alrededor de 500 centros de secundaria para ampliar la cobertura, que es donde más fallamos.

¿Cómo valora la situación política y social que atraviesa América Latina?

No estamos viviendo los mejores tiempos. Han caído gobiernos de esperanza o se están intentando derribar. Y todo lo que ocurre en Estados Unidos repercute. La cooperación ha disminuido, se recortaron recursos por otras prioridades globales y eso es una crisis seria. Pero América Latina es resiliente. Hay pobreza, desigualdad y represión, sí, pero también hay luchas indígenas, feministas, juveniles y anticorrupción. En América Latina lo que menos se pierde es la esperanza. Saldremos adelante.

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